15/11/2025

Nietzsche I. La verdad es una invención del género humano para vivir en sociedad

Friedrich Wilhelm Nietzsche (1844-1900), nació en Röcken, Sajonia, entonces perteneciente al reino de Prusia. Era hijo de un pastor protestante, en una familia de honda raigambre religiosa y con interés por el estudio. Desde muy pequeño mostró un gran sentido del deber y unas convicciones religiosas impropias de su edad. Cuando tenía cinco años falleció su padre de una enfermedad cerebral, y al poco, su hermano pequeño, quedando Nietzsche al cuidado de una familia solo integrada por mujeres.

Mediante una beca ingresó en el internado de la fundación Pforta, uno de los mejores colegios de Alemania en el que habían estudiado Fichte, Schlegel y Novalis, donde recibió una gran formación humanística. Siguiendo la tradición familiar, inició los estudios de teología en la Universidad de Bonn y también los de filología clásica por el gran interés despertado en Pforta. En esta materia tuvo como docente a Friedrich Ritschl, que le llevó a abandonar los estudios de teología y centrarse en los de filología, para lo que siguió al profesor hasta la universidad de Leipzig.

Existen testimonios contradictorios sobre el tipo de vida que llevó durante su época universitaria. Unos hablan de una vida disipada que le llevó a contraer la sífilis, y otros de una vida muy recatada, siempre como un gran entusiasta de la música. Se ha dicho repetidamente que su locura final y muerte fueron debidas a la sífilis contraída en aquella época, pero estudios recientes relacionan sus problemas psiquiátricos con la enfermedad mental que de forma prematura causó la muerte a su padre1.

Dedicado exclusivamente a la filología clásica, publicó numerosos estudios en esta materia. Un hecho determinante para su devenir posterior fue el hallazgo en una librería de viejo de un ejemplar de El mundo como voluntad y representación2 de Schopenhauer, cuya lectura le cautivó, le convirtió en un ferviente seguidor de las tesis schopenhauerianas y desató en él el interés por la filosofía que a partir de entonces le acompañaría siempre.

Estuvo una temporada en el ejército, pero una grave caída de caballo le devolvió a casa y después, de nuevo, a la universidad de Leipzig. Hizo entonces amistad con Wagner que se le presentó como un artista excepcional llamado a superar la decadencia cultural y política de Europa en aquel momento.Tuvo una especial relación con Cósima Liszt, la esposa de Wagner, parece que solo de carácter intelectual. Antes de los veinticinco años obtuvo una cátedra de filología en Basilea.

Su primer libro es El nacimiento de la tragedia. Helenismo y pesimismo3, publicado en 1872, que fue mal recibido por la élite universitaria porque en él se destaca el lado oscuro de la cultura griega. Con la publicación en 1878 de Humano, demasiado humano4, un libro de aforismos en que desmitifica los valores y creencias humanos, rompió con Wagner que volvía al cristianismo con Parsifal.

Los problemas de salud le acompañaron toda su vida, hasta el punto de obligarlo a abandonar la universidad de Basilea en 1879 por agotamiento, dolores de cabeza, vómitos y ceguera, de la que obtuvo una pequeña pensión. A partir de entonces, viajó a menudo entre Francia, Italia y Suiza (Sils-Maria) buscando un clima que aliviara su enfermedad, en un período en que se desarrolla su mayor producción literaria: El viajero y su sombra5 (1879); Aurora6 (1881); La gaya ciencia7 (1882); Así habló Zaratustra8 (1883); Más allá del bien y del mal9 (1886); La genealogia de la moral 10(1887); El crepúsculo de los ídolos (1888); y El anticristo11 (1888).

A finales de 1888 aparecieron los primeros signos de locura. Es muy conocido el incidente que se produjo en una plaza de Turín cuando abrazó llorando a un caballo que su amo golpeaba. Se mantuvo hasta su muerte en un estado crónico de parálisis mental y pérdida de conciencia al cuidado de su madre, y después, de su hermana Elisabeth.

El pensamiento de Nietzsche sobre la verdad atraviesa tres etapas:

  1. La etapa inicial, en que se detecta la influencia de Schopenhauer y la obra más importante es Sobre verdad y mentira en sentido extramoral 12(1873). La verdad es una construcción lingüística en la que el ser humano inventa palabras, metáforas y conceptos que deforman la realidad, de modo que el lenguaje no refleja el mundo, sino que lo crea simbólicamente, y lo que llamamos verdad son convenciones útiles para vivir en sociedad. La verdad aparece entonces como una invención humana.

  2. En la etapa intermedia, que corresponde con las obras Humano, demasiado humano, Aurora y La gaya ciencia, Nietzsche considera que la razón no puede conducir a una verdad universal. Lo que se plantea es el origen del deseo de verdad, a lo que responde que es una manifestación de la voluntad de poder.

  1. En la etapa madura, que representan las obras Así habló Zaratustra, Más allá del bien y del mal y La genealogía de la moral, para Nietzsche toda forma de conocimiento es una perspectiva, y no hay un punto de vista absoluto fuera de la vida, lo que le lleva a afirmar que

    Contra el positivismo, que se queda en el fenómeno «sólo hay hechos», yo diría, no, precisamente no hay hechos, sólo interpretaciones. No podemos constatar ningún factum «en sí»: quizás sea un absurdo querer algo así. «Todo es subjetivo», decís vosotros: pero ya eso es interpretación, el «sujeto» no es algo dado sino algo inventado y añadido, algo puesto por detrás.— ¿Es en última instancia necesario poner aún al intérprete detrás de la interpretación? Ya eso es invención, hipótesis.13

El opúsculo Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, en que por primera vez aborda el origen y el valor de la verdad, fue publicado en 1903, después de la muerte de Nietzsche. En esta obra, dividida en dos secciones, la primera en que critica el lenguaje y la idea de la verdad y la segunda donde pone de relieve la importancia de la creación artística, muestra que lo que se llama verdad no es una representación objetiva del mundo sino una construcción social y lingüística basada en convenciones. Lo que cuestiona Nietzsche es el mismo concepto de verdad.

