27/07/2024

David Hume: las impresiones preceden a las ideas

 

La obra y el pensamiento del escocés David Hume (1711-1776) continuan el camino marcado por Locke y Berkeley y exponen la versión más radical del método empirista.

Hume vino al mundo en una familia puritana e inició para seguir la tradición paterna la carrera de leyes, que abandonó, pues como reconoce en su Autobiografía

yo sentía una insuperable aversión hacia todo lo que no fueran investigaciones de filosofía y de instrucción general.1

Tuvo un intensa vida amorosa, se le reconoce un buen sentido del humor en alguna de sus obras y de sus cartas e incluso declaró su afición -moderada- al vino. Estuvo en La Flèche, como anteriormente Descartes, y muy tempranamente, con solo 28 años, publicó anónimamente su Tratado de la naturaleza humana, con tan poco éxito que en su Autobiografía declara que

jamás intento literario alguno fue más despreciado

y que

ya salió muerto de las prensas2.

La mala acogida de la obra (probablemente, menor de lo que Hume confiesa) se debió en gran medida a su gran extensión (casi 900 páginas en la edición que citamos) y a que muy probablemente no fue entendida por lo novedoso de sus planteamientos, por lo que un año después Hume publicó un Resumen en el que ilustra y explica ampliamente el argumento de su anterior libro. Más adelante publicó con mejor acogida la primera parte de sus Ensayos, y obras sobre política, moral y religión, aunque su obra más celebrada, hasta el punto de que durante mucho tiempo se tomara a Hume por historiador, es la Historia de Inglaterra en cuatro volúmenes.

En la introducción de su Tratado, Hume se lamenta del descrédito a que ha arrastrado a la filosofía el poco fundamento de los sistemas de los filósofos más eminentes, que parten de principios asumidos confiadamente, que contienen consecuencias defectuosamente deducidas de esos principios y en los que falta coherencia en las partes y de evidencia en el todo3. Para Hume, todas las ciencias dependen de la ciencia del hombre, pues están bajo la comprensión de los hombres y son juzgadas según las capacidades y facultades de estos, por lo que se avanzaría sin límites en ellas

si conociéramos por entero la extensión y las fuerzas del entendimiento humano y si pudiéramos explicar la naturaleza de las ideas que empleamos, así como la de las operaciones que realizamos al argumentar4.

Puesto que la ciencia del hombre es la única fundamentación sólida de todas las demás

la única fundamentación sólida que podemos dar a esta misma ciencia deberá estar en la experiencia y en la observación5.

Para ello, Hume investiga cuál es el origen de nuestras ideas, y comienza señalando que las percepciones de la mente humana se reducen a dos clases distintas, que son las impresiones y las ideas.

La diferencia entre ellos consiste en los grados de fuerza y vivacidad con que se presentan a nuestra mente y se abren camino en nuestro pensamiento y conciencia. A las percepciones que penetran con más fuerza y violencia las llamamos impresiones, y comprendemos bajo este nombre todas nuestras sensaciones, pasiones y emociones tal como hacen su primera aparición en el alma. Por ideas entiendo las imágenes débiles de éstas en el pensamiento y razonamiento, como,por ejemplo, lo son todas las percepciones despertadas por el presente discurso, exceptuando solamente las que surgen de la vista y tacto, y exceptuando el placer o dolor inmediato que pueden ocasionar.6

Propone también otra clasificación de las percepciones que las divide en simples y complejas. Las percepciones simples, tanto impresiones como ideas, son las que no admiten distinción ni separación, mientras que las percepciones complejas son las que pueden dividirse en partes. Hume lo ejemplifica diciendo que

Aunque un color, sabor y olor particular son cualidades unidas todas en una manzana, es fácil percibir que no son lo mismo, sino que son al menos distinguibles las unas de las otras.7

Hume detecta por experiencia que las impresiones simples preceden siempre a sus correspondientes ideas, porque una sensación no se puede definir conceptualmente sino hay que mostrarla:

Para dar a un niño la idea de rojo o naranja o de dulce o amargo, presento los objetos, o, en otras palabras, le produzco estas impresiones, pero no procedo de forma tan absurda que intente producir las impresiones excitando las ideas.8

Además, no se puede generar una impresion solamente pensando en ella, es decir, concibiendo una idea previa:

Nuestras ideas, en su aparición, no producen sus impresiones correspondientes y no podemos percibir un color o sentir una sensación tan sólo por pensar en ella.9

Y por último, la persona a la que le falta un sentido no tiene, no puede tener ideas procedentes de sensaciones de ese sentido:

siempre que por un accidente las facultades que producen algunas impresiones se hallan obstaculizadas en sus operaciones, como cuando una persona es ciega o sorda de nacimiento, no sólo se pierden las impresiones, sino también las ideas correspondientes, de modo que no aparece jamás en la mente el más pequeño rastro de unas y otras. No sólo esto es cierto cuando los órganos de la sensación se hallan totalmente destruidos, sino también cuando no han sido jamás puestos en acción para producir una impresión particular. No podemos formarnos una idea precisa del sabor de un plátano sin haberlo probado realmente.10

En consecuencia, Hume postula que

todas nuestras ideas simples, en su primera aparición, se derivan de impresiones simples a las que corresponden y representan exactamente.11

Es decir, para tener una idea hay que haber tenido antes la sensación, que es la tesis empirista por excelencia.

