04/04/2026

Heidegger: la verdad como descubrimiento o desocultamiento


Martin Heidegger (1889-1976) nació en Meßkirch, en el estado de Baden-Württenberg (Alemania) en una familia católica. Sus primeros estudios se encaminaron hacia la carrera eclesiástica, que abandonó para dedicarse a la filosofía. Fue alumno del neokantiano Heinrich Rickert y de Husserl en la Universidad de Freiburg im Breisgau. Con el inicio de la Primera Guerra Mundial fue llamado a filas, pero al poco tiempo fue licenciado porque se le detectó una dolencia cardíaca. Se doctoró en 1913 con una tesis titulada La doctrina del juicio en el psicologismo: una contribución crítico-positiva a la lógica, y obtuvo la habilitación para la docencia universitaria con el trabajo La teoría de categorías y significados de Duns Scoto teniendo a la vista una obra que la crítica posterior ha atribuido a un discípulo de Escoto. En 1916 ingresó en la Universidad de Freiburg como Privatdozent, en 1923 pasó a la Universidad Phillips de Marburg y más adelante Husserl le ofreció una plaza de profesor ayudante en la Universidad de Freiburg en la que le sucedió en la cátedra en 1928. Su lección inaugural versó sobre Qué es la metafísica, y el mismo año publicó Kant y el problema de la metafísica. En 1927 había dado a la imprenta lo que iba a ser la primera parte de su obra fundamental, Ser y tiempo1, que no tendría continuación en una segunda parte como tal aunque en algunas obras posteriores vuelve sobre las cuestiones tratadas en ella.

Con la llegada al poder del nacionalsocialismo, Heidegger se afilió al partido e hizo propaganda del nuevo régimen. En 1933 fue nombrado rector de la Universidad de Freiburg y en el discurso de toma de posesión, con el título de La autoafirmación de la universidad alemana, expuso cuál había de ser el papel de la universidad en el nuevo Estado nacionalsocialista, guiar espiritualmente a las nuevas élites. Solo estuvo un año en el cargo, pues presentó su dimisión por lo que se interpreta un desacuerdo con cómo se estaban desarrollando los acontecimientos políticos. Acabada la guerra, se le prohibió impartir la docencia entre 1946 y 1951.

Además de las obras citadas, hay que destacar El concepto de tiempo (1924); ¿Qué es metafísica? Ser, verdad, fundamento (1929); y ¿Qué significa pensar? (1954).

Se distinguen dos etapas en el pensamiento de Heidegger: la primera, en la que se ocupa del ser en el tiempo, y la segunda, en que une su estudio del ser al del lenguaje. Su aportación fundamental a la historia del pensamiento es la pregunta por el ser como algo fundamental en la actividad filosófica y la denuncia del olvido del ser que, a su juicio, se inicia ya con los filósofos griegos, y que consiste en estudiar el ser común a todos los seres y no el ser en sí, puesto que se ha identificado el ser con el ente y en realidad son realidades distintas. El ente es lo que es, mientras que el ser es lo que permite que el ente sea. El error de la filosofía clásica estriba en tratar el ser como un ente más. Los entes participan del ser, porque este es condición de la existencia de los entes.

En Ser y tiempo, Heidegger intenta delimitar lo ontológico, que es lo que corresponde al ser, de lo óntico, que es el ámbito del ente, y para ello realiza una analítica existencial centrada en el ser humano, que es el único ente que se pregunta por el sentido del ser. Y la primera observación que hace Heidegger en este punto es que el hombre no es un sujeto aislado que observa objetos, sino que está siempre en el mundo en continua relación con él.

Por eso, Heidegger inventa un neologismo para designar al ser humano como ente que se pregunta por el ser y comprende su propia existencia, y nos habla de Dasein, es decir, de ser-ahí, de un ente involucrado desde el principio en el mundo, y que se caracteriza porque desarrolla sus propias posibilidades proyectándose hacia el futuro sin tener una esencia concreta.

El Dasein no es tan sólo un ente que se presenta entre otros entes. Lo que lo caracteriza ónticamente es que a este ente le va en su ser este mismo ser. La constitución de ser del Dasein implica entonces que el Dasein tiene en su ser una relación de ser con su ser. Y esto significa, a su vez, que el Dasein se comprende en su ser de alguna manera y con algún grado de explicitud. Es propio de este ente el que con y por su ser éste se encuentre abierto para él mismo. La comprensión del ser es, ella misma, una determinación de ser del Dasein2

Su rasgo fundamental es la aperturidad, porque está abierto al mundo y por eso el mundo y los entes le resultan inteligibles.