Nietzsche comienza su exposición mostrando la irrelevancia del conocimiento humano en el universo:

    En algún apartado rincón del universo centelleante, desparramado en innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales inteligentes inventaron el conocimiento. Fue el minuto más altanero y falaz de la “Historia Universal”: pero, a fin de cuentas, sólo un minuto. Tras breves respiraciones de la naturaleza, el astro se heló y los animales inteligentes hubieron de perecer. Alguien podría inventar una fábula semejante pero, con todo, no habría ilustrado suficientemente cuán lastimoso, cuán sombrío y caduco, cuán estéril y arbitrario es el estado en el que se presenta el intelecto humano dentro de la naturaleza. Hubo eternidades en las que no existía; cuando de nuevo se acabe todo para él no habrá sucedido nada, puesto que para ese intelecto no hay ninguna misión ulterior que conduzca más allá de la vida humana.14

Para todos los seres el conocimiento es una forma de afirmación de sí mismos y una manifestación de su poder, pero es un recurso de los débiles:

    Es digno de nota que sea el intelecto quien así obre, él que, sin embargo, sólo ha sido añadido precisamente como un recurso de los seres más infelices, delicados y efímeros, para conservarlos un minuto en la existencia, de la cual, por el contrario, sin ese aditamento tendrían toda clase de motivos para huir tan rápidamente como el hijo de Lessing.15

El orgullo de poseer un intelecto que les permite conocer hace que los hombres se engañen sobre el valor de la existencia, puesto que el intelecto proporciona la más aduladora valoración sobre el conocimiento mismo. El intelecto es entonces un medio de conservación del individuo, y su función principal es fingir, que es el medio por el que sobreviven los individuos débiles.

    En los hombres alcanza su punto culminante este arte de fingir; aquí el engaño, la adulación, la mentira y el fraude, la murmuración, la farsa, el vivir del brillo ajeno, el enmascaramiento, el convencionalismo encubridor, la escenificación ante los demás y ante uno mismo, en una palabra, el revoloteo incesante alrededor de la llama de la vanidad es hasta tal punto regla y ley, que apenas hay nada tan inconcebible como el hecho de que haya podido surgir entre los hombres una inclinación sincera y pura hacia la verdad. Se encuentran profundamente sumergidos en ilusiones y ensueños (...).16

En el estado natural, el individuo, en la medida en que se quiere mantener frente a los demás individuos, utiliza el intelecto y la mayor parte de las veces solamente para fingir. No obstante, puesto que el hombre desea existir en sociedad y quiere evitar un estado de guerra total con los otros necesita un acuerdo que puede ser el primer paso para la consecución de la verdad. Entonces se determina lo que partir de entonces ha de ser verdad, y se origina por primera vez el contraste entre verdad y mentira.

    El mentiroso utiliza las designaciones válidas, las palabras, para hacer aparecer lo irreal como real; dice, por ejemplo, “soy rico” cuando la designación correcta para su estado sería justamente “pobre”. Abusa de las convenciones consolidadas haciendo cambios discrecionales, cuando no invirtiendo los nombres. Si hace esto de manera interesada y que además ocasione perjuicios, la sociedad no confiará ya más en él y, por este motivo, lo expulsará de su seno. Por eso los hombres no huyen tanto de ser engañados como de ser perjudicados mediante el engaño; en este estadio tampoco detestan en rigor el embuste, sino las consecuencias perniciosas, hostiles, de ciertas clases de embustes.17

    La actitud del hombre respecto a la verdad es muy limitada: la desea por sus consecuencias agradables porque mantienen la vida, pero es indiferente al conocimiento puro e incluso hostil frente a las verdades susceptibles de efectos perjudiciales o destructivos. Cabe preguntarse si el lenguaje, que es una convención, expresa adecuadamente la realidad, en el sentido de si concuerdan las designaciones y las cosas.

¿Qué es una palabra? La reproducción en sonidos de un impulso nervioso. Pero inferir además a partir del impulso nervioso la existencia de una causa fuera de nosotros, es ya el resultado de un uso falso e injustificado del principio de razón.18

    Nietzsche denuncia la arbitrariedad y la parcialidad de las designaciones que hace el lenguaje, y señala como dato que los diferentes lenguajes, comparados unos con otros, ponen en evidencia que con las palabras jamás se llega a la verdad ni a una expresión adecuada pues, en caso contrario, no habría tantos lenguajes. La verdad pura, la cosa en sí, es totalmente inalcanzable. Además, el lenguaje se limita a designar las relaciones de las cosas con respecto a los hombres y para expresarlas apela a las metáforas más audaces.

Creemos saber algo de las cosas mismas cuando hablamos de árboles, colores, nieve y flores y no poseemos, sin embargo, más que metáforas de las cosas que no corresponden en absoluto a las esencias primitivas.19

Veamos cómo se forman los conceptos. Una palabra se convierte en concepto en tanto que no se ha de limitar a representar la experiencia individual a la que debe su origen, sino que debe encajar al mismo tiempo con innumerables experiencias más o menos similares, jamás idénticas estrictamente hablando. Es decir, ha de representar casos puramente diferentes.

Todo concepto se forma por equiparación de casos no iguales. Del mismo modo que es cierto que una hoja no es igual a otra, también es cierto que el concepto hoja se ha formado al abandonar de manera arbitraria esas diferencias individuales, al olvidar las notas distintivas, con lo cual se suscita entonces la representación, como si en la naturaleza hubiese algo separado de las hojas que fuese la “hoja”, una especie de arquetipo primigenio a partir del cual todas las hojas habrían sido tejidas, diseñadas, calibradas, coloreadas, onduladas, pintadas, pero por manos tan torpes, que ningún ejemplar resultase ser correcto y fidedigno como copia fiel del arquetipo.20

La omisión de lo individual y de lo real nos proporciona el concepto aunque naturaleza no entiende de conceptos, ni de formas ni de géneros. La formación del concepto no procede de la esencia de las cosas, porque el origen del lenguaje no sigue un proceso lógico.

¿Qué es entonces la verdad? Una hueste en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorfismos, en resumidas cuentas, una suma de relaciones humanas que han sido realzadas, extrapoladas y adornadas poética y retóricamente y que, después de un prolongado uso, un pueblo considera firmes, canónicas y vinculantes; las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son; metáforas que se han vuelto gastadas y sin fuerza sensible, monedas que han perdido su troquelado y no son ahora ya consideradas como monedas, sino como metal.21

El hombre vive en cierta calma y seguridad mediante la invencible creencia en que este sol, esta ventana, esta mesa son una verdad en sí, gracias al hecho de que se olvida de sí mismo como sujeto. Si abandonara esa creencia se terminaría en el acto su “conciencia de sí mismo”.