Hume analiza a continuación las impresiones, y encuentra que son de dos clases: de sensación y de reflexión:

El primer género surge en el alma, originariamente por causas desconocidas. El segundo se deriva, en gran medida, de nuestras ideas y en el siguiente orden. Una impresión nos excita a través de los sentidos y nos hace percibir calor o frío, sed o hambre, placer o dolor de uno u otro género. De esta impresión existe una copia tomada por la mente y que permanece después que la impresión cesa, y a esto lo llamamos una idea. La idea de placer o dolor produce, cuando vuelve a presentarse en el alma, las nuevas impresiones de deseo y aversión, esperanza y temor que pueden ser llamadas propiamente impresiones de reflexión porque derivan de ella. Éstas son a su vez copiadas por la memoria e imaginación y se convierten en ideas que quizás a su vez dan lugar a otras impresiones e ideas; de modo que las impresiones de reflexión no son sólo antecedentes a sus ideas correspondientes sino también posteriores a las de sensación y derivadas de ella.12

Cuando la mente ha recibido una impresión esta vuelve a ella bajo la forma de idea, y lo hace de dos formas: si lo hace con una intensidad o vivacidad parecida a su primera aparición, es algo intermedio entre la impresión y la idea, y la facultad por la que repetimos así nuestras impresiones la denominamos memoria; y si pierde completamente su vivacidad original, se convierte en una idea, y la repetimos mediante la facultad de la imaginación13. Un aspecto que diferencia una y otra es que

aunque ni las ideas de la memoria ni las de la imaginación, ni las ideas vivaces ni las débiles pueden hacer su aparición en la mente a no ser que sus impresiones correspondientes hayan tenido lugar antes para prepararles el camino, la imaginación no se halla obligada a seguir el mismo orden y forma de las impresiones originales, mientras que la memoria se halla en cierto modo limitada en este respecto y no posee el poder de variarlas.14

De lo que resulta la libertad de la imaginación para trastocar y alterar el orden de sus ideas, como podemos comprobar en poemas y narraciones.

Nuestro conocimiento versa sobre relaciones entre cosas ideales o reales. Los objetos del conocimiento son relaciones entre ideas, como acontece en la aritmética, o relaciones entre cosas, como cuando afirmamos que el sol saldrá mañana. Es lo que Hume denomina conexión o asociación de ideas, que es la operación que hace la imaginación de separar las ideas simples y unirlas de nuevo como le plazca, para formar ideas complejas. La asociación de ideas surge por la existencia de una serie de cualidades que permiten identificar las ideas simples que son más aptas para unirse en una idea compleja y que llevan a la mente de una idea a otra. Estas cualidades son semejanza, contigüidad en tiempo o lugar y causa y efecto15. Y las relaciones, entendidas como comparación entre objetos, se basan en siete cualidades que hacen que los objetos admitan comparación, que son: la semejanza, la identidad, la relaciones de espacio y tiempo, la cantidad o número, los grados de la cualidad, la contrariedad y la relación de causa y efecto16.

Estas cualidades, o especies, pueden dividirse en dos clases: las que dependen enteramente de las ideas que comparamos entre sí (relaciones variables) y las que pueden ser concebidas sin cambio alguno en las ideas (relaciones invariables).

Por la idea de un triángulo descubrimos la relación de igualdad que sus tres ángulos tienen con dos rectos, y esta relación es invariable, mientras que nuestra idea permanece la misma. Por el contrario, las relaciones de contigüidad y distancia entre dos objetos pueden cambiarse meramente por una alteración de su lugar sin cambio alguno de los objetos mismos o de sus ideas, y el lugar depende de muchos accidentes diferentes que no pueden ser previstos por el espíritu.17

Pasa lo mismo con la identidad y la causalidad, que son nociones que conocemos por la experiencia y no por un conocimiento abstracto o por reflexión. Cualquier fenómeno que derive de las cualidades de los objetos en que se nos manifiestan solo puede ser conocido por nuestra memoria y experiencia18. Por lo tanto, solo hay cuatro relaciones que dependen exclusivamente de las ideas y que por ello pueden ser objetos de conocimiento y de certeza: semejanza, contrariedad, grados de cualidad y proporciones en cantidad y número19. Las tres primeras son apreciables a simple vista, y también la cuarta salvo cuando se requiere un estudio particular para determinarla. Hume considera que las relaciones variables no pueden ser conocidas por un razonamiento demostrativo sino solo por la observación y la experiencia. No se puede obtener el mismo grado de certeza en las relaciones entre ideas, que admiten demostración, que en las relaciones entre hechos, que son inferencias empíricas, considerando que una proposición es cierta cuando es lógicamente necesaria y la proposición opuesta es contradictoria. Negar la proposición de hecho el sol saldrá mañana no implica contradicción lógica, pero nos muestra que no tenemos la misma seguridad de su certeza que en una proposición matemática como 2 + 2 = 4.

Haría el ridículo quien dijese que es sólo probable que el Sol salga mañana o que todos los hombres deben morir, aunque es claro que no tenemos más seguridad de estos hechos que la que la experiencia nos proporciona.20

Queda dicho que la relación causa efecto, la causalidad, es una relación variable, por lo que constituye una cuestión de hecho, de manera que solo la conocemos por la experiencia, nunca mediante una demostración. En realidad, nos dice Hume, las relaciones que conocemos por experiencia son solo probables, porque la experiencia solo puede mostrar que de forma constante ciertos acontecimientos están relacionados, pero no puede demostrar su conexión. Pero el hábito o la costumbre de ver juntos dos fenómenos es lo que nos lleva a creer que uno es causa del otro y que existe una conexión necesaria entre ellos

Una persona que se detiene en su camino por encontrar un río que lo atraviesa prevé las consecuencias de su avance, y el conocimiento de las consecuencias le es sugerido por la experiencia pasada, que le informa de ciertos enlaces de causas y efectos. ¿Podemos, sin embargo, pensar que en esta ocasión reflexiona sobre alguna experiencia pasada y recuerda casos que ha visto u oído, para descubrir los efectos del agua sobre los cuerpos animales? Seguramente que no; no es éste el modo como procede en su razonamiento. La idea de hundirse va tan íntimamente unida con la del agua y la idea de ahogarse tan inmediatamente unida con la de hundirse, que el espíritu realiza la transición sin el auxilio de la memoria.21

Pensamos, pues, que los casos de los que no hemos tenido experiencia deben ser necesariamente semejantes a aquellos en que sí que hemos tenido experiencia22.

