20/09/2025

John Stuart Mill. Utilitarismo y lógica. La inducción como método.

 

John Stuart Mill (1806-1873) es uno de los máximos exponentes del pensamiento utilitarista, que fundamenta la moral en la utilidad, considerando que las acciones son buenas si están orientadas a promover la felicidad entendida como placer y ausencia de dolor, y tanto más en cuanto consiguen la felicidad para el máximo número de personas.

Londinense, era hijo de James Mill, filósofo utilitarista y amigo personal del creador de la corriente utilitarista Jeremy Bentham. Sabemos muchos detalles de su vida porque publicó una interesante Autobiografía1. Recibió una intensa y muy precoz educación de la que se encargó su padre para hacer de él un reformador de la sociedad. Tuvo acceso a los clásicos muy tempranamente, pues inició sus estudios de griego a los tres años y de latín a los seis, y su formación se extendió a la historia, las matemáticas, la física e incluso a la economía, con exclusión de la metafísica y la religión por expreso deseo del padre. Apartado del trato con chicos de su edad, diría más adelante que no había tenido infancia.

Con diecisiete años entró a trabajar por mediación de su padre en la Compañía de las Indias Orientales, donde obtuvo un sueldo desorbitado y como lo que se esperaba de él lo finalizaba en tres o cuatro horas, podía dedicarse a sus otros intereses. La gran actividad desplegada le llevó a un estado de depresión, del que salió para dedicarse a una obra polifacética que abarca como materias principales la política, la economía, la psicología, la religión y la lógica. Nunca ocupó una cátedra universitaria. Fue diputado en la Cámara de los Comunes durante una legislatura, en la que defendió los derechos de las mujeres y de los trabajadores, consiguió que hubiera vagones de trenes para no fumadores y el reconocimiento del derecho a las reuniones públicas en los parques, que dio lugar a la creación del Speakers Corner de Londres. Murió de tuberculosis en Avignon.

Sus obras principales son Consideraciones sobre el gobierno representativo, Sobre la libertad2, El utilitarismo3, Principios de economía política4, Tres ensayos sobre la religión5, y la obra que trataremos a continuación, Un sistema de lógica inductiva6, en que se expone su teoría del conocimiento.

Mill escribió Un sistema de lógica inductiva para explicar cómo funciona el conocimiento humano y especialmente el proceso de inferencia, es decir, cómo se derivan conclusiones a partir de premisas o hipótesis iniciales. Su estudio se orienta fundamentalmente a justificar la inducción en que el conocimiento se obtiene pasando de lo particular a lo general de manera que a partir de la observación de casos particulares se obtiene una conclusión universal.

Mill comienza su exposición advirtiendo que se ha definido y tratado la lógica de muchas maneras por los autores, y que esto es una consecuencia del estado imperfecto de las ciencias7. Se ha definido la lógica como la ciencia y el arte del raciocinio8, pero Mill considera que la palabra raciocinio es ambigua, porque en una primera acepción representa el acto de silogizar mientras que en segundo término es inferir un aserto de otros ya admitidos. Aunque los autores en general se han decantado por la primera acepción, Mill se decanta por la segunda, que tiene un significado más amplio9, y se propone encontrar una nueva definición de lógica.

Para ello, indaga por qué vías accedemos al conocimiento de verdades:

Las verdades nos son conocidas por dos vías. Algunas lo son directamente y por sí mismas; otras por el intermediario de otras verdades. Las primeras son objetos de intuición o de conciencia, las segundas de inferencia. Estando fundada nuestra aquiescencia a una conclusión en la verdad de las premisas, no podríamos nunca llegar por el razonamiento a un conocimiento, si no pudiésemos conocer ya alguna cosa antes de todo razonamiento.

Nuestras sensaciones corporales y nuestras afecciones mentales son ejemplos de verdades inmediatamente conocidas por la conciencia. Yo sé directamente y por mi mismo que ayer estuve triste y que hoy tengo hambre. Los hechos que han tenido lugar fuera de nuestra presencia, los acontecimientos narrados por la Historia, los teoremas de las Matemáticas, son ejemplos de verdades conocidas solamente por vía de inferencia. Inferimos las dos primeras del atestado de los testigos del hecho o de las huellas que estos acontecimientos han podido dejar; la ultima, de las premisas establecidas en los tratados de Geometría bajo el título de definiciones y axiomas, Todo lo que somos capaces de conocer debe pertenecer a una o a la otra de estas dos clases de verdades: debe ser uno de los data primitivos o una de las conclusiones que de estos puede ser sacada.10