Le cuesta trabajo reconocer ante sí mismo que el insecto o el pájaro perciben otro mundo completamente diferente al del hombre y que la cuestión de cuál de las dos percepciones del mundo es la correcta carece totalmente de sentido, ya que para decidir sobre ello tendríamos que medir con la medida de la percepción correcta, es decir, con una medida de la que no se dispone. Pero, por lo demás, la “percepción correcta” —es decir, la expresión adecuada de un objeto en el sujeto— me parece un absurdo lleno de contradicciones, puesto que entre dos esferas absolutamente distintas, como lo son el sujeto y el objeto, no hay ninguna causalidad, ninguna exactitud, ninguna expresión, sino, a lo sumo, una conducta estética, quiero decir: un extrapolar alusivo, un traducir balbuciente a un lenguaje completamente extraño, para lo que, en todo caso, se necesita una esfera intermedia y una fuerza mediadora, libres ambas para poetizar e inventar.22

En la segunda parte de Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, Nietzsche convierte su crítica de la verdad en una reivindicación de la vida y del arte, en que a verdad deja de ser el valor supremo y la ilusión creadora se revela como condición de la existencia.

Hemos visto que para el hombre el conocimiento es una ficción útil que mediante los conceptos le ofrece un mundo regular, pero su impulso fundamental hacia la construcción de metáforas le empuja a buscar un nuevo campo para su actividad, y lo encuentra en el mito y, sobre todo, en el arte.

En sí, ciertamente, el hombre despierto solamente adquiere conciencia de que está despierto por medio del rígido y regular tejido de los conceptos y, justamente por eso, cuando en alguna ocasión un tejido de conceptos es desgarrado de repente por el arte llega a creer que sueña.23

El hombre mismo tiene una invencible inclinación a dejarse engañar y está como hechizado por la felicidad cuando el rapsoda le narra cuentos épicos como si fuesen verdades. Con el arte, el intelecto, ese maestro del fingir, se encuentra libre y relevado de su esclavitud habitual tanto tiempo como puede engañar sin causar daño. Jamás es tan exuberante, tan rico, tan soberbio, tan ágil y tan audaz: poseído de placer creador, arroja las metáforas sin orden alguno.

Ese enorme entramado y andamiaje de los conceptos al que de por vida se aferra el hombre indigente para salvarse, es solamente un armazón para el intelecto liberado y un juguete para sus más audaces obras de arte y, cuando lo destruye, lo mezcla desordenadamente y lo vuelve a juntar irónicamente, uniendo lo más diverso y separando lo más afín, pone de manifiesto que no necesita de aquellos recursos de la indigencia y que ahora no se guía por conceptos, sino por intuiciones.24

El conocimiento y el arte son formas de configurar ilusiones. En este punto, Nietzsche distingue el hombre racional del hombre intuitivo. El primero busca seguridad, reglas y utilidad, y construye conceptos fijos, mientras que el segundo vive creativamente, acepta el devenir y transforma la vida en arte.

Hay períodos en los que el hombre racional y el hombre intuitivo caminan juntos; el uno angustiado ante la intuición, el otro mofándose de la abstracción; es tan irracional el último como poco artístico el primero. Ambos ansían dominar la vida: éste sabiendo afrontar las necesidades más imperiosas mediante previsión, prudencia y regularidad; aquél sin ver, como “héroe desbordante de alegría”, esas necesidades y tomando como real solamente la vida disfrazada de apariencia y belleza.25

El hombre racional, guiado por conceptos y abstracciones, solamente conjura la desgracia mediante ellas, sin obtener ningún tipo de felicidad. El hombre intuitivo, que también aspira a liberarse de los dolores, consigue gracias a sus intuiciones, además de conjurar los males, un flujo constante de claridad, animación y liberación. Vive en un estado de juego estético con la realidad: no busca verdades eternas, sino experiencias intensas.

En Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, que como hemos visto es una obra de juventud, quedan prefigurados muchos de los argumentos que Nietzsche desarrollará en obras posteriores. Hasta aquí, la verdad es ilusión, tiene un valor moral ni metafísico, sino pragmático. Es algo creado convencinalmente por el hombre porque necesita creer en ella para sobrevivir, no porque sea real sino porque es útil.

 

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1 Sobre esta cuestión, José María Valverde Nietzsche, de filólogo a anticristo, págs. 14-15. Editorial Planeta, SA. Barcelona 1993.

2 Obra de la que tratamos en diferentes posts de este blog, de los que el primero es este.

3 Friedrich Nietzsche El nacimiento de la tragedia. Helenismo y pesimismo. Colección Letras clásicas. Ed. Valdemar. Madrid 2012.

4 Friedrich Nietzsche Humano demasiado humano. 4ª ed. 1983. Editores Mexicanos Unidos, SA. México.

5 Friedrich Nietzsche El viajero y su sombra. 3ª ed. 1978. Editores Mexicanos Unidos, SA. México.

6 Friedrich Nietzsche Aurora. 2ª ed. 1985. Ediciones P.P.P. SA. Madrid.

7 Friedrich Nietzsche La gaya ciencia. Los esenciales de la filosofía. Tecnos. Madrid 2016.

8 Friedrich Nietzsche Así habló Zaratustra. 6ª ed. 1978. El libro de bolsillo. Alianza Editorial.

9 Friedrich Nietzsche Más allá del bien y del mal. Alianza Editorial. Madrid 1983.

10 Friedrich Nietzsche La genealogía de la moral. Tecnos. Madrid 2003.

11 Friedrich Nietzsche El anticristo. 9ª ed. 1982. El libro de bolsillo. Alianza Editorial.

12 Friedrich Nietzsche Sobre verdad y mentira en sentido extramoral. 3ª edición. Tecnos. Madrid 1996.

13 Friedrich Nietzsche Fragmentos póstumos, vol. IV, pág. 222. Tecnos. Madrid 2006.

14 Sobre verdad..., op. cit., pág. 17.

15 id., pág. 18. Aclaro que el hijo de Lessing murió prematuramente.

16 id., págs. 18-19.

17 id., pág. 20.

18 id., pág. 21.

19 id., pág. 23.

20 id., pág. 23-24.

21 id., pág. 25.

22 id., págs. 29-30.

23 id., pág. 34.

24 id., pág. 36.

25 id., pág. 37.

18/10/2025

William James. El pragmatismo: la verdad es lo que resulta ventajoso

William James (1842-1910) nació en Nueva York en una familia de origen irlandés muy relacionada con las élites intelectuales de su época. Era hijo de un teólogo y hermano mayor del escritor Henry James, el autor de Las bostonianas1. Estudió en Europa, lo que le permitió un dominio del francés y del alemán. Aunque inicialmente se interesó por la pintura, acabó decantándose por los estudios de medicina, que interrumpió para formar parte de una combate. Fue profesor en Harvard, primero de anatomía y fisiología y después de filosofía.

