30/05/2026

Wittgenstein II. Investigaciones fiosóficas. El significado de una palabra es su uso en el lenguaje


Ludwig Wittgenstein es uno de los pocos filósofos, como Schelling o Heidegger, que han desarrollado dos teorías totalmente distintas. En el anterior post adelantábamos que su obra y la diversidad de planteamientos que recoge permiten hablar de un primer Wittgenstein, representado por el Tractatus logico-filosoficus1 (1921), y un segundo Wittgenstein, plasmado en Investigaciones filosóficas2 (escrito en 1945 pero publicado de manera póstuma).

Una vez acabado el Tractatus, Wittgenstein consideró que con esta obra se ponía fin a la filosofía y se retiró para trabajar primero de maestro rural, luego de jardinero en el monasterio de Klosterneuburg y también en el convento de los Hermanos de la Misericordia de Hütteldorf, ambos cerca de Viena, e incluso construyó para su hermana junto con el arquitecto Engelmann la Casa Stonborough en Viena. A finales de los años veinte del siglo pasado empezó a poner en duda su anterior obra y en 1929 regresó a la Universidad de Cambridge para emprender una nueva etapa profesional y dogmática.

Su obra Investigaciones supone una ruptura total con la concepción de la filosofía y del lenguaje expuesta en el Tractatus por considerarla demasiado simple, rígida y abstracta. En el prólogo de Investigaciones Wittgenstein explica cómo se produjo la génesis de su nuevo pensamiento:

Hace cuatro años tuve ocasión de volver a leer mi primer libro (el Tractatus logico-philosophicus) y de explicar sus pensamientos. Entonces me pareció de repente que debía publicar juntos esos viejos pensamientos y los nuevos, que éstos sólo podían recibir su correcta iluminación con el contraste y en el trasfondo de mi viejo modo de pensar.

Pues, desde que hace dieciséis años comencé a ocuparme de nuevo de filosofía, hube de reconocer graves errores en lo que había suscrito en ese primer libro. A advertir estos errores me ha ayudado — en un grado que apenas yo mismo puedo apreciar — la crítica que mis ideas han encontrado en Frank Ramsey — con quien las he discutido durante los dos últimos años de su vida en innumerables conversaciones. — Más aún que a esta crítica — siempre potente y certera — le debo a la que un profesor de esta Universidad, el Sr. P. Sraffa, ha practicado durante muchos años sin interrupción sobre mis pensamientos.3

Como hemos visto, en el Tractatus Wittgenstein afirma que el lenguaje representa la realidad, que las proposiciones son figuras de hechos del mundo, que las palabras refieren a objetos y que el significado de una palabra es el objeto al que corresponde. El lenguaje y el mundo se corresponden entonces de manera estructural, de modo que hablar con sentido es describir el mundo de una manera lógicamente correcta, y no puede decirse nada que no pueda representarse lógicamente, como la ética, la estética y la metafísica, sino solo mostrarse. Y, como concluíamos en el anterior post,

De lo que no se puede hablar hay que callar.4

La ruptura que supone Investigaciones se fundamenta en la tesis de que el lenguaje real no funciona principalmente como una representación lógica del mundo. Si antes se buscaba la estructura profunda del lenguaje, ahora se abandona el objetivo de construir teorías y se orienta la actividad a describir cómo se usa el lenguaje.

El lenguaje deja de ser un conjunto de nombres que se refieren a objetos simples, y las palabras ya no tienen un significado previo; una proposición adquiere su significado por los gestos, el contexto, la entonación, la intención...de modo que no resulta posible averiguar científicamente lo que significa cada palabra, porque no posee un significado de antemano. Lo que decide el significado de un término es el uso que se hace de él. El lenguaje deja de ser un sistema formal ideal, y no tiene una esencia única.

