Edmund Husserl es el fundador de la fenomenología, que es una corriente filosófica que se propone describir con rigor cómo se dan las cosas en la conciencia del modo en que aparecen, sin presupuestos teóricos previos. Trata de explicar cómo experimentamos las cosas tal y como aparecen en nuestra conciencia, antes de explicarlas científicamente o juzgarlas.
Husserl nació en 1959 en Prostějov, Moravia, que actualmente es una región de la República Checa pero que entonces formaba parte del Imperio austrohúngaro, en una familia judía. Aunque su formación inicial fue en el campo de la física, de la astronomía y de las matemáticas, después de asistir a las clases de Franz Brentano se dedicó definitivamente a la filosofía. Con 27 años se convirtió al cristianismo tras la lectura del Nuevo Testamento protestante, siendo bautizado en la Iglesia Luterana Evangélica.
Por mediación de Brentano, en 1886 ingresó en la Universidad de Halle e impartió cursos durante quince años como Privatdozent, con precarias condiciones retributivas y horarios incómodos. El 1891 publicó su Filosofía de la aritmética1, obra en la que aparecen elementos fenomenológicos que serán desarrollados en su obra posterior, en que analiza los conceptos numéricos desde la perspectiva de cómo los intuimos y experimentamos y de su fundamentación objetiva.
Escribía en taquigrafía, lo que le permitió desarrollar muchas investigaciones simultáneas. Dejó más de 45.000 páginas escritas a mano.
Su obra fundamental, Investigaciones lógicas2, fue publicada en dos volúmenes, el primero en 1900 y el segundo en 1901.
Desde 1916 hasta su jubilación en 1928, aunque continuó como profesor emérito, fue catedrático en la Universidad de Freiburg. Fue su alumno y sucesor en la cátedra Martin Heidegger, que derivó su posición hacia el existencialismo y a quien se ha reconocido una militancia nacionalsocialista que provocó su distanciamiento con su maestro, el cual por su condición de judío aunque cristiano perdió la pensión que recibía y la condición de funcionario público. Otra destacada discípula de Husserl fue Edith Stein, también de origen judío pero convertida a la fe católica, que en su obra buscó la conciliación de la fenomenología de Husserl con las tesis de Santo Tomás de Aquino. Murió en Auschwitz en 1942 y fue elevada a los altares por San Juan Pablo II como santa Teresa Benedicta de la Cruz en 1998.
Husserl murió en Freiburg en 1938, donde quedó depositada una ingente cantidad de manuscritos inéditos. Para preservarlos de una posible incautación por el régimen nacional socialista, el joven franciscano Hermann Leo Van Breda, que trabajaba en su tesis doctoral sobre Husserl, con la colaboración de la religiosa Adelgundis Jägerschmid los extrajo de Alemania para llevarlos a Lovaina a través de la embajada belga en Berlín.
La fenomenología de Husserl no atiende directamente a los objetos y a su descripción, que ya lo hacen las ciencias empíricas, sino a los efectos, es decir, a los fenómenos de esos objetos en sus modos de aparición en la conciencia. Su método indaga sobre las estructuras constitutivas de ese objeto en el conocimiento. Los seres humanos compartimos la posibilidad de experimentar el mundo de la misma manera, aunque luego no lo hagamos del mismo modo. Lo que pretende Hussserl es aislar, identificar las estructuras constitutivas universales de toda experiencia humana, que es el fundamento de la ciencia, de a cultura, de la ética y de la estética.
En su obra Investigaciones lógicas, Husserl se propone fundamentar la lógica y el conocimiento de manera rigurosa, desvinculándolos de la idea de que las leyes lógicas dependen de hechos psicológicos. Tiene dos partes: los Prolegómenos a la ciencia pura y las Investigaciones, que son seis.
En los Prolegómenos..., Husserl combate el psicologismo porque la doctrina dominante en su tiempo consideraba que la lógica era una rama de la psicología porque los fundamentos teoréticos esenciales de la lógica residen en la psicología, de modo que la lógica se relaciona con la psicología como una rama de la tecnología químca con la química o como la agrimensura con la geometría3. Husserl considera que la psicología solo puede ofrecer generalidades empíricas y por eso no puede dar leyes apodícicamente evidentes y por ende supraempíricas y absolutamente exactas, que constituyen el núcleo de toda lógica4.