James es uno de los promotores del pensamiento pragmatista, y en este punto, seguidor de Charles Sanders Peirce (1839-1914), para quien el significado de un pensamiento solo es comprensible en relación con la práctica, de modo que para adquirir una comprensión perfecta del pensamiento sobre un objeto debemos preguntarnos qué efectos prácticos puede implicar. Por eso, un significado que no sea práctico no tiene sentido. 

James divulgó las tesis pragmatistas especialmente en un ciclo de conferencias que compiló en 1907 en una de sus obras más conocidas, Pragmatismo. Un nuevo nombre para algunos antiguos modos de pensar2

En la conferencia segunda, El significado del pragmatismo, nos dice que el pragmatismo fue introducido en la filosofía por Charles Peirce en 1878 y que el término se deriva de la palabra griega πραγμα , que significa acción, de la que vienen nuestras palabras práctica y práctico3

Siguiendo a Peirce, James señala que nuestras creencias son realmente reglas para la acción, y conviene que

para desarrollar el significado de un pensamiento necesitamos determinar qué conducta es adecuada para producirlo: tal conducta es para nosotros toda su significación.4

Para lograr una perfecta claridad en nuestros pensamientos de un objeto necesitamos solo considerar qué efectos concebibles de orden práctico puede implicar el objeto, qué sensaciones podemos esperar de él y qué reacciones habremos de preparar. El principio del pragmatismo es que nuestra concepción de tales efectos, sean inmediatos o remotos es para nosotros todo nuestro concepto del objeto, si es que esta concepción tiene algún significado positivo.

La aplicación práctica del principio del pragmatismo propone, ante una disyuntiva entre dos o más términos, preguntarse en qué aspectos variaría el mundo si fuera cierta esta alternativa o la otra. Para James, las ideas contrarias significan prácticamente la misma cosa, y un significado que no sea práctico es como si no existiera5.

Sorprende realmente advertir cuántas discusiones filosóficas perderían su significación si las sometieran a esta sencilla prueba de señalar una consecuencia concreta. No puede haber aquí una diferencia que no repercuta en otra parte: no puede existir diferencia en una verdad abstracta que no tenga su expresión en un hecho concreto y en la conducta consiguiente sobre el hecho, impuesta sobre alguien, de algún modo, en alguna parte y en algún tiempo. Toda la función de la filosofía debería consistir en hallar qué diferencias nos ocurrirían, en determinados instantes de nuestra vida, si fuera cierta esta o aquella fórmula acerca del mundo.6

Por ejemplo, ante la creencia o no en Dios, la respuesta pragmatista es que si dicha creencia provoca un efecto positivo en la persona es verdadera. O en un conflicto personal entre socios de una misma empresa, la solución verdadera para el pragmatismo es la que permita la continuidad de la empresa, que es el objetivo común.

James advierte que el pragmatismo representa la actitud empírica en filosofía, pero de un modo más radical y en una forma menos objetable, porque se aleja de abstracciones e insuficiencias, de soluciones verbales, de malas razones a priori, de principios inmutables, de sistemas cerrados y pretendidos absolutos y orígenes. Se vuelve hacia lo concreto y adecuado, hacia los hechos, hacia la acción y el poder. El pragmatismo significa el predominio del temperamento empirista y el abandono de la actitud racionalista, y no representa ningún resultado especial, porque solamente es un método7. El pragmatismo no implica resultados particulares y no tiene dogmas ni doctrinas, excepto su método8, que es solamente una actitud de orientación.

La actitud de apartarse de las primeras cosas, principios, categorías, supuestas necesidades, y de mirar hacia las cosas últimas, frutos, consecuencias, hechos.9

Se trata, en suma, de una concepción instrumental de la verdad. Utilizando palabras de Schiller y de Dewey, James sugiere que las ideas, que no son sino partes de nuestra experiencia, llegan a ser ciertas en cuanto nos ayudan a entrar en relación satisfactoria con otras partes de nuestra experiencia, a resumirlas y moverse entre ellas mediante atajos conceptuales en lugar de seguir la interminable sucesión de fenómenos particulares10. El proceso es el siguiente:

El individuo posee ya una provisión de viejas opiniones pero se encuentra con una nueva experiencia que las pone a prueba. Alguien las contradice, o, en un momento de reflexión, descubre que se contradicen las unas a las otras; o sabe de hechos con los que son incompatibles; o se suscitan en él deseos que ellas no pueden satisfacer. El resultado es una íntima molestia, a la que su mente ha sido extraña hasta entonces y de la que intenta escapar modificando sus previas masas de opiniones. Salvará de ellas cuantas pueda, pues en cuestiones de creencias somos todos extremadamente conservadores. Tratará de cambiar primero esta opinión, luego aquélla (pues se resistirán éstas a los cambios en grado muy diverso), hasta que finalmente surja alguna nueva idea que él pueda injertar en su vieja provisión con un mínimo de trastorno para ésta: una idea que sirva de intermediaria entre la provisión y la nueva experiencia, ajustándolas de modo feliz y expedito.11

La nueva idea será adaptada como verdadera. Preservará la vieja provisión de verdades con un mínimo de modificación, ensanchándolas lo suficiente para hacer admitir la nueva, pero concibiendo ésta tan familiarmente como el caso lo permita.

Una nueva idea cuenta como verdadera en cuanto satisface el deseo individual de asimilar la nueva experiencia a su provisión personal de creencias.12

James reconoce la extrañeza que puede causar decir que una idea es verdadera en tanto que creerla es beneficioso para nuestras vidas. Y aún admitiendo que una es buena porque es útil. ¿no supone un extraño uso, y erróneo, emplear la palabra verdad para llamar a las ideas verdaderas por esta razón?13 A lo que responde James que

la verdad es una especie de lo bueno y no como se supone corrientemente una categoría distinta de aquello coordinada con ello. La verdad es el nombre de cuanto en sí mismo demuestra ser bueno como creencia y bueno también por razones evidentes y definidas.14

Esta concepción de la verdad sugiere una dificultad: si una idea puede ayudarnos para orientarnos mejor en la vida, entonces sería realmente mejor para nosotros creer en tal idea, salvo que la creencia en ella no entrara en conflicto incidentalmente con otras ventajas vitales mayores. ¿con qué beneficios vitales se halla más expuesta a chocar cualquier creencia particular nuestra?

el enemigo mayor de cualquiera de nuestras verdades puede serlo el resto de nuestras verdades.15

Porque las verdades poseen siempre un desesperado instinto de autoconservación y deseo de aniquilar a lo que las contradice. Pero lo que aporta el pragmatismo es una actitud mediadora y conciliadora, que suaviza nuestras teorías:

En efecto, carece de prejuicios, de dogmas obstructivos y de cánones rígidos a los que apelar. Es completamente afable. Examinará cualquier hipótesis, considerará cualquier evidencia. Por esto en el campo religioso tiene gran ventaja sobre el positivismo empírico, de base antiteológica; y sobre el racionalismo religioso, caracterizado por un exclusivo interés en lo remoto, lo noble, lo sencillo y lo abstracto en el curso de la concepción.16

Para la cuestión de la existencia de Dios el pragmatismo ofrece un método que amplía el campo de búsqueda, ofreciendo ventajas respecto de las tesis tradicionales:

El racionalismo se aferra a lo lógico y al empíreo; el empirismo, a los sentidos externos. El pragmatismo se halla dispuesto a ambas cosas, a seguir lo lógico o los sentidos y a tener en cuenta la más humilde y la mayor parte de las experiencias personales. Tendrá en cuenta las experiencias místicas, si poseen consecuencias prácticas. Admitirá un Dios que habite en el polvo mismo de los hechos particulares, si le parece un lugar verosímil para encontrarlo.17

En la conferencia sexta, Concepción de la verdad según el pragmatismo, James introduce la cuestión a partir de la definición de verdad que contienen los diccionarios, que la consideran una propiedad de nuestras ideas y que significa adecuación con la realidad, así como la falsedad significa inadecuación con ella. Tanto el pragmatismo como el intelectualismo aceptan esta definición, y discuten sólo cuando surge la cuestión de qué ha de entenderse por los términos adecuación y realidad, cuando se juzga a la realidad como algo con lo que hayan de estar de acuerdo nuestras ideas18

La noción más popular es que una idea verdadera debe copiar su realidad. Esto es realidad cuando se trata de reproducir cosas sensibles, como la idea de un reloj, nos dice James, pero cuando hablamos de cómo funciona el reloj, o de la función del reloj de marcar la hora, o de la elasticidad de su cuerda, es difícil desentrañar de qué son copias sus ideas.

Para los intelectualistas, la verdad significa esencialmente una relación estática inerte. Cuando se alcanza la idea verdadera de algo, se ha llegado al término de la cuestión, no es necesario ir más allá de esta culminación de su destino racional y se ha llegado a un estado de equilibrio.

En cambio, el pragmatismo, admitida como cierta una idea o creencia, se pregunta

¿qué diferencia concreta se deducirá de ello para la vida real de un individuo? ¿Cómo se realizará la verdad? ¿Qué experiencias serán diferentes de las que se obtendrían si estas creencias fueran falsas? En resumen, ¿cuál es, en términos de experiencia, el valor efectivo de la verdad?19

Lo que pregunta del pragmatismo comprende la respuesta:

Ideas verdaderas son las que podemos asimilar, hacer válidas, corroborar y verificar; ideas falsas, son las que no. Esta es la diferencia práctica que supone para nosotros tener ideas verdaderas; éste es, por lo tanto, el significado de la verdad, pues ello es todo lo que es conocido de la verdad.20

La tesis de James es que la verdad de una idea no es una propiedad estancada inherente a ella. La verdad acontece a una idea. Llega a ser cierta, se hace cierta por los acontecimientos. Su verdad es, en efecto, un proceso, el proceso de verificarse, su verificación. Su validez es el proceso de su validación.

La verdad es entonces algo esencialmente ligado con el modo en el que un momento de nuestra experiencia puede conducirnos hacia otros momentos a los que vale la pena de ser conducidos21.

Es algo indiscutible que nuestra experiencia se encuentra llena de regularidades. Una partícula de ella puede ponernos sobre aviso para alcanzar pronto otra y puede proponerse o ser significativa de ese objeto más remoto. El advenimiento del objeto es la verificación del significado. La verdad, en estos casos, que significa la verificación eventual, es manifiestamente incompatible con la desobediencia por nuestra parte. Por realidades u objetos entiende James aquí cosas del sentido común, sensiblemente presentes, o bien relaciones de sentido común tales como fechas, lugares, distancias, géneros, actividades. Tales orientaciones simple y plenamente verificadas son, sin duda alguna, los originales y arquetipos en el proceso de la verdad.

La verdad descansa en su mayor parte sobre su sistema de crédito. Nuestros pensamientos y creencias pasan en tanto ue no haya nadie que los ponga a prueba. Todo esto apunta a una verificación directa en alguna parte sin la que la estructura de la verdad se derrumba. Dice James: ustedes aceptan mi verificación de una cosa, yo la de otra de ustedes. Comerciamos uno con las verdades del otro, pero las creencias concretamente verificadas por alguien son los pilares de toda la superestructura22.

Además de la economía de tiempo, otra razón para renunciar a una verificación completa en los asuntos usuales de la vida, es que todas las cosas existen en géneros y no singularmente. Así, una vez verificadas directamente nuestras ideas sobre el ejemplar de un género nos consideramos libres de aplicarlos a otros ejemplares sin verificación. 

Una mente que habitualmente discierne el género de una cosa que está ante ella y actúa inmediatamente por la ley del género sin detenerse a verificarla, será una mente exacta en el noventa y nueve por ciento de los casos, probado así por su conducta que se acomoda a todo lo que encuentra y no sufre refutación. Por eso

Los procesos que se verifican indirectamente o sólo potencialmente, pueden, pues, ser tan verdaderos como los procesos plenamente verificados. Actúan como actuarían los procesos verdaderos, nos proporcionan las mismas ventajas y solicitan nuestro reconocimiento por las mismas razones. Todo esto en el plano del sentido común de los hechos, que es lo único que ahora estamos considerando.23

La interpretación de la verdad de James es una interpretación de verdades, en plural, de procesos de conducción realizados in rebus, con esta única cualidad en común, que nos conducen en o hacia alguna parte de un sistema que penetra en numerosos puntos de lo percibido por los sentidos, que podemos copiar o no mentalmente, pero con los que en cualquier caso nos hallamos en una clase de relación vagamente designada como verificación.

La verdad para nosotros es simplemente un nombre colectivo para los procesos de verificación, igual que la salud, la riqueza, la fuerza, etcétera, son nombres para otros procesos conectados con la vida, y también proseguidos porque su prosecución retribuye. La verdad se hace lo mismo que se hacen la salud, la riqueza y la fuerza en el curso de la experiencia.24

La cualidad de la verdad, obtenida ante rem, significa pragmáticamente el hecho de que en un mundo tal, innumerables ideas actúan mejor por su verificación indirecta o posible que por la directa y real. Así, pues, verdad ante rem significa solamente verificabilidad (...).25

La crítica de las tesis pragmatistas sobre la verdad de James pone de relieve que identificar la verdad con la utilidad práctica conduce al relativismo y a negar la verdad objetiva. Además, fundamentar la verdad en la experiencia personal lleva a una subjetividad extrema que excluye verdades más allá de la persona individual, y desde luego las verdades universales. También se ha criticado la identificación de la verdad con la utilidad, ya que incluso semánticamente, decir que algo es útil no es lo mismo que decir que es verdadero.

