30/05/2026

Wittgenstein II. Investigaciones fiosóficas. El significado de una palabra es su uso en el lenguaje


Ludwig Wittgenstein es uno de los pocos filósofos, como Schelling o Heidegger, que han desarrollado dos teorías totalmente distintas. En el anterior post adelantábamos que su obra y la diversidad de planteamientos que recoge permiten hablar de un primer Wittgenstein, representado por el Tractatus logico-filosoficus1 (1921), y un segundo Wittgenstein, plasmado en Investigaciones filosóficas2 (escrito en 1945 pero publicado de manera póstuma).

Una vez acabado el Tractatus, Wittgenstein consideró que con esta obra se ponía fin a la filosofía y se retiró para trabajar primero de maestro rural, luego de jardinero en el monasterio de Klosterneuburg y también en el convento de los Hermanos de la Misericordia de Hütteldorf, ambos cerca de Viena, e incluso construyó para su hermana junto con el arquitecto Engelmann la Casa Stonborough en Viena. A finales de los años veinte del siglo pasado empezó a poner en duda su anterior obra y en 1929 regresó a la Universidad de Cambridge para emprender una nueva etapa profesional y dogmática.

Su obra Investigaciones supone una ruptura total con la concepción de la filosofía y del lenguaje expuesta en el Tractatus por considerarla demasiado simple, rígida y abstracta. En el prólogo de Investigaciones Wittgenstein explica cómo se produjo la génesis de su nuevo pensamiento:

Hace cuatro años tuve ocasión de volver a leer mi primer libro (el Tractatus logico-philosophicus) y de explicar sus pensamientos. Entonces me pareció de repente que debía publicar juntos esos viejos pensamientos y los nuevos, que éstos sólo podían recibir su correcta iluminación con el contraste y en el trasfondo de mi viejo modo de pensar.

Pues, desde que hace dieciséis años comencé a ocuparme de nuevo de filosofía, hube de reconocer graves errores en lo que había suscrito en ese primer libro. A advertir estos errores me ha ayudado — en un grado que apenas yo mismo puedo apreciar — la crítica que mis ideas han encontrado en Frank Ramsey — con quien las he discutido durante los dos últimos años de su vida en innumerables conversaciones. — Más aún que a esta crítica — siempre potente y certera — le debo a la que un profesor de esta Universidad, el Sr. P. Sraffa, ha practicado durante muchos años sin interrupción sobre mis pensamientos.3

Como hemos visto, en el Tractatus Wittgenstein afirma que el lenguaje representa la realidad, que las proposiciones son figuras de hechos del mundo, que las palabras refieren a objetos y que el significado de una palabra es el objeto al que corresponde. El lenguaje y el mundo se corresponden entonces de manera estructural, de modo que hablar con sentido es describir el mundo de una manera lógicamente correcta, y no puede decirse nada que no pueda representarse lógicamente, como la ética, la estética y la metafísica, sino solo mostrarse. Y, como concluíamos en el anterior post,

De lo que no se puede hablar hay que callar.4

La ruptura que supone Investigaciones se fundamenta en la tesis de que el lenguaje real no funciona principalmente como una representación lógica del mundo. Si antes se buscaba la estructura profunda del lenguaje, ahora se abandona el objetivo de construir teorías y se orienta la actividad a describir cómo se usa el lenguaje.

El lenguaje deja de ser un conjunto de nombres que se refieren a objetos simples, y las palabras ya no tienen un significado previo; una proposición adquiere su significado por los gestos, el contexto, la entonación, la intención...de modo que no resulta posible averiguar científicamente lo que significa cada palabra, porque no posee un significado de antemano. Lo que decide el significado de un término es el uso que se hace de él. El lenguaje deja de ser un sistema formal ideal, y no tiene una esencia única.

En el principio de Investigaciones, Wittgenstein expone la tesis sostenida por San Agustín en Confesiones de que

las palabras del lenguaje nombran objetos —las oraciones son combinaciones de esas denominaciones. En esta figura del lenguaje encontramos las raíces de la idea: cada palabra tiene un significado. Este significado está coordinado con la palabra. Es el objeto por el que está la palabra.5

Para San Agustín, el significado de una palabra es el objeto que designa. Considera que el aprendizaje del lenguaje se produce porque los adultos dicen una palabra y señalan una cosa, y el niño identifica la cosa con la palabra, de modo que el lenguaje se muestra como un sistema de nombres. Para Wittgenstein, que llama a ese método enseñanza ostensiva, no todo el lenguaje funciona nombrando objetos, de modo que la perspectiva de San Agustín solo se refiere a un tipo de lenguaje, no a todo el lenguaje. Lo que describe San Agustín es un sistema de comunicación, pero eso no representa la totalidad del lenguaje.