Este ente lleva en su ser más propio el carácter del no‐estar‐cerrado. La expresión “Ahí” mienta esta aperturidad esencial. Por medio de ella, este ente (el Dasein) es “ahí” [ex‐siste] para él mismo a una con el estar‐siendo‐ahí del mundo. (...) Desde sí mismo, el Dasein trae consigo su Ahí; si careciera de él, no sólo fácticamente no sería, sino que no podría ser en absoluto el ente dotado de esta esencia. El Dasein es su aperturidad [Erschlossenheit]. Será necesario, pues, sacar a luz la constitución de este ser. Pero, en la medida en que la esencia de este ente es la existencia, la frase existencial “el Dasein es su aperturidad” quiere decir, al mismo tiempo, que el ser que a este ente le va en su ser es tener que ser su “Ahí”.3

Heidegger expone su teoría de la verdad en el § 44 de Ser y tiempo. Para ello, realiza una crítica del concepto tradicional de verdad para concluir que es una manifestación o producto de la actividad del Dasein. Considera que el enfoque histórico de la teoría de la verdad se ha orientado desde el punto de vista epistemológico, como método para distinguir lo verdadero de lo falso o para determinar cómo se llega a ella, pero lo que hay que determinar es en qué consiste la verdad.

En el encabezamiento del apartado, Heidegger afirma que

La filosofía ha asociado desde antaño la verdad con el ser.4

Y a continuación demuestra su afirmación exponiendo las tesis al respecto de Parménides y de Aristóteles. Parménides identificó el ser con el conocer:

El primer descubrimiento del ser del ente, hecho por Parménides, “identifica” el ser con la comprensión aprehensora del ser: τὸ γὰρ αὐτὸ ν οεῑν ἐστίν τε καὶ εἶναι.5

Aristóteles avanzó en la indagación y afirmó que el primer papel de la filosofía es ocuparse de la verdad:

Aristóteles caracteriza esta investigación como un φιλοσοφεῑν περὶ τῆς άληθείας como un “filosofar” acerca de la “verdad”, o también como un ἀποφαίνεσθαι περὶ τῆς άληθείας, como un hacer‐ver mostrativo que apunta a la “verdad” y se mueve dentro de su ámbito. La filosofía misma es determinada como ἐπιστήμη τις τῆς άληθεί ας, como una ciencia de la “verdad”. Pero, a la vez, es caracterizada como ἐπιστήμη, ἣ θεωρεῑ τὸ ὄν ᾗ ὄν, como una ciencia que contempla al ente en cuanto ente, es decir, desde el punto de vista de su ser.6

Para Heidegger, lo que caracteriza al concepto tradicional de verdad es que su lugar es el enunciado o el juicio y que la esencia de la verdad consiste en la concordancia del juicio con su objeto7:

Aristóteles dice: παθήματα τῆς ψυχῆς τῶν πραγμάτων ὁμοιώματα1, las “vivencias” del alma, los νοήματα (“representaciones”), son adecuaciones de las cosas. Esta afirmación, que de ningún modo se presenta como una explícita definición esencial de la verdad, contribuyó a desarrollar la ulterior formulación de la esencia de la verdad como adaequatio intellectus et rei. S. Tomás de Aquino, que para su definición remite a Avicena, quien, por su parte, la tomó del Libro de las Definiciones de Isaac Israelis (siglo X), usa también los términos de correspondentia y convenientia para expresar la adaequatio.8

Aunque los neokantianos criticaron este concepto de verdad por considerarlo expresión de un realismo ingenuo y metodológicamente retrasado9, Heidegger advierte siguiendo a Brentano que incluso Kant utiliza este concepto de verdad:

(…) el mismo Kant se atiene a este concepto de verdad, hasta el punto de que ni siquiera lo somete a discusión: “La antigua y célebre cuestión con la que se pretendía poner en apuro a los lógicos… es la siguiente: ¿Qué es la verdad? La definición nominal de la verdad como la concordancia del conocimiento con suobjeto se admite y se da por supuesta aquí…”.