 

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1 Henry James Las bostonianas. Random House. Barcelona 2006.

2 William James Pragmatismo. Un nuevo nombre para algunos antiguos modos de pensar. Ediciones Orbis, SA. Barcelona 1984.

3 Pragmatismo..., op. cit., págs. 46-47.

4 id. pág. 47.

5 id., pág. 48.

6 id. págs. 48-49.

7 id., pág. 49.

8 id., pág. 50.

9 id., pág. 51.

10 id., pág. 52.

11 id., pág. 53.

12 id., pág. 55.

13 id., pág. 61.

14 id.

15 id., pág. 62.

16 id., pág. 63.

17 id.

18 id., pág. 130.

19 id., pág. 131.

20 id.

21 id., pág. 133.

22 id., págs. 133-135.

23 id., pág. 135.

24 id., pág. 140.

25 id., pág. 141.

20/09/2025

John Stuart Mill. Utilitarismo y lógica. La inducción como método.

 

John Stuart Mill (1806-1873) es uno de los máximos exponentes del pensamiento utilitarista, que fundamenta la moral en la utilidad, considerando que las acciones son buenas si están orientadas a promover la felicidad entendida como placer y ausencia de dolor, y tanto más en cuanto consiguen la felicidad para el máximo número de personas.

Londinense, era hijo de James Mill, filósofo utilitarista y amigo personal del creador de la corriente utilitarista Jeremy Bentham. Sabemos muchos detalles de su vida porque publicó una interesante Autobiografía1. Recibió una intensa y muy precoz educación de la que se encargó su padre para hacer de él un reformador de la sociedad. Tuvo acceso a los clásicos muy tempranamente, pues inició sus estudios de griego a los tres años y de latín a los seis, y su formación se extendió a la historia, las matemáticas, la física e incluso a la economía, con exclusión de la metafísica y la religión por expreso deseo del padre. Apartado del trato con chicos de su edad, diría más adelante que no había tenido infancia.

Con diecisiete años entró a trabajar por mediación de su padre en la Compañía de las Indias Orientales, donde obtuvo un sueldo desorbitado y como lo que se esperaba de él lo finalizaba en tres o cuatro horas, podía dedicarse a sus otros intereses. La gran actividad desplegada le llevó a un estado de depresión, del que salió para dedicarse a una obra polifacética que abarca como materias principales la política, la economía, la psicología, la religión y la lógica. Nunca ocupó una cátedra universitaria. Fue diputado en la Cámara de los Comunes durante una legislatura, en la que defendió los derechos de las mujeres y de los trabajadores, consiguió que hubiera vagones de trenes para no fumadores y el reconocimiento del derecho a las reuniones públicas en los parques, que dio lugar a la creación del Speakers Corner de Londres. Murió de tuberculosis en Avignon.

Sus obras principales son Consideraciones sobre el gobierno representativo, Sobre la libertad2, El utilitarismo3, Principios de economía política4, Tres ensayos sobre la religión5, y la obra que trataremos a continuación, Un sistema de lógica inductiva6, en que se expone su teoría del conocimiento.

Mill escribió Un sistema de lógica inductiva para explicar cómo funciona el conocimiento humano y especialmente el proceso de inferencia, es decir, cómo se derivan conclusiones a partir de premisas o hipótesis iniciales. Su estudio se orienta fundamentalmente a justificar la inducción en que el conocimiento se obtiene pasando de lo particular a lo general de manera que a partir de la observación de casos particulares se obtiene una conclusión universal.

Mill comienza su exposición advirtiendo que se ha definido y tratado la lógica de muchas maneras por los autores, y que esto es una consecuencia del estado imperfecto de las ciencias7. Se ha definido la lógica como la ciencia y el arte del raciocinio8, pero Mill considera que la palabra raciocinio es ambigua, porque en una primera acepción representa el acto de silogizar mientras que en segundo término es inferir un aserto de otros ya admitidos. Aunque los autores en general se han decantado por la primera acepción, Mill se decanta por la segunda, que tiene un significado más amplio9, y se propone encontrar una nueva definición de lógica.

Para ello, indaga por qué vías accedemos al conocimiento de verdades:

Las verdades nos son conocidas por dos vías. Algunas lo son directamente y por sí mismas; otras por el intermediario de otras verdades. Las primeras son objetos de intuición o de conciencia, las segundas de inferencia. Estando fundada nuestra aquiescencia a una conclusión en la verdad de las premisas, no podríamos nunca llegar por el razonamiento a un conocimiento, si no pudiésemos conocer ya alguna cosa antes de todo razonamiento.

Nuestras sensaciones corporales y nuestras afecciones mentales son ejemplos de verdades inmediatamente conocidas por la conciencia. Yo sé directamente y por mi mismo que ayer estuve triste y que hoy tengo hambre. Los hechos que han tenido lugar fuera de nuestra presencia, los acontecimientos narrados por la Historia, los teoremas de las Matemáticas, son ejemplos de verdades conocidas solamente por vía de inferencia. Inferimos las dos primeras del atestado de los testigos del hecho o de las huellas que estos acontecimientos han podido dejar; la ultima, de las premisas establecidas en los tratados de Geometría bajo el título de definiciones y axiomas, Todo lo que somos capaces de conocer debe pertenecer a una o a la otra de estas dos clases de verdades: debe ser uno de los data primitivos o una de las conclusiones que de estos puede ser sacada.10

Pero nosotros podemos imaginarnos que percibimos o sentimos lo que en realidad inferimos. Por ejemplo, la percepción de la distancia por el ojo, que nos puede parecer una intuición, pero que es en realidad una ilación fundada en la experiencia11. Por eso, Mill considera que una parte esencial de la ciencia qué expone las operaciones del entendimiento humano en la investigación de la verdad ha de determinar cuáles son los hechos que son objeto de intuición o conciencia, y cuáles los que inferimos. Esta investigación nunca se ha considerado, hasta el momento en que Mill escribe esto, que forme parte de la lógica sino de otro campo de la ciencia completamente distinto que es la metafísica12. Pero el círculo de la lógica debe limitarse a aquella parte de nuestro conocimiento que consta de ilaciones hechas de verdades previamente conocidas, tanto si estos datos anteriores son proposiciones generales como observaciones particulares y percepciones.