En el principio de Investigaciones, Wittgenstein expone la tesis sostenida por San Agustín en Confesiones de que

las palabras del lenguaje nombran objetos —las oraciones son combinaciones de esas denominaciones. En esta figura del lenguaje encontramos las raíces de la idea: cada palabra tiene un significado. Este significado está coordinado con la palabra. Es el objeto por el que está la palabra.5

Para San Agustín, el significado de una palabra es el objeto que designa. Considera que el aprendizaje del lenguaje se produce porque los adultos dicen una palabra y señalan una cosa, y el niño identifica la cosa con la palabra, de modo que el lenguaje se muestra como un sistema de nombres. Para Wittgenstein, que llama a ese método enseñanza ostensiva, no todo el lenguaje funciona nombrando objetos, de modo que la perspectiva de San Agustín solo se refiere a un tipo de lenguaje, no a todo el lenguaje. Lo que describe San Agustín es un sistema de comunicación, pero eso no representa la totalidad del lenguaje.

Ese concepto filosófico del significado reside en una imagen primitiva del modo y manera en que funciona el lenguaje. Pero también puede decirse que es la imagen de un lenguaje más primitivo que el nuestro.(...) Imagínate una escritura en que las letras sirviesen para designar los sonidos, pero también para designar la acentuación, y como signos de puntuación. (Una escritura puede concebirse como un lenguaje para describir pautas sonoras.) Imagínate ahora que alguien entendiese esa escritura como si cada letra correspondiera simplemente a un sonido y no tuviesen también las letras funciones enteramente diferentes. Una concepción tan simplista de la escritura se asemeja a la concepción del lenguaje de Agustín.6

En efecto, en el lenguaje no todas las palabras son nombres. Wittgenstein pone como ejemplo que al lado de los nombres hay palabras como allí y esto que no pueden ser enseñadas ostensivamente, al modo de como lo explica San Agustín, porque designan lugares y cosas, pero no un lugar o una cosa concretos, captables con la vista. Wittgenstein introduce el concepto de juegos de lenguaje (Sprachspiele) para referirse a los diferentes sentidos que puede tener una palabra en diferentes contextos, incluso al utilizarla la misma persona pero en contextos diferentes como el familiar y el profesional.

Llamaré también «juego de lenguaje» al todo formado por el lenguaje y las acciones con las que está entretejido.7

Wittgenstein observa que hay innumerables géneros diferentes de empleo de todo lo que llamamos signos, palabras y oraciones. Y esta multiplicidad no es algo fijo, dado de una vez por todas, sino que nuevos tipos de lenguaje, nuevos juegos de lenguaje nacen y otros envejecen y se olvidan8.

Continua la crítica a la tesis de San Agustín de que aprender el lenguaje consiste en dar nombres a objetos, y se pregunta por el significado de las exclamaciones.

Pensemos sólo en las exclamaciones. Con sus funciones totalmente diversas.

¡Agua! ¡ Fuera! ¡Ay! ¡Auxilio! ¡Bien! ¡No!

¿Estás aún inclinado a llamar a estas palabras «denominaciones de objetos»?9

Pone también como ejemplo la definición de los números:

La definición del número dos «Esto se llama 'dos'» —mientras se señalan dos nueces— es perfectamente exacta.— ¿Pero cómo se puede definir así el dos? Aquel a quien se da la definición no sabe qué se quiere nombrar con «dos»; ¡supondrá que nombras ese grupo de nueces!—Puede suponer eso; pero quizá no lo suponga. A la inversa, cuando quiero asignar un nombre a ese grupo de nueces, él podría también malentenderlo como un numeral. (...) Quizá se diga: el dos sólo puede definirse ostensivamente así: «Este número se llama 'dos'». Pues la palabra «número» indica aquí en qué lugar del lenguaje, de la gramática, ponemos la palabra. Pero esto significa que la palabra «número» tiene que ser explicada antes de que esa definición ostensiva pueda ser entendida.10

Que la palabra «número» sea necesaria en la definición ostensiva del dos depende de si sin esa palabra el receptor la interpreta de modo distinto a como el emisor desea. Y eso dependerá de las circunstancias bajo las que se da y de la persona receptora .Y cómo interpreta el receptor la definición se muestra en el uso que hace de la palabra explicada11.

Wittgenstein proclama que la palabra no tiene significado si nada le corresponde.—Es importante hacer constar que la palabra «significado» se usa ilícitamente cuando se designa con ella la cosa que 'corresponde' a la palabra. Esto es confundir el significado del nombre con el portador del nombre12. De lo que concluye que

el significado de una palabra es su uso en el lenguaje.