Hume hizo despertar a Kant de su sueño dogmático, es decir, le hizo ver el valor de la experiencia como fuente de conocimiento frente a sus posiciones iniciales de estricto racionalismo. Veremos a dónde le lleva.


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1 David Hume: Autobiografía, pág. 50. En Tratado de la naturaleza humana, vol. I. Ediciones Orbis, SA. 1984.

2 id., pág. 53.

3 Tratado..., op. cit., pág. 77.

4 id., pág. 79.

5 id., pág. 81.

6 id., pág. 87.

7 id., pág. 88.

8 id., pág. 91

9 id.

10 id., pág. 92.

11 id., pág. 91.

12 id., pág. 95.

13 id., pág. 96.

14 id., pág. 97.

15 id., pág. 99.

16 id., págs. 103-104

17 id., pág. 171.

18 id., pág. 172.

19 id.

20 Tratado..., op. cit., vol. II, pág. 124.

21 Tratado..., op. cit., vol. I, pág. 216.

22 id., pág. 217.


29/06/2024

George Berkeley: esse est percipi, existir es ser percibido


El más relevante de los irlandeses que han destacado por sus aportaciones al mundo de la filosofía, si es que alguna vez hubo otro, sin duda es George Berkeley (1685-1753) por su particular visión del método empirista y las conclusiones que extrajo de su aplicación. Su inclinación inicial fueron las matemáticas e incluso escribió una Teoría de la visión, que ha sido un texto clásico sobre psicología de la percepción. Adoptó el estado eclesiástico y fue ordenado obispo anglicano. Su actividad se desarrolló primero en Inglaterra y posteriormente en América del Norte. Elaboró un proyecto misionero en las islas Bermudas con desarrollo urbanístico, que no llego a llevarse a cabo. En su honor tiene su nombre la ciudad universitaria de Berkeley (California) por su contribución a la expansión del Imperio Británico hacia el oeste.

Su obra capital es Principios del conocimiento humano1, que escribió a los 25 años, que fue acompañada más tarde por una versión más accesible de sus teorías en sus Tres diálogos entre Hilas y Filonús2.

Su filosofía es una apologética de la religión desde una perspectiva sorprendente, en la que muestra su rechazo al materialismo con la aplicación del método empirista.

En los Principios del conocimiento humano, Berkeley establece que la dificultad que tiene el hombre para indagar sobre la naturaleza de las cosas no ha de atribuirse íntegramente a nuestras propias facultades, sino que los errores proceden más bien de no usar de aquellas como es debido3. Por ello se propone

llevar a cabo una estricta investigación sobre los primeros principios del conocimiento humano, analizarlos y examinarlos en todos sus aspectos; especialmente, en tanto que es posible que existan algunos fundamentos para sospechar que esos obstáculos y dificultades, que frenan y entorpecen la mente en su búsqueda de la verdad, no surgen de la oscuridad o complejidad (de los objetos, o de una carencia natural del entendimiento, sino más bien de los falsos principios en los que se ha permanecido y que podrían haber sido evitados4.

Berkeley se extraña de que entre los hombres haya prevalecido la opinión que que los objetos sensibles, es decir, casas, montes, ríos, tengan existencia real o natural, distinta de la de ser percibidos por el entendimiento. Porque lo que percibimos es solo nuestras propias ideas o sensaciones, y los objetos mencionados son solo las cosas que percibimos por nuestros sentidos, y considera que es contradictorio afirmar que puedan existir sin ser percibidas5. El origen de la opinión combatida por Berkeley es la doctrina de las ideas abstractas. Todo lo que vemos y sentimos son sensaciones e impresiones sobre nuestros sentidos, y no se pueden separar, ni en el pensamiento, de su percepción6.

Por tanto, así como es imposible ver o sentir ninguna cosa sin la actual sensacion de ella, de igual modo es imposible concebir en el pensamiento un ser u objeto distinto de la sensación o percepción del mismo7.

Lo que le lleva a afirmar que todos los cuerpos que exisien en el mundo no tienen ninguna subsistencia sin una mente; que su ser es ser percibidos o conocidos; que, por consiguiente, mientras no son actualmente percibidos por mí, o no existen en mi mente ni en la de algún otro espíritu creado, entonces, o bien no tienen existencia en absoluto, o bien subsisten en la mente de algún otro Espíritu eterno, pues es totalmente ininteligible e implica todo el absurdo de la abstracción atribuir a cualquier parte singular de ellos una existencia independiente de un espíritu8. De esto se sigue que

no hay otras sustancias sino las espirituales, esto es, las que son capaces de percibir9.

Berkeley considera contradictoria la noción filosófica de materia, entendiendo por tal una substancia inerte y carente de sentidos en la que subsisten realmente la extensión, figura y el movimiento, porque estas cualidades no son más que ideas que existen en una mente, no pueden existir en una sustancia que no perciba10.

Aunque fuera posible que las sustancias sólidas existieran sin la mente y fuera de ella, corresondiendo a las ideas que tenemos de los cuerpos ¿cómo podríamos conocerlas? Berkeley nos dice que tendría que ser o por medio de los sentidos, o por la razón. Por lo que se refiere a nuestros sentidos, sólo nos dan a conocer aquellas cosas que se perciben de modo inmediato por los sentidos, pero no nos informan de que existen cosas independientes de la mente, o no percibidas, semejantes a las que se perciben11.

(...) no se comprende cuál pueda ser el fundamento para admitir la existencia extramental de los cuerpos, a partir de nuestras percepciones sensitivas, sin haber ninguna conexió necesaria entre ellas y nuestras ideas (...)12

Pero Berkeley no pretende negar la existencia de las cosas que podemos percibir con los sentidos o por la reflexión, porque no se puede discutir la existencia de lo que vemos con nuestros ojos y tocamos con nuestras manos. Lo que niega absolutamente es lo que los filósofos llaman materia o substancia corpórea13. En el segundo diálogo entre Hilas y Filonús, el primero afirma que la realidad de las cosas sensibles no se puede sostener sin suponer la existencia de la materia, a lo que Filonús, alter ego de Berkeley, contesta, refiriéndose a un guante que lleva puesto, que

¿no es para mí una prueba suficiente de la existencia de este guante el hecho de que yo lo veo, lo palpo y lo llevo puesto?14

O, como afirma en otro fragmento,

la mesa sobre la que escribo existe, es decir, la veo y la palpo; y, si estuviera fuera de mi despacho, diría que existe, queriendo dar a entender con ello que, si estuviese en el despacho, podría percibirla, o que algún otro espíritu la percibe actualmente15.