Ese concepto filosófico del significado reside en una imagen primitiva del modo y manera en que funciona el lenguaje. Pero también puede decirse que es la imagen de un lenguaje más primitivo que el nuestro.(...) Imagínate una escritura en que las letras sirviesen para designar los sonidos, pero también para designar la acentuación, y como signos de puntuación. (Una escritura puede concebirse como un lenguaje para describir pautas sonoras.) Imagínate ahora que alguien entendiese esa escritura como si cada letra correspondiera simplemente a un sonido y no tuviesen también las letras funciones enteramente diferentes. Una concepción tan simplista de la escritura se asemeja a la concepción del lenguaje de Agustín.6

En efecto, en el lenguaje no todas las palabras son nombres. Wittgenstein pone como ejemplo que al lado de los nombres hay palabras como allí y esto que no pueden ser enseñadas ostensivamente, al modo de como lo explica San Agustín, porque designan lugares y cosas, pero no un lugar o una cosa concretos, captables con la vista. Wittgenstein introduce el concepto de juegos de lenguaje (Sprachspiele) para referirse a los diferentes sentidos que puede tener una palabra en diferentes contextos, incluso al utilizarla la misma persona pero en contextos diferentes como el familiar y el profesional.

Llamaré también «juego de lenguaje» al todo formado por el lenguaje y las acciones con las que está entretejido.7

Wittgenstein observa que hay innumerables géneros diferentes de empleo de todo lo que llamamos signos, palabras y oraciones. Y esta multiplicidad no es algo fijo, dado de una vez por todas, sino que nuevos tipos de lenguaje, nuevos juegos de lenguaje nacen y otros envejecen y se olvidan8.

Continua la crítica a la tesis de San Agustín de que aprender el lenguaje consiste en dar nombres a objetos, y se pregunta por el significado de las exclamaciones.

Pensemos sólo en las exclamaciones. Con sus funciones totalmente diversas.

¡Agua! ¡ Fuera! ¡Ay! ¡Auxilio! ¡Bien! ¡No!

¿Estás aún inclinado a llamar a estas palabras «denominaciones de objetos»?9

Pone también como ejemplo la definición de los números:

La definición del número dos «Esto se llama 'dos'» —mientras se señalan dos nueces— es perfectamente exacta.— ¿Pero cómo se puede definir así el dos? Aquel a quien se da la definición no sabe qué se quiere nombrar con «dos»; ¡supondrá que nombras ese grupo de nueces!—Puede suponer eso; pero quizá no lo suponga. A la inversa, cuando quiero asignar un nombre a ese grupo de nueces, él podría también malentenderlo como un numeral. (...) Quizá se diga: el dos sólo puede definirse ostensivamente así: «Este número se llama 'dos'». Pues la palabra «número» indica aquí en qué lugar del lenguaje, de la gramática, ponemos la palabra. Pero esto significa que la palabra «número» tiene que ser explicada antes de que esa definición ostensiva pueda ser entendida.10

Que la palabra «número» sea necesaria en la definición ostensiva del dos depende de si sin esa palabra el receptor la interpreta de modo distinto a como el emisor desea. Y eso dependerá de las circunstancias bajo las que se da y de la persona receptora .Y cómo interpreta el receptor la definición se muestra en el uso que hace de la palabra explicada11.

Wittgenstein proclama que la palabra no tiene significado si nada le corresponde.—Es importante hacer constar que la palabra «significado» se usa ilícitamente cuando se designa con ella la cosa que 'corresponde' a la palabra. Esto es confundir el significado del nombre con el portador del nombre12. De lo que concluye que

el significado de una palabra es su uso en el lenguaje.

Y el significado de un nombre se explica a veces señalando a su portador.13

El significado de una palabra no es entonces una cosa que se nombra, sino la manera en que se usa dentro de una práctica humana. Con esta afirmación, Wittgenstein rechaza la concepción de que las palabras hacen referencia simple a un objeto y que haya definiciones fijas y universales. La comprensión de una palabra es saber usarla correctamente en una situación determinada.