Si la verdad consiste en la concordancia de un conocimiento con su objeto, este objeto deberá, por esto mismo, distinguirse de los otros; porque un conocimiento que no concuerda con el objeto al que se refiere es falso, aun cuando contenga algo que pueda valer de otros objetos. Y en la introducción a la Dialéctica trascendental dice Kant: “La verdad o la apariencia no están en el objeto en cuanto intuido, sino en el juicio que recae sobre él en cuanto pensado”.10

Heidegger no descarta la idea de verdad como concordancia

(...) alguna justificación habrá de tener cuando se mantiene a pesar de las más heterogéneas interpretaciones del conocimiento (...).11

Pero considera que esta caracterización de la verdad como adecuación es muy general y vacía, y se pregunta qué significa el término concordancia. Dice que se trata de una relación de algo a algo, por lo que la verdad, si es concordancia, ha de ser una relación. Aquí hay que preguntarse con respecto a qué concuerdan los elementos de la adequatio, el intellectus y la res. La concordancia entre ellos no puede ser una relación de igualdad, dada la falta de homogeneidad de ambos. Y si el conocimiento debe dar la cosa tal como es, Heidegger se pregunta retóricamente si la relación entre el intellectus y la res puede generar una relación que presente la cosa tal como es12. Lo que justifica, en palabras de Heidegger, que para aclarar la estructura de la verdad no baste simplemente con suponer este todo relacional, sino que es necesario preguntar hacia atrás, hacia el contexto ontológico que sustenta este todo en cuanto tal.

Heidegger plantea como opinión generalmente admitida que el conocimiento consiste en juzgar y que en el juicio hay que distinguir entre el acto de juzgar, en cuanto proceso psíquico real, y lo juzgado, como contenido ideal. De este se dice que es verdadero, pero el proceso psíquico real está presente o no lo está. De lo que extrae Heidegger que

(...) lo que está en la relación de concordancia es el contenido ideal del juicio y, por ende, esta relación afecta a la conexión entre el contenido ideal del juicio y la cosa real, como aquello acerca de lo cual se juzga. ¿Es la concordancia, por su modo de ser, real o ideal, o ninguna de estas dos cosas?13

Y se pregunta

¿Cómo debe concebirse ontológicamente la relación entre un ente ideal y algo que está realmente ahí?14

Heidegger considera que no hay duda de que exista esta relación, y en el juzgar fáctico no sólo debe haberla entre el contenido del juicio y el objeto real, sino también entre el contenido ideal y la ejecución real del juicio. Si el juicio procede del plano psíquico y al mismo tiempo es el que lleva la verdad, se podría considerar que la verdad es un elemento meramente psicológico, con lo que la verdad sería un producto de un proceso mental y se tendría que descartar que las cosas se nos presentan y las conocemos como son. Por eso, Heidegger niega que la verdad o falsedad esté en el juicio, y distingue entre el acto efectivo de juzgar y el contenido del juicio. Pero esta distinción no contribuye a la solución del problema del modo de ser de la adaequatio, sino que pone de manifiesto la necesidad de aclarar el modo de ser del conocimiento. Y para ello resulta necesario analizar el fenómeno de la verdad que es característico del conocimiento. Y se pregunta

¿Cuándo se hace la verdad fenoménicamente explícita en el conocimiento mismo? Se hace fenoménicamente explícita cuando el conocimiento se acredita como verdadero. La autoacreditación le da al conocimiento la seguridad de estar en la verdad. Por consiguiente, la relación de concordancia se volverá visible dentro del contexto fenoménico de la evidenciación.15

A continuación, Heidegger propone el ejercicio, planteando que si la verificación de la afirmación verdadera de que un cuadro colgado en la pared está torcido se produce dándonos la vuelta y comprobando si es así con la mirada, es decir, verificando la concordancia entre el juicio y la realidad juzgada. Heidegger responde negativamente a la pregunta, indicando que al juzgar que el cuadro está torcido no estoy juzgando algo sobre mi representación imaginativa de la pared, sino sobre la realidad misma. La verdad no se constata por adecuación de las representaciones, sino que se muestra el ser a quien es la posibilidad de que el ente acontezca cuando este lo observa.

El enunciar es un estar vuelto hacia la cosa misma que es. ¿Y qué es lo que se evidencia mediante la percepción? Tan sólo esto: que lo que percibo es el mismo ente al que se refería el enunciado. Se comprueba que el estar vuelto enunciante hacia lo enunciado es una mostración del ente, que el enunciado descubre el ente hacia el que está vuelto. Se evidencia el carácter descubridor del enunciado. (...) El ente mismo se muestra tal como él es en sí mismo, es decir, que él es en mismidad tal como el enunciado lo muestra y descubre. No se comparan representaciones entre sí, ni tampoco en relación a la cosa real. Lo que ha de evidenciarse no es una concordancia del conocer y el objeto, ni menos aun de lo psíquico y lo físico, pero tampoco es una concordancia de “contenidos de conciencia” entre sí. Lo que necesita ser evidenciado es únicamente el estar‐descubierto del ente mismo, de el en el cómo de su estar al descubierto. Este estar al descubierto se comprueba cuando lo enunciado, esto es, el ente mismo, se muestra como el mismo. Comprobación significa lo siguiente: mostrarse del ente en mismidad. La comprobación se realiza sobre la base de un mostrarse del ente. Esto sólo es posible si el conocimiento enunciador y autocomprobatorio es, por su propio sentido ontológico, un estar vuelto descubridor hacia el ente real mismo.16