Berkeley no niega la existencia de la sustancia corpórea en sentido vulgar, como una combinación de cualidades sensibles, extensión, figura volumen, peso, etc.

Pero si se toma en un sentido filosófico, como soporte de accidentes o de cualidades independientes de la mente, entonces reconozco que la suprimimos, si se puede decir que se suprime lo que nunca tuvo existencia, ni siquiera en la imaginación16.

Berkeley no cuestiona el testimonio de los sentidos:

No puedo dudar de lo que veo, oigo y toco es percibido por mí, o sea, existe, como tampoco dudo de mi propia existencia. Lo que no puedo admitir ni compender es que el testimonio de los sentidos se aduzca como prueba de la existencia extramental de una cosa no percibida por ellos17.

De todo esto se colige que las ideas impresas en los sentidos existen realmente, pero no subsisten con independencia de la mente que las percibe ni son semblanzas de arquetipos que existan fuera de todo espíritu.

Toda la diferencia está en que, según nuestra doctrina, los seres no pensantes percibidos por los sentidos no tienen más existencia que el hecho de ser percibidos, y por lo que no pueden existir más que en las substancias inextensas e indivisibles llamadas espíritus, que son las que actúan, piensan y perciben, mientras los filósofos comúnmente afirman que las cualidades sensibles existen en una substancia inerte, extensa, desprovista de percepción, llamada materia y a la que atribuyen subsistencia natural, exterior a todo ser pensante, y que no consiste en ser percibida por mente alguna,(...)18

¿Y cómo existen los objetos en la mente? De nuevo, Filonús nos lo explica

cuando hablo de los objetos como existiendo en la mente o impresos en los sentidos, no quisiera que se me entendiese en el sentido literal vulgar, como cuando se dice que los cuerpos existen en un lugar o que un sello hace una impresión en la cera. Mi significado es únicamente que la mente los comprende o los percibe; y que es afectado desde fuera o por algún ser distinto de sí misma.19

En resumen, Berkeley afirma que las cosas no existen con independencia del esíritu que las percibe. El ser de las cosas consiste en ser percibidas. Es decir, esse est percipi, existir es ser percibido. Lo que no excluye que el mundo material, tal como es percibido, exista en realidad. Lo que niega es la existencia de la materia como no inteligible, en sentido estrictamente filosófico. Podemos saber que el mundo existe sólo cuando lo percibimos, pero cuando no lo hacemos nosotros directamente está siendo sostenido por la percepción continua de un Dios que todo lo ve. Quod erat demonstrandum...

La aportación de Berkeley a la historia de la filosofía es valiosa, aunque algunas de sus afirmaciones puedan rozar el absurdo, porque abrió el camino a otros empiristas, como Hume, que llevará al empirismo a sus límites lógicos. Probablemente, en la obra de Berkeley se advierte una confusión entre el acto de sentir y lo sentido, que le lleva a afirmar que lo externo solo existe a partir del sujeto que lo percibe, cuando se trata no de la misma cosa sino de cosas diferentes.


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1 George Berkeley: Principios del conocimiento humano. Tres diálogos entre Hilas y Filonús. Ediciones Orbis, SA. Barcelona 1985.

2 id.

3 id., pág. 24.

4 id.

5 id., pág. 42.

6 id., pág. 43.

7 id.

8 id.

9 id., pág. 44.

10 id., pág. 45.

11 id., pág. 48.

12 id.

13 id., pág. 55.

14 Tres diálogos..., op. cit., pág. 156.

15 Principios..., op. cit., pág. 42.

16 id., pág 56.

17 id., pág. 57.

18 id., pág. 79.

19 Tres diálogos..., op. cit., pág.177.

01/06/2024

La teoría del conocimiento de John Locke y su negación de las ideas innatas

Se considera a John Locke (1632-1704) el primero de los empiristas en sentido estricto, aunque, como se dirá, sus tesis centrales sobre teoría del conocimiento ya habían sido enunciadas anteriormente. Para los empiristas, no es posible ningún conocimiento a priori porque la experiencia es la única fuente de conocimiento. Hijo de un magistrado, Locke nació en un ambiente calvinista que se hizo más intenso con su formación en el colegio de Christ Church, de la Universidad de Oxford, donde había de recibir formación para abrazar posteriormente el estado eclesiástico. Aunque obtuvo el Master of Arts, entró en contacto con el mundo científico y decidió estudiar medicina. Intervino en asuntos políticos, lo que le llevó al exilio en lo que ahora se denomina Países Bajos, dode escribió la mayor parte de su obra.

Tuvo muchos intereses intelectuales: además de los filosóficos y políticos, se ocupó de la educación y de la química, aunque su obra se agrupa en torno a dos polos principales: la teoría del conocimiento y la organización política de la sociedad. En esta segunda temática hay que destacar los dos Tratados sobre el gobierno civil, especialmente el segundo, en que, en discusión con Hobbes que proponía una autoridad absoluta para garantizar el orden y la paz, Locke defiende la limitación del poder político para salvaguardar y garantizar los derechos de los ciudadanos.