La Lógica no es la ciencia de la creencia, sino de la prueba. Cuando una creencia pretende ser fundada en pruebas, el oficio propio de la Lógica es suministrar una piedra de toque para verificar la solidez de estos fundamentos. En cuanto a los títulos que una proposición puede tener a la creencia en la prueba única de la conciencia (es decir, en sentido riguroso, sin prueba), la Lógica no tiene nada que ver en ello.13

La mayor parte de nuestros conocimientos, dice Mill, son objeto de ilación, tanto de verdades generales como de hechos particulares, por lo que no solamente las verdades de la ciencia, sino también las verdades de la conducta humana están sujetas a la autoridad de la lógica.

Sacar consecuencias, como se ha dicho, la gran ocupación de la vida. Cada día, a todas horas, en cada instante tenemos necesidad de comprobar hechos que no hemos observado directamente, no con el fin de aumentar la suma de nuestros conocimientos, sino porque estos hechos tienen por sí mismos importancia para nuestros intereses u ocupaciones. La tarea del magistrado, del general, del navegante, del medico, del agricultor es apreciar las razones de creer y de obrar en consecuencia. Todos tienen que cerciorarse de ciertos hechos, para luego aplicar ciertas reglas de conducta imaginadas por ellos mismos o prescriptas por otros; y según lo hacen bien o mal, realizan bien o mal su misión. Esta es la única ocupación en la cual no cesa un momento el espíritu. Pertenece al conocimiento en general y no a la Lógica.14

La lógica no es lo mismo que la ciencia. Todas las ciencias se componen de datos y conclusiones de estos datos, de pruebas y de lo que estas prueban; pues bien, la lógica indica qué relaciones deben existir entre los datos y lo que de ellos puede concluirse, entre la prueba y todo lo que esta puede probar. Toda conclusión exacta, verificada en cualquier tiempo, todo conocimiento adquirido de un modo que no sea la intuición inmediata, depende de la observancia de las leyes cuya investigación es atribución de la lógica. Si las conclusiones son justas y el conocimiento real, sabidas o no, han sido observadas estas leyes.

La Lógica es el juez común y el árbitro de todas las investigaciones particulares. No trata de encontrar la prueba, sino que decide si ha sido hallada.

La Lógica no observa, no inventa, no descubre; juzga. No es la Lógica la que le enseña al médico cuales son los signos de una muerte violenta; debe aprenderlo por su propia experiencia o por la de aquellos que antes de el se entregaron a este particular estudio. Pero la Lógica juzga y decide si esta experiencia garantiza suficientemente sus reglas, y si sus reglas justifican suficientemente su práctica. La Lógica no le suministra las pruebas, pero le enseña como y por que son pruebas y el medio de apreciar su valor. No demuestra que tal hecho particular pruebe este otro, sino que indica las condiciones generales bajo las cuales los hechos pueden probar otros hechos. En cuanto a decidir si un hecho dado llena estas condiciones o si puede haber hechos que las llenen en un caso dado, esto se refiere exclusivamente a la ciencia o al arte interesados en esta investigación.15

Por eso nos dice Mill, recordando palabras de Bacon, que la lógica es ars artium, la ciencia de la ciencia misma16. Y concluye aportando su definición de lógica:

La Lógica, pues, es la ciencia de las operaciones intelectuales que sirven para estimación de la prueba, es decir, a la vez del procedimiento general consistente en ir de lo conocido a lo desconocido, y de las demás operaciones del espíritu en cuanto auxiliares de éste.17

La lógica incluye la operación de denominar, de dar nombres, pues el lenguaje es un instrumento de la inteligencia y un medio para comunicar nuestros pensamientos. Incluye también la definición y la clasificación; por cuanto, no tomando en consideración más que nuestra propia inteligencia, el uso de estas operaciones sirve, no solo para fijar en la memoria y poner así a nuestra disposición las pruebas evidentes y las conclusiones que de ellas sacamos, sino también para ordenar los hechos que en cualquier tiempo nos veamos obligados a investigar, de modo que podamos más claramente percibir qué evidencia tienen, y juzgar con menos riesgo de equivocarnos si es o no suficiente18.

Mill afirma que la inducción es el medio de descubrir y probar las verdades generales:

La inducción, por consiguiente, es la operación del espíritu por la cual inferimos que lo que sabemos ser verdadero en uno o varios casos particulares, será verdadero en todos los casos que se parezcan a los primeros bajo ciertas relaciones asignables. En otros términos, la inducción es el procedimiento por el cual concluimos que lo que os verdadero de ciertos individuos de una clase es verdadero de toda la clase, o que lo que es verdadero algunas veces, lo será siempre en circunstancias semejantes.19

La inducción puede ser definida como una generalización de la experiencia. Consiste en inferir de algunos casos particulares en que un fenómeno es observado, qué se encontrará en todos los casos de una determinada clase, es decir, en todos los casos que se parezcan a los primeros en lo que ofrecen de esencial. Hay un principio implicado en el enunciado mismo de lo que es la inducción, un postulado relativo al curso de la Naturaleza y al orden del universo, que es que hay en la Naturaleza casos paralelos, de modo que lo que sucede una vez sucederá también en circunstancias bastante semejantes, y sucederá siempre que las dichas circunstancias se presenten20.

La proposición de que el curso de la Naturaleza es uniforme es el principio fundamental de la inducción21. Ahora bien, el curso de la Naturaleza no es uniforme solamente, es también infinitamente variado22 . La inducción natural conduce a dar el carácter de verdades generales a todas las proposiciones que son verdaderas en todos los casos conocidos, que da lugar al hábito de esperar que lo que se ha encontrado ser verdad una o varias veces y no se ha visto ser falso todavía, será verdad siempre.

Pero aunque todos tengamos una propensión a generalizar según una experiencia constante, no tenemos siempre para ello una garantía suficiente. Para tener derecho a afirmar que una cosa es verdad universalmente, porque no hemos visto jamás ejemplo de lo contrario, sería preciso estar autorizado para creer que si esos ejemplos contrarios existiesen, nosotros los conoceríamos, y esta seguridad, en la mayoría de los casos, no podemos tenerla sino en un grado muy débil o en ningún grado.23

La inducción por simple enumeración puede, en algunos casos notables, equivaler prácticamente a la prueba. No se puede, sin embargo, tener esta seguridad en ninguno de los asuntos ordinarios de la investigación científica. Las nociones populares están habitualmente fundadas en la inducción por simple enumeración, pero en la ciencia esta inducción nos hace adelantar muy poco. Estamos obligados a comenzar con ella, pero para el estudio exacto de la naturaleza, tenemos necesidad de un instrumento más poderoso y más seguro24.