Verificar un enunciado es, por tanto, comprobar que el ente al que se refiere es en sí mismo como el enunciado lo muestra, no demostrar la congruencia de las diferentes representaciones ni la adecuación del conocer con el objeto. Que el enunciado sea verdadero significa que descubre el ente en sí mismo. El ser verdadero del enunciado debe entenderse como un ser descubridor. Y el ser verdadero en cuanto ser descubridor solo es ontológicamente posible en virtud del estar en el mundo, que hemos anticipado que es uno de los elementos del Dasein.

Ser‐verdadero, en tanto que ser‐descubridor, es una forma de ser del Dasein. Aquello que hace posible este descubrir mismo necesariamente deberá ser llamado“verdadero” en un sentido más originario. Los fundamentos ontológico‐existenciales del descubrir mismo ponen por primera vez ante la vista el fenómeno más originario de la verdad.17

La verdad, para Heidegger, no existe como tal sino que la descubre el Dasein, lo que nos permite afirmar que el sentido primario de la verdad no es n e enunciado ni el ente descubiero, sino quien lo descubre. El descubridor es el Dasein.

Descubrir es una forma de ser del estar‐en‐el‐mundo. La ocupación circunspectiva y la que se queda simplemente observando, descubren los entes intramundanos. Éstos llegan a ser lo descubierto. Son “verdaderos” en un segundo sentido. Primariamente “verdadero”, es decir, descubridor, es el Dasein. Verdad, en sentido derivado, no quiere decir ser‐descubridor (descubrimiento), sino ser‐descubierto (estar al descubierto).18

Verdad, en el sentido más originario, es la aperturidad del Dasein, el cual está originariamente en la verdad y en la novedad. Porque está abierto, el Dasein es capaz de abrir y descubrir.

El Dasein, en cuanto constituido por la aperturidad, está esencialmente en la verdad. La aperturidad es un modo de ser esencial del Dasein. “Hay” verdad sólo en cuanto y mientras el Dasein es. El ente sólo queda descubierto cuando y patentizado mientras el Dasein es.19

Pero esto no significa que la verdad sea subjetiva. Heidegger pone el ejemplo de las leyes de Newton y del principio de contradicción, diciendo que solo son verdaderos mientras el Dasein es, porque antes y después del Dasein, dado que la verdad es aperturidad y descubrimiento, no puede ser. Antes del descubrimiento de las leyes de Newton no eran verdaderas, lo que no significa que fueran falsas.

En virtud de su esencial modo de ser conforme al Dasein, toda verdad es relativa al ser del Dasein. ¿Significa esta relatividad que toda verdad sea “subjetiva”? Si se interpreta “subjetivo” como “sometido al arbitrio del sujeto”, entonces, ciertamenteque no. En efecto, el descubrir, en conformidad con su sentido más propio, sustrae el enunciado al arbitrio “subjetivo” y enfrenta al Dasein descubridor con el ente mismo. Y precisamente porque la “verdad” es, en cuanto descubrir, un modo de ser del Dasein, puede estar sustraída a su arbitrio. La misma “validez universal” de la verdad arraiga únicamente en el hecho de que el Dasein puede descubrir y dejar en libertad al ente en sí mismo. Sólo así este ente puede ser en sí mismo vinculante para todo posible enunciado, es decir, para toda mostración que recaiga sobre él.20

Heidegger es uno de los filósofos más importantes del siglo XX y ha influido en la obra de Gadamer, Marcuse, Lévinas i Hannah Arendt, entre otros. La crítica a Heidegger ha destacado que conduce al solipsismo y no tiene en cuenta la diversidad empírica humana.

_________________________ 

1 Martin Heidegger Ser y Tiempo. Trad. J. E. Rivera. Editorial Universitaria: Santiago de Chile 1997. Utilizo para las citas la versión electrónica de la Escuela de Filosofía Universidad ARCIS https://www.philosophia.cl/

2 id., pág. 22.

3 id., pág. 137.

4 id., pág. 212.

5 id.

6 id.

7 id., pág. 213.

8 id., págs. 213-214.

9 id., pág. 214.

10 id.

11 id.

12 id., pág. 215.

13 id.

14 id.

15 id., pág. 216.

16 id., págs. 216-217.

17 id., pág. 218.

18 id., págs. 218-219.

19 id., pág. 224.

20 id., pág. 225.

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