La búsqueda de una esencia oculta detrás de las palabras y desviarlas de su uso cotidiano es un error filosófico.

Nombrar aparece como una extraña conexión de una palabra con un objeto.—Y una tal extraña conexión tiene realmente lugar cuando el filósofo, para poner de manifiesto cuál es la relación entre el nombre y lo nombrado, mira fijamente a un objeto ante sí y a la vez repite innumerables veces un nombre o también la palabra «esto». Pues los problemas filosóficos surgen cuando el lenguaje hace fiesta. Y ahí podemos figurarnos ciertamente que nombrar es algún acto mental notable, casi un bautismo de un objeto.14

Para caracterizar los lenguajes Wittgenstein utiliza la expresión parecidos de familia (Familienähnlichkeiten), porque no existe una esencia única pero existen muchos usos distintos conectados entre sí por semejanzas parciales15.

Entender un lenguaje significa dominar una técnica. seguir reglas, pero no reglas mecánicas o privadas, sino prácticas sociales aprendidas. El significado de las palabras depende de cómo se usan colectivamente. Por eso comprender una palabra no es poseer una definición mental, sino saber usarla correctamente en contextos reales.

Por tanto '«seguir la regla» es una práctica. Y creer seguir la regla no es seguir la regla. Y por tanto no se puede seguir 'privadamente' la regla, porque de lo contrario creer seguir la regla sería lo mismo que seguir la regla.16

Wittgenstein se pregunta si sería imaginable un lenguaje en el que uno pudiera anotar o expresar sus vivencias internas, como sus sentimientos, estados de ánimo... para su uso propio , en que las palabras deben referirse a lo que solo puede ser conocido por el hablante, a sus sensaciones inmediatas, privadas, por lo que otro no puede, por tanto, entender este lenguaje17. La respuesta es que un lenguaje comprensible solo por un individuo es imposible, porque no hay significado sin criterios públicos de corrección, puesto que si nadie puede distinguir entre usar bien y usar mal una palabra, entonces realmente no hay regla.

Dices, pues, que la concordancia de los hombres decide lo que es verdadero y lo que es falso?»—Verdadero y falso es lo que los hombres dicen; y los hombres concuerdan en el lenguaje. Ésta no es una concordancia de opiniones, sino de forma de vida.18

Ello es así porque en el lenguaje no hay axiomas, sino formas de vivir en las que forman una unidad irreductible el lenguaje, la acción y la cultura. Se vive en el lenguaje.


Al margen de la crítica que se pueda hacer de su teoría (como la que apuntó Chomsky de que el lenguaje tiene estructuras mentales innatas y no puede reducirse a prácticas públicas) , hay que reconocer en Wittgenstein una gran honradez filosófica al haber delineado una teoría completa y después haber creado otra con unos presupuestos totalmente distintos (en las Investigaciones se cita a sí mismo como el autor del Tractatus19 para exponer su crítica a lo que él mismo decía anteriormente), corrigiendo totalmente su postura inicial.

___________________________________ 

Ludwig Wittgenstein Tractatus logico-filosoficus. Décimoprimera reimpresión de la primera edición de 2003. Alianza Editorial. Madrid 1925.

2 Ludwig Wittgenstein Investigaciones filosóficas. Editorial Gredos. Madid 2009.

3 id., pág. 163.

4 Tractatus..., op. cit., pág. 145.

5 Investigaciones..., op. cit., pág. 165.

6 id., págs. 167 i 169.

7 id., pág. 171.

8 id., pág. 185.

9 id., págs, 187 y 189.

10 id., pág. 189.

11 id., pág. 191.

12 id., pág. 203.

13 id., pág. 205.

14 id., pág. 201.

15 id., pág. 227.

16 id., pág. 331.

17 id., pág. 347.

18 id., págs. 345 y 347.

19 id., pág. 185.

02/05/2026

Wittgenstein I. El Tractatus logico-philosophicus: El lenguaje representa la realidad.