Locke se pregunta qué podemos conocer y con qué grado de certeza. En su Ensayo sobre el entendimiento humano1 plantea la cuestión en una Epístola al lector, que es una especie de prólogo, donde explica que

Si se me permite molestarte con la historia de este Ensayo, te dir´que, encontrándonos cinco o seis amigos en mi cuarto, discutiendo sobre un tema muy alejado de este, nos hallamos en gran apuro a causa de las dificultades que surgían. Después de intentar resolverlas en vano, pensé que habíamos tomado un camino erróneo, y que antes de hacer ninguna investigación era necesario examinar nuestra capacidad y ver con qué objetos estaba nuestra mente en condiciones de tratar.2

Se propone, por lo tanto, inquirir el origen, la certeza y la extensión del conocimiento humano, así como los fundamentos y grados de la creencia, de la opinión y del asentimiento3. Cuando conozcamos nuestras propias fuerzas, dice, conoceremos mejor qué podemos emprender con esperanza de éxito4. Para ello, investiga el origen de las ideas, y para ello, propone una de sus tesis fundamentales: no existen principios especulativos innatos5.

Para demostrarlo, parte de que se suele decir lo contrario, que existen ciertos principios sobre los que está de acuerdo toda la humanidad. Pero aunque ello fuera así, ello no probaría que fueran innatos, pues quedaría la posibilidad de demostrar su adquisición de otro modo. Además, Locke niega que exista algo acerca de lo cual toda la humandad esté de acuerdo: principios como lo que es es y es imposible para la misma cosa ser o no ser no tienen un asentimiento universal, porque una gran parte de la humanidad no los conoce: por ejemplo, los niños y los idiotas6.

Se objeta a esto que las personas conocen y asienten a estos principios cuando llegan al uso de la razón.Locke contraargumenta afirmando que si tenemos necesidad de la razón para descubirlos, no son innatos, porque la razón es la facultad de deducir verdades desconocidas de principios o proposiciones que son conocidos7.

No se diga que esas proposiciones evidentes a las que se asiente en seguida, como “uno y dos son tres”, “lo verde no es rojo”, etc., se reciben como cnsecuencia de aquellas otras proposiciones, más universales, que se consideran como principios innatos; puesto que cualquiera que se tome la molestia de observar lo que ocurre en el entendimiento hallará ciertamente que estas, y lo mismo las proposiciones menos generales, las conocen y asienten a ellas gentes absolutamente ignorantes de las máximas generales (...)8.

Concluye su argumento indicando que si estos principios generales fuesen innatos, aparecerían con mayor claridad en quienes no hallamos huella de ellos: en los niños, los idiotas, los salvajes y las personas analfabetas, que son los menos corrompidos entre toda la humanidad por las costumbres y las opiniones recibidas, se mostrarían abiertamente estas nociones innatas, pero no es así9.

Locke considera que la mente es un papel en blanco, vacío de caracteres, que se llena con la experiencia. Todo nuestro conocimiento se funda en ella y de ella deriva todo:

Nuestra observación, ocupándose ya sobre objetos sensibles externos, o ya sobre las operaciones internas de nuestras mentes, percibidas y reflejadas por nosotros mismos, es la que abastece a nuestro entendimiento con todos los materiales del pensar. Estas son las fuentes del conocimiento: de ellas proceden todas las ideas que tenemos o podemos tener.10

Locke llama sensación a la impresión que deja en nuestros sentidos la percepción de las cosas. Es la fuente de la mayoría de las ideas que tenemos, provee al entendimieto y depende totalmente de nuestros sentidos. La otra fuente son las operaciones de nuestra mente en nosotros aplicada a las ideas que alcanza por los sentidos, a la que Locke llama sentido interno o reflexión11.

A mi parecer, el entendimiento no tiene ni el menor atisbo de ideas que no se reciban de una de estas dos fuentes. Los objetos externos proveen a la mente de ideas de las cualidades sensibles; es decir, de todas aquellas diferentes percepciones que esas cualidades producen en nosotros; y la mente provee al entendimiento de ideas de sus propias operaciones12.

Locke distingue entre ideas simples e ideas complejas13.

Caracteriza las ideas simples por los diferentes modos que llegan a nustra mente y las percibimos:

- algunas llegan a nuestra mente solo por un sentido, como los olores o la idea de la solidez, que percibimos por el tacto14.

- otras llegan a nuestra mente por más de un sentido, como las de espacio y extensión, figura, reposo y movimiento, que se adquieren por los ojos y el tacto15.

- hay ideas que se adquieren por la reflexión solamente: una vez que la mente ha recibido del exterior las ideas anteriores, con sus acciones adquiere otras ideas. Las acciones principales son percepción o pensar, y volición y deseo, y las iedas simples que proceden de la reflexión son el recordar, el discernir, el razonar, el juzgar, el conocimiento, la fe, etc16.

- hay ideas que se adquieren por los caminos de la sensación y de la reflexión, como el placer y su opuesto el dolor, la potencia, la existencia, la unidad17.

La recepción en la mente de las ideas simples es meramente pasiva, pues la mente no puede hacer ni tener ninguna idea que no consista totalmente en ellas. Pero la mente, con las ideas simples como material y fundamento, elabora otras mediante tres actos:

1) Combinar varias ideas simples en una compuesta: así se forman todas las ideas complejas. 2) Juntar dos ideas, ya sean simples o complejas, y colocarlas una al lado de la otra, de manera que se las vea a la vez, uanque sin unirlas; de tal modo se alcanzan todas las ideas de relaciones. 3) Separar las ideas de cuantas otras ideas las acompañen en su existencia real: es la llamada abstracción, así se forman todas las ideas generales.18

Las ideas complejas son, entonces, varias ideas simples unidas por la mente con una sola idea. Pone como ejemplo las ideas de belleza, gratitud, un hombre, el ejército y el universo, que aunque estén formadas por varias ideas simples la mente considera cada una por sí misma como una entidad compleja19.

Aunque reconoce que su número es infinito y su variedad es ilimitada, Locke reduce las ideas complejas a tres clases: modos, sustancias y relaciones20.

