17/10/2026

Sócrates. El intelectualismo moral: nadie hace el mal voluntariamente

 

Sócrates (470 a. C. - 399 a. C.) nació en Alopece, Atenas. Hijo de Sofronisco, que era escultor y de Fenarete, que era partera, dijo humorísticamente que había heredado el oficio de ambos padres, pues se dedicó a modelar la personalidad de sus alumnos y de ellos extraía mediante el diálogo la verdad que ya poseían. No escribió nada, como Jesucristo, y conocemos su pensamiento sobre todo a través de a obra de Platón, que le hizo protagonista de muchos de sus diálogos hasta el punto que es difícil discernir en las tesis expuestas qué corresponde a Sócrates y qué es cosecha propia del autor. Jenofonte también nos aporta muchos datos sobre Sócrates en Recuerdos de Sócrates1 y Aristóteles, aunque no tuvo trato directo con él, recoge alguno de sus posicionamientos, de forma elogiosa en su Metafísica2, y para criticarlos, en su Ética a Nicómaco3.

Participó en la Guerra del Peloponeso como hoplita, que eran unos soldados que llevaban una armadura completa que habían de procurarse por sus propios medios, lo que nos da idea de que perteneció a una familia de un cierto nivel económico. Su aspecto como ciudadano era poco agraciado: ojos saltones, nariz chata y poco exigente en el vestir.Tuvo por esposa a Jantipa, de origen noble, con quien tuvo un hijo, y tuvo otros dos de Mirto. Explica Diógenes Laercio que

queriendo los atenienses poblar la ciudad, exhausta de ciudadanos por las guerras y contagios, decretaron que los ciudadanos casasen con una ciudadana, y además pudiesen procrear hijos con otra mujer, y que Sócrates lo ejecutó así.4

Gran conversador, se enfrentó a los sofistas, que defendían el relativismo moral y el escepticismo y cobraban por sus enseñanzas, con su afirmación de que existe una verdad objetiva y universal presente en el alma humana a la que se llega por la mayéutica (μαιευτική, técnica para asistir en los partos) y por lo que Sócrates no cobraba.

Es proverbial su actuación en el juicio por una acusación tendenciosa de quebrantar las leyes negando la existencia de los dioses que la ciudad tenía recibidos (ἀσέβεια , impiedad) y de corromper a la juventud, que acabaría con condena a muerte. Cuando los jueces deliberaban sobre imponerle una multa o la pena capital, Sócrates expuso que, por el contrario, lo que merecía por su labor educativa era ser mantenido por el erario público, lo que provocó que la mayoría de los jueces se decantara por la pena de muerte. E incluso durante la espera del cumplimiento de la condena sus amigos le prepararon una fuga que Sócrates descartó porque su deseo era acatar las leyes de la ciudad.

La ética de Sócrates puede caracterizarse como una filosofía de la vida buena entendida como vida virtuosa y conforme a la razón. Su tesis fundamental es que el bien moral depende del conocimiento: quien conoce verdaderamente qué es el bien actúa bien, mientras que la conducta injusta procede de la ignorancia.

La ética socrática gira en torno a la idea de que el ser humano debe cuidar principalmente de su alma, examinar racionalmente su vida, buscar el conocimiento del bien y actuar justamente. De este planteamiento se derivan dos tesis especialmente características: el intelectualismo moral, según el cual la virtud está esencialmente ligada al conocimiento, y la afirmación de que nadie hace el mal voluntariamente, pues quien actúa injustamente lo hace por ignorancia acerca de lo que verdaderamente es bueno.

Para Sócrates, todos los seres humanos desean aquello que consideran bueno. El problema es que podemos equivocarnos acerca de lo que realmente es bueno. Alguien puede, por ejemplo, buscar riqueza, poder o placer porque los considera bienes, cuando en realidad pueden perjudicarlo moralmente. Lo explica así Platón en su diálogo Menón, en que Sócrates expone la naturaleza de la virtud y la posibilidad de enseñarla:

SÓCRATES.

¿Es que hay hombres que desean cosas malas, mientras que otros desean las buenas? ¿No te parece, querido mío, que todos desean lo que es bueno?

MENON.

De ninguna manera.

SÓCRATES.

¿Luego á tu juicio algunos desean lo que es malo?

MENON.

Sí.

SÓCRATES.

¿Quieres decir que miran entonces lo malo como bueno; o que, conociéndolo como malo, no cesan de desearlo?

MENON.

A mi parecer lo uno y lo otro.

SÓCRATES.

Pero Menon, ¿crees que un hombre, conociendo el mal como mal, puede verse inclinado á desearlo?

MENON.

Sí.

(...)

SÓCRATES.

¿Pero este hombre se imagina que el mal es ventajoso para aquel que lo experimenta, ó bien sabe que es dañoso á la persona en quien se encuentra?