 

Ludwig Wittgenstein (1889-1951) nació en Viena en una familia de origen judío y de confesión católica perteneciente a la burguesía industrial del acero. Tuvo tres hermanas y cuatro hermanos, de los que se suicidaron tres, y él mismo tuvo algún pensamiento suicida, afortunadamente no llevado a cabo. El hermano superviviente, Paul, fue concertista profesional de piano que durante la guerra perdió la mano derecha aunque siguió su carrera con una mano para la que compusieron músicos como Richard Strauss, Prokofiev y Ravel. De este es famoso el Concierto de piano para la mano izquierda en re mayor. Su hermana Margarethe fue modelo del cuadro de Klimt Retrato de Margaret Stonborough-Wittgenstein.

En 1903 ingresó en un centro de formación técnica (Staatsoberreal Schule) de Linz, donde coincidió, aunque en cursos diferentes, con Adolf Hitler. En 1906 inició sus estudios de ingeniería mecánica en Berlín que continuó en Manchester, fruto de los cuales registró una patente sobre un motor aeronáutico que treinta años después se desarrollaría con éxito. La lectura de las obras de Gottlob Frege y de Bertrand Russell le reorientó al estudio de la filosofía, por lo que se instaló en Cambridge para asistir a las clases de Russell. Pronto discute con sus maestros Russell, Moore y Whitehead sobre lógica y metafísica.

A la muerte de su padre heredó una enorme fortuna. Durante la primera Guerra Mundial se alistó como voluntario en el ejército austrohúngaro, recibió cuatro medallas al valor en el combate y se licenció como oficial, después de ser hecho prisionero por el ejército italiano al final de la guerra y puesto en libertad en agosto de 1919. En el frente escribió parte de sus ideas filosóficas, que le sirvieron para la redacción el Tractatus logico-filosoficus1 que escribió durante un permiso.

Después de la guerra renunció a su vida anterior, cedió toda su herencia a sus hermanos, estudió Magisterio y ejerció omo maestro rural durante siete años. Después volvió a Viena y de nuevo a Cambridge, donde se le otorgó el título de doctor por el Tractatus.

Obtuvo una beca de investigador de cinco años, que se fue renovando hasta substituir a Moore en la cátedra en 1939. En 1936 se desplazó a Noruega y se encerró en una cabaña en donde sentó las bases de su segunda gran obra, Investigaciones filosóficas, culminada en 1945, que no se publicaría en vida del autor.

Con la anexión de Austria por Alemania, Wittgenstein solicitó y obtuvo la nacionalidad británica. Durante la segunda Guerra Mundial trabajó de enfermero en un hospital de Londres, compartiendo esta actividad con la académica. En 1947 renunció a su actividad académica y se retiró a escribir. Poco después se le diagnosticó un cáncer de próstata no operable y murió en Oxford en casa de su médico de cabecera.

Solo publicó en vida el Tractatus, que representa el primer Wittgenstein. Los cuadernos azul y marrón2 son notas tomadas de las clases de Wittgenstein entre 1933 y 1935, donde se anticipan algunas ideas que desarrollará en Investigaciones filosóficas3, que es el segundo Wittgenstein. Su ultima obra es Sobre la certeza4, un manuscrito acabado dos días antes de su muerte y publicado en 1961.

El Tractatus es una obra breve en que los pensamientos del autor están expresados de forma sucinta en aforismos numerados a partir de siete aforismos principales. El propio Wittgenstein indica en el prólogo que

Cabría acaso resumir el sentido entero del libro en las palabras: lo que siquiera puede ser dicho, puede ser dicho claramente; y de lo que no se puede hablar hay que callar. El libro quiere, pues, trazar un límite al pensar o, más bien, no al pensar sino a la expresión de los pensamientos: porque para trazar un límite al pensar tendríamos que pensar ambos lados de este límite (tendríamos, en suma, que poder pensar lo que nos resulta pensable).5

Y afirma que el límite solo puede ser trazado en el lenguaje, porque lo que está más allá del límite es simplemente absurdo6. Lo que plantea Wittgenstein es saber si decimos algo cuando hablamos, antes de saber si algo es verdadero o falso. Parte de la base de que es lo mismos pensar que hablar y que el lenguaje es la única manifestación del pensar, por lo que se plantea analizarlo lógicamente. Se trata de clarificar el lenguaje para separar lo que se puede decir y lo que no es posible decir, para resolver los problemas filosóficos. De algún modo Wittgenstein reacciona frente a la tesis kantiana de que para que una verdad sea necesaria tiene que ser conocida sin recurrir a la experiencia, es decir, tiene que ser a priori. Considera que las verdades necesarias incumben a la lógica, y que se pueden conocer mediante el sistema mediante el cual nos representamos el mundo, siempre que este sistema refleje cómo es el mundo, y este es el ámbito de lo analítico en la terminología de Kant.