La uniformidad de la naturaleza no es propiamente uniformidad, sino que consiste en uniformidades, y la regularidad general resulta de la coexistencia de las regularidades parciales. El curso de la Naturaleza en general es constante, porque el curso de sus diversos fenómenos lo es. Un hecho tiene lugar invariablemente cuando ciertas circunstancias se presentan, y no tiene lugar cuando no se presentan. Lo mismo sucede con otro hecho, y así con todos25.

La uniformidad de la naturaleza constituye un hecho complejo compuesto de todas las uniformidades separadas de cada fenómeno. Cuando estas diversas uniformidades son comprobadas por una inducción juzgada suficiente, se las llama comúnmente leyes de la naturaleza. Las uniformidades complejas no son sino casos de uniformidades más simples, y están, por consiguiente, virtualmente afirmadas cuando éstas lo son. Las leyes de la naturaleza son son las proposiciones generales menos numerosas de las cuales podrían ser inferidas deductivamente todas las uniformidades de la naturaleza26.

Toda generalización inductiva bien fundada es una ley de la Naturaleza o un resultado de las leyes de la Naturaleza, susceptible, si estas leyes son conocidas, de ser previsto. El problema de la lógica inductiva puede así resumirse en estas dos cuestiones: ¿Cómo comprobar las leyes de la Naturaleza, y cómo, después de haberlas comprobado, seguirlas en sus resultados?27

Mill propone dos métodos para separar del grupo de las circunstancias que preceden o siguen a un fenómeno aquellas otras a las cuales está realmente ligado por una ley inviolable.

El uno consiste en comparar los diferentes casos en los que el fenómeno se presenta; el otro, en comparar los casos en que el fenómeno tiene lugar con casos semejantes bajo otros aspectos, pero en los cuales no se presenta. Se puede llamar a estos dos métodos, el uno método de concordancia; el otro, método de diferencia.28

Del método de concordancia, Mill deduce el primer canon:

Si dos o más fenómenos objeto de la investigación tienen solamente una circunstancia común, la circunstancia en la cual todos los casos concuerdan es la causa (o el efecto) del fenómeno.29

Del método de diferencia extrae el siguiente canon:

Si un caso en el cual el fenómeno se presenta y un caso en que no se presenta tienen todas las circunstancias comunes, fuera de una sola, presentándose ésta solamente en el primer caso, la circunstancia única en la cual difieren los dos casos es el efecto, o la causa, o parte indispensable de la causa, del fenómeno.30

De la aplicación combinada de los dos métodos anteriores surge el método conjunto de concordancia y diferencia, del que se deriva el siguiente canon:

Si dos casos o más en los cuáles se efectúa el fenómeno tienen una sola circunstancia común, mientras que dos casos o más en los cuales no se efectúa no tienen más de común que la ausencia de esta circunstancia, la circunstancia por la cual únicamente difieren los dos grupos de casos es el efecto, o la causa, o una parte necesaria de la causa del fenómeno.31

Mill propone dos métodos complementarios: el método de residuos y el método de las variaciones concomitantes.

En el método de residuos, una vez separado de un fenómeno dado todo lo que en virtud de  indicaciones anteriores puede ser atribuido a causas comunes conocidas, lo que reste será el efecto de los antecedentes que han sido despreciados o cuyo efecto era aún una cantidad desconocida32. El canon resultante es el siguiente:

Separad de un fenómeno la parte que se sabe, por inducciones anteriores, ser el efecto de ciertos antecedentes, y el residuo del fenómeno es el efecto de los antecedentes restantes.33

Para la clase de leyes que no es posible determinar por ninguno de los tres métodos anteriores, que se refieren, dice Mill, a esos agentes naturales indestructibles que es a la vez imposible excluir y  aislar, que no podemos ni impedir que se presenten, ni impedir que se presenten solos, existe el método de observar la relación proporcional entre dos fenómenos que varían a la vez con lo que llama el método de las variaciones concomitantes34. Su canon es el siguiente:

Un fenómeno que varia de cierta manera, siempre que otro fenómeno varía de la misma manera, es, o una causa o un efecto de este fenómeno, o está ligado a él por algún hecho de causación.35

Para Mill el conocimiento científico se apoya en el descubrimiento de leyes causales. No basta con describir fenómenos, hay que identificar los nexos que los producen.

La causa, pues, filosóficamente hablando, es la suma de las condiciones positivas y negativas tomadas juntas, el total de las contingencias de toda naturaleza, que siendo realizadas, hacen que siga el consiguiente de toda necesidad. Las condiciones negativas del fenómeno, cuya enumeración en detalle sería muy larga, pueden resumirse en un solo hecho, a saber: la ausencia de causas preventivas o contrarias36.

Toda inducción es provisional, porque puede ser modificada o corregida por observaciones o experimentos posteriores. Esto llevaba, como recordaremos, a Hume y a los empiristas a un callejón sin salida del que intentó salir Kant, y debilita los fundamentos de la teoría de conocimiento de Mill, que ha hecho que algunos autores consideren que lo que expone Mill no es en sentido estricto una lógica sino una metodología de investigación.

 

___________________________________________________ 

1 John Stuart Mill, Autobiografía. El libro de bolsillo. Filosofía. Alianza Editorial 2008.

2 John Stuart Mill, Sobre la libertad. El utilitarismo. Colección Historia del pensamiento núm. 57. Ediciones Orbis. Barcelona 1984.

3 id.

4 John Stuart Mill, Principios de economía política. Fondo de Cultura Económica. México 1943.

5 John Stuart Mill, Tres ensayos sobre la religión. Editorial Trotta. Madrid 2014.

6 John Stuart Mill, Un sistema de lógica inductiva. Daniel Jorro editor. Madrid 1917.

7 id., pág. 9.

8 id., pág. 10.

9 id., pág. 11.

10 id., págs. 13.

11 id., págs. 14.

12 id., pág. 15.

13 id., pág. 16.

14 id.

15 id., págs. 17.

16 id.

17 id., pág. 19.

18 id.

19 id., pág. 292.

20 id., pág. 306.

21 id., pág. 308.

22 id., pág. 310.

23 id., pág. 311.

24 id.

25 id., pág. 315.

26 id., pág. 316.

27 id., pág. 317.

28 id., pág. 366.

29 id., pág. 369.

30 id., pág. 370.

31 id., pág. 376.

32 id., pág. 377.

33 id., pág. 378.

34 id.

35 id., pág. 379.

36 id., pág. 332.

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