Los modos son ideas compuestas que no subsisten por sí mismas, sino como dependientes o como afecciones de las substancias: triángulo, gratitud, asesinato...Existen dos especies de modos:

  • los modos simples: son variaciones y combinaciones de una sola idea simple, es decir, ideas de muchas unidades distintas sumadas juntas, como una docena en el modo número, pero también existen como modos el espacio21, la duración22, el infinito, etcétera.

  • Los modos mixtos, que están compuestos de ideas simples que se unen para formar una idea compleja. Por ejemplo, la belleza, que es una composición de color y figura que causa placer en el contemplador.

Las ideas de las sustancias son combinaciones de ideas simples que representan cosas particulares y distintas subsistentes por sí mismas. A la idea de substancia se le unen diversas ideas simples para formar otra. Dice Locke que

si a la sustancia se une la idea simple de un cierto color blanquecino con determinados grados de peso, dureza, ductibilidad y fusibilidad, obtenemos la idea de plomo; y de una combinación de ideas de determinada clase o figura, con las facultades de movimiento, pensamiento, etc., unidas a la substancia, formamos la idea de hombre.23

Las ideas de relación consisten en la consideración y comparación de una idea con otra.

Para Locke, el conocimiento solo versa acerca de las ideas, porque en todos sus pensamientos y razonamientos la mente lo único que contempla y puede contemplar son las ideas, que son su único objeto inmediato.

El conocimiento, pues, me parece que no es otra cosa que la percepción de la conexión y concordancia, o no concordancia y repugnancia, de algunas de nuestras ideas. Solo consiste en esto.24

La concordancia o no concordancia se reduce para Locke a cuatro especies: identidad o diversidad; relación; coexistencia o conexión necesaria; y existencia real25.

En función de la claridad con que se muestra en el conocimiento la concordancia o no de dos ideas, Locke distingue el conocimiento intuitivo, en que la concordancia o no concordancia entre dos ideas se percibe inmediatamente, sin intervención de ninguna otra idea (lo blanco no es negro, un círculo no es un triángulo) del concimiento demostrativo, en que es obligado servirse de otras ideas, que son las pruebas, para descubrir la concordancia o no concordancia que se busca, mediante una operación que es razonar26. La verdad consiste entonces en indicar mediante palabras la concordancia o la no concordancia de ideas, según lo que es, y la falsedad es indicar mediante palabras la concordancia o la no concordancia de ideas, según lo que no es27.

La obra de Locke indaga sobre los límites del conocimiento humano y lo hace en un lenguaje sencillo para ser comprendido no solo por los expertos. Pero su planteamento sobre la inexistencia de las ideas innatas y sobre que el conocimiento tiene su origen en la experiencia se halla ya en Guillermo de Ockham y su escuela, e incluso en Santo Tomás de Aquino.

__________


1 John Locke: Ensayo sobre el entendimiento humano. Ediciones Orbis, SA. Barcelona 1985. Es una versión abreviada.

2 id., pág. 29.

3 id., pág. 35.

4 id., pág. 36.

5 id., pág. 41.

6 id., pág. 42.

7 id., pág. 43.

8 id., pág. 45

9 id., pág. 46.

10 id., pág. 55.

11 id., pág. 56.

12 id.

13 id., pág. 61.

14 id., pág. 65.

15 id., pág. 67.

16 id., pág. 69.

17 id., pág. 71.

18 id., pág. 79.

19 id.

20 id., pág. 80.

21 id., pág. 83.

22 id., pág. 87.

23 id.

24 id., pág. 135.

25 id.

26 id., pág. 137.

27 id., pág. 151.

04/05/2024

La metodología del pernsamiento de Baruch de Spinoza

 

Baruch de Spinoza, o Benito de Espinosa o Despinosa (1632-1677) nació en Ámsterdam en una familia judía de raíces españolas que había sido expulsada de Portugal y posteriormente de Francia. Aunque estudió para rabino, las lecturas de Descartes y la asistencia a tertulias heterodoxas hacen nacer en él unas inquietudes que acaban provocando su expulsión de la sinagoga. Es sobrecogedora la fórmula de su excomunión:

Excomulgamos, maldecimos y separamos a Baruch de Espinosa, con el consentimiento de Dios bendito y con el de toda esta comunidad; delante de estos libros de la Ley, que contienen trescientos trece preceptos; la excomunión que Josué lanzó sobre Jericó, la maldición que Elias profirió contra los niños y todas las maldiciones escritas en el libro de la Ley; que sea maldito de día, y maldito de noche; maldito cuando se acueste y cuando se levante; maldito cuando salga y cuando entre; que Dios no lo perdone; que su cólera y su furor se inflamen contra este hombre y traigan sobre él todas las maldiciones escritas en el libro de la Ley; que Dios borre su nombre del cielo y lo separe de todas las tribus de Israel (...)1.

Trabajó como pulidor de lentes lo que, probablemente, provocó su prematura muerte por una enfermedad pulmonar causada por inhalación de vapores del vidrio.

Spinoza se presenta como el filósofo racionalista en su versión más extrema. En su obra más conocida, la Ethica ordine geometrico demonstrata, expone su teoría siguiendo el método geométrico o más bien matemático. A tal efecto, enuncia las definiciones de los términos que va a usar, fija una serie de axiomas y desarrolla sus tesis mediante proposiciones numeradas que incluyen la correspondiente demostración y en ocasiones escolios, es decir, aclaraciones adicionales.

Spinoza se plantea cómo podemos conocer en su obra Tratado de la reforma del entendimiento. Se trata de un opúsculo de juventud, publicado de forma póstuma, que quedó inconcluso por razones desconocidas aunque se apunta que impidió su terminación que Spinoza se dedicase a otros asuntos más urgentes o que, por evolución de su pensamiento, abandonó la línea argumental que había iniciado. Pero se ha destacado que contiene una interesante teoría del conocimiento, expuesta a la manera del Discurso del método, de la que vamos a poner de relieve sus aspectos esenciales.