Señala además que el psicologismo es, en todas sus formas, un relativismo5, y propone la idea de que existe una lógica pura, que tiene sus principales fundamentos fuera de la psicología, que es una ciencia teorética independiente de toda experiencia y por tanto también de la psicología6
Si las leyes lógicas dependieran de cómo piensan efectivamente los sujetos, perderían su validez universal y necesaria. El conocimiento científico exige, por el contrario, leyes ideales que no dependen de estados mentales empíricos:
(...) en la lógica no se pregunta por reglas contingentes sino por necesarias; no se pregunta por cómo pensamos, sino cómo debemos pensar.Las reglas de la lógica no deben salir, por tanto, del uso contingente de la razón sino del necesario; el cual encontramos en nosotros prescindiendo de toda psicología. En la lógica no queremos saber cómo sea y piense el entendimiento, ni como haya procedido hasta el presente al pensar; sino cómo deba proceder.7
Husserl considera que conocer no es simplemente tener una representación mental, sino que es una estructura intencional. Toda conciencia es conciencia de algo, y conocer implica un tipo específico de acto intencional. Husserl identifica la conciencia con la vivencia intencional8. El conocimiento no consiste en una mera sucesión de representaciones internas, sino en actos dirigidos a objetos, ya sean reales o ideales.
la percepción no es en este caso la mera existencia del contenido en la conexión de la conciencia, sino un acto, en el cual el contenido se torna ob;etivo para nosotros. Así, pues, aquello a que en todo caso atendemos y podemos atender, son los objetos intencionales de cualesquiera actos y solamente los objetos intencionales.9
La evidencia es el fundamento del conocimiento. Un juicio es verdadero cuando se funda en una evidencia adecuada. No es aquí un sentimiento subjetivo de certeza, sino la vivencia en la que el objeto se da ‘en persona’ a la conciencia.
Hablamos de evidencia en un sentido laxo siempre que una intención ponente (principalmente una aserción) encuentra su confirmación por medio de una percepción correspondiente y plenamente adecuada, aunque ésta sea una síntesis adecuada de percepciones particulares conectadas.10
El conocimiento auténtico se produce cuando la intención significativa encuentra su cumplimiento intuitivo adecuado. Por eso, el sentido riguroso de la evidencia en las aproximaciones de la percepción a la integridad objetiva de su presentación de objetos es el
acto de esta síntesis de cumplimiento más perfecta, que da a la intención -por ejemplo, a la intención judicativa- la absoluta plenitud de contenido, la del objeto mismo. El objeto no es meramente mentado, sino dado -en el sentido más riguroso- tal como es mentado e identificado con la mención.11
La verdad se concibe como correlato de la evidencia. Una proposición es verdadera cuando puede ser evidenciada en una intuición originaria adecuada. La verdad es entonces una situación objetiva, y una identidad:
la plena concordancia entre lo mentado y lo dado como tal. Esta concordancia es vivida en la evidencia, en cuanto que la evidencia es la verificación actual de la identificación adecuada.12
Husserl propone otro concepto de la verdad, que se refiere a la relación ideal que impera en la unidad de coincidencia entre las esencias significativas de los actos coincidentes -definida como evidencia-. Mientras la verdad era, en el sentido anterior, lo objetivo que correspondía al acto de la evidencia, la verdad es, en el presente sentido,
la idea correspondiente a la forma del acto, es decir, la esencia cognoscitiva -tomada como idea- del acto empírico y contingente de la evidencia, o la idea de la adecuación absoluta como tal.13
La verdad, desde el punto de vista de la intención, es la aprehensión de la relación de evidencia. La verdad es entonces la
justeza de la intención (en especial, por ejemplo, como justeza del juicio), como su adecuación al objeto verdadero, o como justeza de la esencia cognoscitiva de la intención «in specie». En este último respecto, por ejemplo, la justeza del juicio en el sentido lógico de proposición: la proposición se «ajusta» a la cosa misma; dice que es así, y así es realmente.14
La crítica a la teoría de la verdad de Husserl le acusa de vuelta al idealismo, y ha destacado que la evidencia puede ser falible, puesto que lo que aparece como evidente en un momento puede revelarse falso posteriormente, y que no tiene en cuenta el carácter histórico de la verdad, reduciéndola a un modelo lógico-intencional que no da cuenta del sentido vivido del mundo.
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1 No he encontrado una versión española de la obra. Puede consultarse el primer tomo de la obra original en este enlace.
2 Edmund Husserl Investigaciones lógicas. Vols. I y II . Primera edición 1999. Alianza Editorial. Madrid.
3 id., vol. I, pág. 67.
4 id., pág. 77.
5 id., pág. 118.
6 id., pág. 179.
7 id., pág. 69. Es una cita de Jaesche.
8 id., vol. II, pág. 489.
9 id., pág. 520.
10 id., pág. 685.
11 id.
12 id., pág. 686.
13 id.
14 id., pág. 686-687.
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