MENON.

Unos imaginan que el mal es ventajoso; y otros saben que es dañoso.

SÓCRATES.

¿Pero crees que los que se imaginan que el mal es ventajoso, le conocen como mal?

MENON.

En ese concepto no lo creo.

SÓCRATES.

Por lo tanto, es evidente que no desean el mal, puesto que no le conocen como mal; sino que desean lo que tienen por un bien, y que realmente es un mal. De suerte que los que ignoraban que una cosa es mala, y la creen buena, desean manifiestamente el bien. ¿No es así?

MENON.

Así parece.

(...)

SÓCRATES.

Si, pues, nadie quiere eso, es claro que nadie quiere el mal. En efecto, ser miserable ¿qué otra cosa es que desear el mal y procurárselo?

MENON.

Parece que tienes razón, Sócrates; nadie quiere el mal.5

En el diálogo platónico Protágoras, Sócrates señala que no es el conocimiento el que domina los actos humanos, sino las pasiones, emociones, deseos, impulsos. Indica que el conocimiento debería regir el comportamiento del hombre, pero no es así, puesto que la mayoría de los hombres se produce la acrasía (ἀκρασία, voluntad débil), que dicen conocer el bien y pudiendo hacerlo, no lo hacen. Esto ocurre porque la persona se deja vencer por el deseo de placer o por algún factor más fuerte que el conocimiento. Ser vencido por el deseo de placer consiste en no pensar en las consecuencias que puede traer realizar un placer momentáneo que no debería realizarse. De este modo, la identidad de lo bueno y lo placentero es aceptada como opinión de la gente, y bueno es igual a placentero, y malo a molesto. Sócrates plantea si algunas cosas placenteras son malas y algunas molestas son buenas

¿Afirmáis algo distinto, hombres, que eso que os sucede en tales circunstancias, a saber, en que frecuentemente sois dominados por la comida, la bebida y el amor, en tanto que cosas placenteras, y sabiendo que son malas, las hacéis sin embargo? -Lo afirmarían. -Por tanto, si yo y tú les volviéramos a preguntar: ¿De qué modo afirmáis que esas cosas son malas? ¿Porque ofrecen ese placer en el momento y cada una de ellas es placentera, o porque posteriormente producen enfermedades y pobreza, y provocan muchas otras cosas de tal índole? (...) Hombres, decís que algunas cosas molestas son a su vez buenas, ¿no os referíais a tales cosas como ejercicios, campañas militares y las que provienen de las curaciones de los médicos por quemar, cortar, tomar medicinas y ayunar, las cuales si bien son buenas, son sin embargo molestas? ¿Lo afirmarían? -Estuvo de acuerdo. -Pues bien, ¿las llamáis 'buenas' porque al momento ofrecen terribles dolores y sufrimientos, o porque a la postre se generan de ellas salud, bienestar físico, salvación de las ciudades, gobierno sobre otros y riquezas? Lo afirmarían, como yo creo.6

Para Sócrates, este tipo de bien, equivalente a placer, es indigno de vencer al hombre, y considera la acrasía no como una debilidad -idea que luego le criticará Aristóteles- sino como el cálculo fallido de futuros placeres y penas, y define el cálculo hedonístico, es decir, la correcta elección de placeres y penas a corto y largo plazo, con el fin de una vida feliz, como un arte de medir. El arte de medir, una especie de conocimiento, se aplica incorrectamente en el acto fallido; la acrasía es un acto fallido de conocimiento.

Pero, así como un hombre capaz de ponderar, al poner en un lado lo placentero y en otro lo penoso, poniendo en la balanza lo cercano y lo lejano, di cuál de las dos cosas es mayor. Pues si pesas cosas con cosas placenteras, se debe tomar siempre lo más grande y más numeroso; pero si cosas penosas con cosas penosas, menos numeroso y más pequeño; pero si cosas placenteras con penosas, cuando lo molesto está superado por lo placentero -sea por la cercanía de uno sobre la lejanía de otro, sea por la lejanía de uno sobre la cercanía de otro- se debe realizar aquella acción en que pueda estar eso; pero si lo placentero es superado por lo molesto, no se debe realizar.7

La conclusión de Sócrates es que

si lo placentero es bueno, nadie -si sabe o cree que hay cosas mejores que las que está haciendo y que es posible hacerlas- las hace cuando es posible hacer las mejores; el ser vencido por uno mismo no es otra cosa que ignorancia, y el dominarse a sí mismo no es otra cosa que sabiduría.8

La inmoralidad es, por consiguiente, fundamentalmente un error cognitivo. El mal moral tiene su raíz en la ignorancia: conocer el bien y realizarlo están estrechamente unidos. No significa simplemente que nadie quiera hacer algo que él mismo considera malo. La tesis es más profunda: si una persona conociera realmente el bien, no podría elegir deliberadamente el mal. Cuando alguien obra mal, lo hace porque desconoce cuál es verdaderamente su bien.