La obra se dedica, pues, a estudiar la relación entre el sistema de representación y el mundo, desarrollando una filosofía del lenguaje. El lenguaje tiene una estructura lógica que refleja el mundo.

Los siete aforismos principales son los siguientes:

  1. El mundo es todo lo que es el caso

  2. Lo que es el caso, el hecho, es el darse efectivo de estados de cosas

  3. La figura lógica de los hechos es el pensamiento

  4. El pensamiento es la proposición con sentido

  5. La proposición es una función veritativa de las proposiciones elementales

  6. La forma general de la función veritativa es [-p, -ξ N(-ξ)]

  7. De lo que no se puede hablar hay que callar

    La obra comienza con una definición de lo que es en mundo. La versión original del primer aforismo principal es

Die Welt ist alles, was der Fall ist

que en las diferentes versiones se traduce como el mundo es todo lo que es el caso, o el mundo es todo lo que acaece.

El siguiente aforismo (1.1) es

El mundo es la totalidad de los hechos, no de las cosas.7

Lo que nos quiere decir Wittgenstein es que la realidad no está hecha de objetos aislados, sino de hechos, es decir, de situaciones que ocurren. A continuación dice que

1.11 El mundo viene determinado por los hechos y por ser estos todos los hechos.

1.12 Porque la totalidad de los hechos determina lo que es el caso y también lo que no es el caso.

1.13 Los hechos en el espacio lógico son el mundo.

1.2 El mundo se descompone en hechos.8

El mundo es, entonces, la totalidad de los hechos, la conjunción de todos los demás hechos, algo así como un hecho compuesto. Los hechos están a su vez compuestos de otros hechos, de otros estados de cosas.

2 Lo que es el caso, el hecho, es es el darse efectivo de estados de cosas

2.01 El estado de cosas es una conexión de objetos (cosas).

2.011 Poder ser parte integrante de un estado de cosas es esencial a la cosa.9

La versión original del aforismo 2 es

Was der Fall ist, die Tatsache, ist das Bestehen von Sachverhalt.

Que algunos traducen como lo que acaece, el hecho, es la existencia de los hechos atómicos. Quizás queda más claro si decimos con esta traducción que los hechos están a su vez compuestos de hechos atómicos. Los hechos atómicos son las unidades fundamentales cuya existencia no depende de otra. Por lo tanto, los hechos se componen de hechos atómicos, y los hechos atómicos son una combinación de objetos, de cosas, tal como señala Wittgenstein en 2.01.

Es esencial a la cosa poder ser parte integrante de un hecho atómico (2.011). En lógica, nada es accidental: si la cosa puede entrar en un hecho atómico, la posibilidad del hecho atómico debe estar ya prejuzgada en la cosa (2.012). Si yo conozco un objeto, conozco también todas sus posibilidades de entrar en los hechos atómicos (2.0123). Y para conocerlo, no hay que conocer sus propiedades externas pero sí todas sus propiedades internas (2.01231)10. Las cualidades externas son las que tiene la cosa de manera contingente, mientras que las cualidades internas son las esenciales.

Los objetos contienen la posibilidad de todos los hechos atómicos (2.014). La forma del objeto es la posibilidad de su ocurrencia en estados de cosas (2.0141). Como el objeto es simple (2.02) cualquier enunciado sobre complejos puede descomponerse en un enunciado sobre sus partes integrantes y en aquellas proposiciones que describen completamente los complejos (2.0201).

Wittgenstein concibe el lenguaje como figura de la realidad y nos introduce su teoría figurativa, diciendo que

La totalidad de los pensamientos verdaderos es una figura del mundo. (3.01)11.

Que un estado de cosas es pensable significa que podemos hacernos una figura de él. No podemos pensar nada ilógico, porque por el contrario tendríamos que pensar ilógicamente (3.03). Presentar en el lenguaje algo que contradiga a la lógica es tan imposible como presentar en geometría por sus coordenadas un dibujo que contradiga a las leyes del espacio o dar las coordenadas de un punto que no existe (3.032). Un pensamiento verdadero a priori sería aquel cuya posibilidad condicionase su verdad (3.04), de modo que solo podríamos saber a priori que un pensamiento es verdadero si en el pensamiento mismo (sin objeto de comparación) se pudiese reconocer su verdad (3.05).