Spinoza da comienzo a su reflexión preguntándose por qué podría hacerle gozar eternamente de una alegría contínua y suprema2. Descarta que las riquezas, el honor y el placer puedan proporcionárselo, porque se trata de cosas que pueden perecer, porque

Por el contrario, el amor hacia una cosa eterna e infinita apacienta el alma con una alegría totalmente pura y libre de tristeza, lo cual es muy de desear y digno de ser buscado con todas nuestras fuerzas3.

Lo que le lleva a pensar que el verdadero bien del hombre consiste en alcanzar la perfección:

el hombre concibe una naturaleza humana mucho más firme que la suya y ve, además, que nada impide que él la adquiera, se siente incitado a buscar los medios que le conduzcan a esa perfección. Todo aquello que puede ser medio para llegar a ella, se llama verdadero bien; y el sumo bien es alcanzarla, de suerte que el hombre goce, con otros individuos, si es posible, de esa naturaleza.4

Por eso, Spinoza se propone como fin adquirir esa naturaleza más firme y procurar que también la adquieran muchos, y considera que forma parte de su felicidad contribuir a que muchos entiendan y deseen lo mismo que él. Para conseguirlo, es necesario entender la Naturaleza en todo lo que sea necesario para conseguir la buscada más firme naturaleza.

Para ello, es imprescindible conducir el entendimiento por el camino recto, y para ello

ante todo, hay que excogitar el modo de curar el entendimiento y, en cuanto sea sea posible al comienzo, purificarlo para que consiga entender las cosas sin error y lo mejor posible.

Como hay que vivir mientras nos dedicamos a la búsqueda del entendimiento correcto, Spinoza da por válidas tres normas de vida:

l.º) Hablar según la capacidad del vulgo y hacer todo aquello que no constituye impedimento alguno para alcanzar nuestra meta. No son pocas las ventajas que podemos sacar de ahí, si nos adaptamos, cuanto nos sea posible, a su capacidad. Añádase a ello que, de ese modo, se dispondrán benévolamente a escuchar la verdad.

2.º) Disfrutar de los placeres en la justa medida en que sea suficiente para proteger la salud.

3.º) Finalmente, buscar el dinero o cualquier otra cosa tan sólo en cuanto es suficiente para conservar la vida y la salud y para imitar las costumbres ciudadanas que no se oponen a nuestro objetivo.5

Spinoza afirma que hay cuatro modos principales de percibir6, que podemos interpretar como de de conocer:

I. Hay la percepción que tenemos de oídas o mediante algún signo de los llamados arbitrarios

Por ejemplo, nos dice Spinoza, solo de oídas,sabemos la fecha de nuestro nacimiento, quiénes han sido nuestros padres y cosas por el estilo, de las que nunca hemos dudado.

Il. Hay la percepción que tenemos por experiencia vaga, es decir, por una experiencia que no es determinada por el entendimiento, sino que se llama así porque surge casualmente; y, como no tenemos ningún otro experimento que la contradiga, se nos ofrece como algo inconmovible

Por experiencia vaga, sabemos que hemos de morir, puesto que hemos visto que otros como nosotros han muerto, aunque no todos han vivido el mismo período de tiempo ni han muerto por la misma causa. Sabemos también por experiencia vaga, nos dice Spinoza, que el aceite es apropiado para producir llamas y el agua para extinguirlas, y que el perro es un animal que ladra y que el hombre es un animal racional; esta ha sido la manera de aprender casi todas las cosas que son útiles para la vida.

III. Hay la percepción, en que la esencia de una cosa es deducida de otra cosa, pero no adecuadamente; lo cual sucede cuando por un efecto colegimos la causa o cuando concluímos (algo) de un universal, al que siempre le acompaña determinada propiedad

Por ejemplo, sabiendo que la vista tiene la propiedad de que una y la misma cosa nos parece menor, vista a gran distancia que si la contemplamos de cerca, concluimos de ahí que el sol es mayor de lo que parece.

IV. Hay, finalmente, la percepción en que una cosa es percibida por su sola esencia o por el conocimiento de su causa próxima.

Por este tipo de conocimiento sabemos que dos y tres son cinco y que, si se dan dos líneas paralelas a una tercera, también son paralelas entre sí, etc. No obstante, son pocas en extremo las cosas que he podido entender de esta forma.

Para elegir el mejor de los modos de percepción descritos disponemos de los siguientes medios:

1.º) Conocer exactamente nuestra naturaleza, que deseamos perfeccionar, y conocer también, cuanto sea necesario, la naturaleza de las cosas.

2 .º) Inferir correctamente, a partir de dicho conocimiento, las diferencias, concordancias v oposiciones entre las cosas.

3 .º) Entender exactamente qué pueden soportar y qué no.

4 .º) Comparar esto con la naturaleza y con el poder del hombre, ya que así se verá fácilmente cuál es la suma perfección a que el hombre puede llegar.7

Spinoza conviene que el cuarto modo de percepción es el que más debe ser empleado porque comprende la esencia adecuada de la cosa y sin peligro alguno de error8, y se propone mostrar el camino y el método por el que Iogremos conocer mediante esa forma de conocimiento9.

el primer camino que debe seguir la mente para comenzar correctamente consiste en efectuar la investigación conforme a leyes fijas y siguiendo la norma de cualquier idea verdadera dada. El método es

entender qué sea la idea verdadera: distinguiéndola de las demás percepciones e investigando su naturaleza para que conozcamos, a partir de ahí, nuestro poder de entender y dominemos nuestra mente, de forma que entienda todas las cosas, que hay que entender, conforme a dicha norma; ofreciendo como ayuda ciertas reglas y logrando, además, que la mente no se fatigue con cosas inútiles.10

Spinoza considera que el método no es más que el conocimiento reflexivo o la idea de la idea.