La crítica a la postura de Sócrates de que nadie obra mal voluntariamente y que si lo hace es por un error del entendimiento llegó pronto con Aristóteles, que en la Ética a Nicómaco9 contraargumenta diciendo que la postura socrática contradice los hechos evidentes de la experiencia humana porque las personas frecuentemente saben perfectamente que una acción es perjudicial o moralmente incorrecta y, sin embargo, la ejecutan arrastradas por las pasiones, los deseos o los impulsos. Así pues, el conocimiento teórico del bien no basta para garantizar la conducta recta si no está acompañado del hábito y el dominio propio.

Sócrates proclama que hemos de ser justos, pero no se queda ahí sino que además manifiesta que es peor cometer una injusticia que sufrirla, porque quien comete una injusticia daña su propia alma, mientras que el que la sufre únicamente recibe un daño externo. El el Gorgias de Platón aparece este diálogo:

SÓCRATES.

Porque el mayor de los males es cometer injusticias.

PÓLUX.

¿Es este mal el más grande? Sufrir una injusticia, ¿no es mucho mayor?

SÓCRATES.

De ninguna manera.

PÓLUX.

¿Querrías más ser víctima de una injusticia que hacerla?

SÓCRATES.

Yo no querría ni lo uno ni lo otro. Pero si fuera absolutamente preciso cometer una injusticia ó sufrirla, preferiría sufrirla a cometerla.10

Sócrates lo puso en práctica al aceptar su condena, ya que de no hacerlo habría cometido una injusticia por no acatar las leyes de la ciudad. Se insiste en ello en la Apología de Sócrates de Platón, en que se pone en boca de Sócrates las siguientes palabras dirigidas a sus amigos:

"Señores atenienses, los aprecio y estimo, pero le haré más caso al dios que a ustedes. Mientras todavía respire y sea capaz, no voy a dejar de filosofar, de exhortarlos y también de poner en evidencia a aquel entre ustedes con quien ocasionalmente me encuentre, diciéndole lo que acostumbro a decir: 'Tú, distinguido señor que, como ateniense, perteneces a la ciudad más grande y prestigiosa por su cultura y poder, ¿no te avergüenzas de andar preocupado de obtener la mayor cantidad posible de riquezas, fama y honra, sin preocuparte ni hacer caso, en cambio, de la sabiduría, de la verdad y tampoco de tu alma como para que llegue a ser lo mejor posible?'.1

Su juicio y su posterior aceptación de la condena a muerte demuestran la coherencia absoluta de su sistema. Prefirió morir antes que violar las leyes de la polis o renunciar al examen de la conciencia. 

__________________________ 

1 Jenofonte Recuerdos de Sócrates. Banquete. Apología. 2ª ed. Universidad Nacional Autónoma de México. México 1993.

2 Dice Aristóteles que Sócrates se encerró en la especulación de las virtudes morales, y fue el primero que indagó las definiciones universales de estos objetos.Y añade que con razón puede atribuirse a Sócrates el descubrimiento de estos dos principios: la inducción y la definición general. Estos dos principios son el punto de partida de la ciencia. Aristóteles Metafísica, págs. 286-287. 10ª ed. Colección Austral núm. 399. Espasa-Calpe. Madrid 1981.

3 Por ejemplo cuando dice que Sócrates en parte decía bien, y en parte erraba: en tener por opinión que todas las virtudes eran prudencias , y acertaba en decir que no se alcanzaban sin prudencia (...) Sócrates, pues, tenía por opinión que las virtudes eran razones, porque las hacía ciencias todas las virtudes, pero nosotros decimos que son hábitos acompañados de razón. Aristóteles Ética a Nicómaco, vol. II, pág. 32. Ediciones Orbis, S. A. Barcelona 1984.

4 Diógenes Laercio Vidas de los más ilustres filósofos griegos, vol. I., pág. 78. Ediciones Orbis, S. A. Barcelona 1985.

5 Platón Obras completas, vol. IV, págs. 297-299. Edición de Patricio de Azcárate. Madrid 1871.

6 Platón Protágoras, págs. 56-57. Universidad Nacional Autónoma de México. México 1994.

7 id., pág. 60.

8 id., pág. 63.

9 Ética..., op. cit., vol II, págs. 39-40.

10 Platón Obras completas, vol. V, págs. 170-171. Edición de Patricio de Azcárate. Madrid 1871.

11 Platón Apología de Sócrates, pág. 72. 8ª ed. Editorial Universitaria. Santiago (Chile) 2014.

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