En la proposición, el pensamiento se expresa perceptiblemente por los sentidos (3.1). Nosotros usamos el signo sensiblemente perceptible de la proposición (sonidos o signos escritos, etc.) como una proyección del estado de cosas posible. (3.11)

El método de proyección es el pensamiento del sentido de la proposición. Las proposiciones representan la realidad y comparten una estructura lógica con lo que describen.

La proposición es una figura de la realidad. La proposición es un modelo de la realidad tal como nos la pensamos. (4.01)12

Una proposición es verdadera si las cosas son como ella dice:

La proposición muestra cómo se comportan las cosas si es verdadera. Y dice que se comportan así. (4.022)13.

La descripción muestra un objeto atendiendo a sus propiedades externas, mientras que la proposición describe la realidad atendiendo a sus propiedades internas (4.023). La proposición construye un mundo con la ayuda de un armazón lógico; por ello es posible ver en la proposición, si es verdadera, el aspecto lógico de la realidad. Se pueden obtener conclusiones de una falsa proposición.

Wittgenstein define a partir de esto los límites del lenguaje diciendo que

Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo. (5.6)14.

Esto significa que solo podemos pensar y hablar con sentido sobre aquello que puede ser expresado claramente mediante el lenguaje. La lógica llena el mundo, de modo que los límites del mundo son también sus límites (5.61). Nosotros no podemos, pues, decir en lógica: en el mundo hay esto y lo de más allá; aquello y lo otro, no. Esto parece, aparentemente, presuponer que excluimos ciertas posibilidades, lo que no puede ser, pues, de lo contrario, la lógica saldría de los límites del mundo; esto es, siempre que pudiese considerar igualmente estos límites también desde el otro lado. De lo que concluye que lo que no podemos pensar no podemos pensarlo. Tampoco, pues, podemos decir lo que no podemos pensar.

Los límites del lenguaje establecen lo que puede decirse y lo que solo puede mostrarse:

Lo inexpresable, ciertamente, existe. Se muestra, es lo místico. (6.522)15.

Para ser coherentes con esta conclusión solo tiene sentido lógico lo que puede expresarse claramente.

El verdadero método de la filosofía sería propiamente éste: no decir nada, sino aquello que se puede decir; es decir, las proposiciones de la ciencia natural –algo, pues, que no tiene nada que ver con la filosofía-; y siempre que alguien quisiera decir algo de carácter metafísico, demostrarle que no ha dado significado a ciertos signos en sus proposiciones. Este método dejaría descontentos a los demás –pues no tendrían el sentimiento de que estábamos enseñándoles filosofía-, pero sería el único estrictamente correcto. (6.53)16

Y la conclusión es que

De lo que no se puede hablar hay que callar. (7)17

_____________________________ 

1Ludwig Wittgenstein Tractatus logico-filosoficus. Décimoprimera reimpresión de la primera edición de 2003. Alianza Editorial. Madrid 1925.

2 Ludwig Wittgenstein Los cuadernos azul y marrón. Reimpresión de la primera edición de 1968. Estructura y función. Editorial Tecnos. Madrid 1976.

3 Ludwig Wittgenstein Investigaciones filosóficas. Grandes obras del pensmiento contemporáneo. Ediciones Altaya 1999.

4 Ludwig Wittgenstein Sobre la certeza. Colección Cla-De-Ma. Editorial Gedisa. Barcelona 2022.

5Tractatus..., op. cit., pág. 55.

6 id., pág. 56.

7 id., pág. 57.

8 id.

9 id., pág. 58.

10 id., pág. 59.

11 id., pág. 64.

12id., pág. 76.

13 id., pág. 77.

14 id., pág. 123.

15 id., pág. 144.

16 id., pág 145.

17 id.

Wittgenstein II. Investigaciones fiosóficas. El significado de una palabra es su uso en el lenguaje

Ludwig Wittgenstein es uno de los pocos filósofos, como Schelling o Heidegger, que han desarrollado dos teorías totalmente distintas. En el ...