Y como no hay idea de idea, si no se da primero la idea, no se dará tampoco método sin que se dé primero la idea. Por consiguiente, buen método será aquel que muestra cómo hay que dirigir la mente conforme a la norma de la idea verdadera dada.11

Para que esto se lleve a cabo correctamente, el métódo debe ofrecer lo siguiente12:

1. distinguir la idea verdadera de todas las demás percepciones y mantener apartada de ellas a la mente;

Se trata de distinguir y separar la idea verdadera de las demás percepciones e impedir que la mente confunda las ideas falsas, ficticias y dudosas con las verdaderas. Aquellas tienen su origen en la imaginación, es decir, en ciertas sensaciones fortuitas y (por así decirlo) aisladas, que no surgen del mismo poder de la mente, sino de causas externas, según los diversos movimientos que, en sueños o despiertos, recibe el cuerpo.13

2. proporcionar las reglas para que las cosas desconocidas sean percibidas según dicha norma, y

3. fijar un orden para no fatigarnos con cosas inútiles

El objetivo del método consiste en poseer ideas claras y distintas, es decir,

tales que están formadas por la pura mente y no a partir de movimientos fortuitos del cuerpo.14

La vía correcta de la investigación consiste en formar los pensamientos a partir de una definición

dada; y resultará tanto más fácil y eficaz, cuanto mejor hayamos definido una cosa.

Para que la definición sea perfecta, deberá explicar la esencia íntima de la cosa y evitar que la sustituyamos indebidamente por ciertas propiedades.15

Spinoza establece una serie de reglas que se han de observar en la definición. Si se trata de cosas creadas

l. La definición deberá, como hemos dicho comprender su causa próxima. El círculo, por ejemplo, conforme a esta regla, deberìa ser definido diciendo que es la figura que es descrita por una línea cualquiera, uno de cuyos extremos es fijo y el otro móvil, pues esta definición incluye claramente la causa próxima.

II. El concepto o definición de la cosa debe ser tal que, considerada en sí sola y no unida a otras, se puedan concluir de ella todas sus propiedades, como se puede ver en esta definición del círculo. De ella, en efecto, se concluye claramente que todas las líneas, trazadas desde el centro a la circunferencia, son iguales.16

Para las cosas increadas establece otras reglas:

l. Que excluya toda causa, es decir, que el objeto no necesite de ningún otro ser, aparte del suyo, para su explicación.

II. Que, una vez dada la definición de esa cosa, no quepa siquiera preguntarse si existe.

III. Que, respecto a la mente, no posea sustantivos que puedan ser adjetivados, es decir, que no sea explicada por nada abstracto.

IV. Y por último (aunque no es muy necesario indicarlo), se requiere que de su definición se concluyan todas sus propiedades.17

La última reflexión de Spinoza, pues un poco más adelante la obra finaliza abruptamente, es sobre las propiedades del entendimiento:

I. Que implica la certeza, esto es, que sabe que las cosas son formalmente, tal como están objetivamente contenidas en él

II. Que percibe algunas cosas o forma ciertas ideas absolutamente, y algunas a partir de otras. Así, la idea de cantidad la forma absolutamente, sin atender a otros pensamientos; en cambio, las ideas del movimiento, no las forma sino atendiendo a la idea de cantidad.

III . Las ideas que forma absolutamente, expresan la infinitud· en cambio las determinadas, las forma a partir de ot;as. Y así, la idea de cantidad, si la percibe por su causa, determina la cantidad, como cuando percibe que del movimiento de un plano surge un cuerpo, del movimiento de la línea surge el plano y, en fin, del movimiento del punto surge la línea; sin duda que estas percepciones no sirven para entender la cantidad, sino tan sólo para determinarla. Lo cual resulta claro del hecho de que concebimos que esas ideas surgen del movimiento siendo así que el movimiento no es percibido sin que sea percibida la cantidad, y de que incluso el movimiento realizado para trazar la línea podemos prolongarlo al infinito, lo cual no podríamos hacer en absoluto, si no tuviéramos la idea de una cantidad infinita.

IV. Que forma las ideas positivas antes que las negativas

V. Que percibe las cosas, no tanto bajo la (idea de) duración, cuanto bajo cíerta especie de eternidad y en número infinito. Mejor dicho, para percibir las cosas, no atiende ni al número ni a la duración. En cambio cuando imagina las cosas, las percibe en un número fijo y con determinada duración y cantidad.

VI. Que las ideas que formamos clara y distintamente, de tal modo parecen derivarse de la sola necesidad de nuestra naturaleza, que parecen depender exclusivamente de nuestro poder; y al revés las confusas, ya que muchas veces se forman contra nuestra voluntad.

VII. Que las ideas, que forma el entendimiento a partir de otras, las puede determinar la mente de muchas formas. Y así, para determinar el plano de la elipse, finge que un lápiz, sujeto a una cuerda, gira en torno a dos centros o concibe infinitos puntos que mantienen siempre una misma relación fija respecto a una línea recta dada o concibe un cono cortado por un plano oblicuo, de tal modo que el ángulo de inclinación sea mayor que el ángulo del vértice del cono, o de infinitas otras formas.

VIII. Que las ideas son tanto más perfectas, cuanta más perfección expresan de un objeto. Puesto que no admiramos tanto al arquitecto que ideó un templo cualquiera como a aquel que ideó un templo magnífico.

Aunque inconcluso, el Tratado que comentamos es una teoría del método de pensar, en el que Spinoza contesta a Descartes y se gana la admiración de Hegel al hacerle decir que

si se comienza a filosofar, hay que ser primero spinozista.

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1 Baruch de Espinosa: Ética demostrada según el orden geométrico, introducción, pág. 17. Ediciones Orbis, SA. 1980.

2 Baruch de Spinoza: Tratado de la reforma del entendimiento, pág. 75. Alianza Editorial, SA. Madrid 1988.

3 id., pág. 78.

4 id., pág. 79.

5 id., pág. 80.

6 id., págs. 81-82.

7 id., pág. 84.

8 id., pág. 85.

9 id., pág. 86.

10 id., pág. 89.

11 id.

12 id., págs. 93-94.

13 id., pág. 111.

14 id., pág. 114.

15

id., pág. 115.

16 id., pág. 116.

17 id., pág. 117.


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