Y el significado de un nombre se explica a veces señalando a su portador.13

El significado de una palabra no es entonces una cosa que se nombra, sino la manera en que se usa dentro de una práctica humana. Con esta afirmación, Wittgenstein rechaza la concepción de que las palabras hacen referencia simple a un objeto y que haya definiciones fijas y universales. La comprensión de una palabra es saber usarla correctamente en una situación determinada.

La búsqueda de una esencia oculta detrás de las palabras y desviarlas de su uso cotidiano es un error filosófico.

Nombrar aparece como una extraña conexión de una palabra con un objeto.—Y una tal extraña conexión tiene realmente lugar cuando el filósofo, para poner de manifiesto cuál es la relación entre el nombre y lo nombrado, mira fijamente a un objeto ante sí y a la vez repite innumerables veces un nombre o también la palabra «esto». Pues los problemas filosóficos surgen cuando el lenguaje hace fiesta. Y ahí podemos figurarnos ciertamente que nombrar es algún acto mental notable, casi un bautismo de un objeto.14

Para caracterizar los lenguajes Wittgenstein utiliza la expresión parecidos de familia (Familienähnlichkeiten), porque no existe una esencia única pero existen muchos usos distintos conectados entre sí por semejanzas parciales15.

Entender un lenguaje significa dominar una técnica. seguir reglas, pero no reglas mecánicas o privadas, sino prácticas sociales aprendidas. El significado de las palabras depende de cómo se usan colectivamente. Por eso comprender una palabra no es poseer una definición mental, sino saber usarla correctamente en contextos reales.

Por tanto '«seguir la regla» es una práctica. Y creer seguir la regla no es seguir la regla. Y por tanto no se puede seguir 'privadamente' la regla, porque de lo contrario creer seguir la regla sería lo mismo que seguir la regla.16

Wittgenstein se pregunta si sería imaginable un lenguaje en el que uno pudiera anotar o expresar sus vivencias internas, como sus sentimientos, estados de ánimo... para su uso propio , en que las palabras deben referirse a lo que solo puede ser conocido por el hablante, a sus sensaciones inmediatas, privadas, por lo que otro no puede, por tanto, entender este lenguaje17. La respuesta es que un lenguaje comprensible solo por un individuo es imposible, porque no hay significado sin criterios públicos de corrección, puesto que si nadie puede distinguir entre usar bien y usar mal una palabra, entonces realmente no hay regla.

Dices, pues, que la concordancia de los hombres decide lo que es verdadero y lo que es falso?»—Verdadero y falso es lo que los hombres dicen; y los hombres concuerdan en el lenguaje. Ésta no es una concordancia de opiniones, sino de forma de vida.18

Ello es así porque en el lenguaje no hay axiomas, sino formas de vivir en las que forman una unidad irreductible el lenguaje, la acción y la cultura. Se vive en el lenguaje.


Al margen de la crítica que se pueda hacer de su teoría (como la que apuntó Chomsky de que el lenguaje tiene estructuras mentales innatas y no puede reducirse a prácticas públicas) , hay que reconocer en Wittgenstein una gran honradez filosófica al haber delineado una teoría completa y después haber creado otra con unos presupuestos totalmente distintos (en las Investigaciones se cita a sí mismo como el autor del Tractatus19 para exponer su crítica a lo que él mismo decía anteriormente), corrigiendo totalmente su postura inicial.

___________________________________ 

Ludwig Wittgenstein Tractatus logico-filosoficus. Décimoprimera reimpresión de la primera edición de 2003. Alianza Editorial. Madrid 1925.

2 Ludwig Wittgenstein Investigaciones filosóficas. Editorial Gredos. Madid 2009.

3 id., pág. 163.

4 Tractatus..., op. cit., pág. 145.

5 Investigaciones..., op. cit., pág. 165.

6 id., págs. 167 i 169.

7 id., pág. 171.

8 id., pág. 185.

9 id., págs, 187 y 189.

10 id., pág. 189.

11 id., pág. 191.

12 id., pág. 203.

13 id., pág. 205.

14 id., pág. 201.

15 id., pág. 227.

16 id., pág. 331.

17 id., pág. 347.

18 id., págs. 345 y 347.

19 id., pág. 185.

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