Pero nosotros podemos imaginarnos que percibimos o sentimos lo que en realidad inferimos. Por ejemplo, la percepción de la distancia por el ojo, que nos puede parecer una intuición, pero que es en realidad una ilación fundada en la experiencia11. Por eso, Mill considera que una parte esencial de la ciencia qué expone las operaciones del entendimiento humano en la investigación de la verdad ha de determinar cuáles son los hechos que son objeto de intuición o conciencia, y cuáles los que inferimos. Esta investigación nunca se ha considerado, hasta el momento en que Mill escribe esto, que forme parte de la lógica sino de otro campo de la ciencia completamente distinto que es la metafísica12. Pero el círculo de la lógica debe limitarse a aquella parte de nuestro conocimiento que consta de ilaciones hechas de verdades previamente conocidas, tanto si estos datos anteriores son proposiciones generales como observaciones particulares y percepciones.

La Lógica no es la ciencia de la creencia, sino de la prueba. Cuando una creencia pretende ser fundada en pruebas, el oficio propio de la Lógica es suministrar una piedra de toque para verificar la solidez de estos fundamentos. En cuanto a los títulos que una proposición puede tener a la creencia en la prueba única de la conciencia (es decir, en sentido riguroso, sin prueba), la Lógica no tiene nada que ver en ello.13

La mayor parte de nuestros conocimientos, dice Mill, son objeto de ilación, tanto de verdades generales como de hechos particulares, por lo que no solamente las verdades de la ciencia, sino también las verdades de la conducta humana están sujetas a la autoridad de la lógica.

Sacar consecuencias, como se ha dicho, la gran ocupación de la vida. Cada día, a todas horas, en cada instante tenemos necesidad de comprobar hechos que no hemos observado directamente, no con el fin de aumentar la suma de nuestros conocimientos, sino porque estos hechos tienen por sí mismos importancia para nuestros intereses u ocupaciones. La tarea del magistrado, del general, del navegante, del medico, del agricultor es apreciar las razones de creer y de obrar en consecuencia. Todos tienen que cerciorarse de ciertos hechos, para luego aplicar ciertas reglas de conducta imaginadas por ellos mismos o prescriptas por otros; y según lo hacen bien o mal, realizan bien o mal su misión. Esta es la única ocupación en la cual no cesa un momento el espíritu. Pertenece al conocimiento en general y no a la Lógica.14

La lógica no es lo mismo que la ciencia. Todas las ciencias se componen de datos y conclusiones de estos datos, de pruebas y de lo que estas prueban; pues bien, la lógica indica qué relaciones deben existir entre los datos y lo que de ellos puede concluirse, entre la prueba y todo lo que esta puede probar. Toda conclusión exacta, verificada en cualquier tiempo, todo conocimiento adquirido de un modo que no sea la intuición inmediata, depende de la observancia de las leyes cuya investigación es atribución de la lógica. Si las conclusiones son justas y el conocimiento real, sabidas o no, han sido observadas estas leyes.

La Lógica es el juez común y el árbitro de todas las investigaciones particulares. No trata de encontrar la prueba, sino que decide si ha sido hallada.

La Lógica no observa, no inventa, no descubre; juzga. No es la Lógica la que le enseña al médico cuales son los signos de una muerte violenta; debe aprenderlo por su propia experiencia o por la de aquellos que antes de el se entregaron a este particular estudio. Pero la Lógica juzga y decide si esta experiencia garantiza suficientemente sus reglas, y si sus reglas justifican suficientemente su práctica. La Lógica no le suministra las pruebas, pero le enseña como y por que son pruebas y el medio de apreciar su valor. No demuestra que tal hecho particular pruebe este otro, sino que indica las condiciones generales bajo las cuales los hechos pueden probar otros hechos. En cuanto a decidir si un hecho dado llena estas condiciones o si puede haber hechos que las llenen en un caso dado, esto se refiere exclusivamente a la ciencia o al arte interesados en esta investigación.15

Por eso nos dice Mill, recordando palabras de Bacon, que la lógica es ars artium, la ciencia de la ciencia misma16. Y concluye aportando su definición de lógica:

La Lógica, pues, es la ciencia de las operaciones intelectuales que sirven para estimación de la prueba, es decir, a la vez del procedimiento general consistente en ir de lo conocido a lo desconocido, y de las demás operaciones del espíritu en cuanto auxiliares de éste.17

La lógica incluye la operación de denominar, de dar nombres, pues el lenguaje es un instrumento de la inteligencia y un medio para comunicar nuestros pensamientos. Incluye también la definición y la clasificación; por cuanto, no tomando en consideración más que nuestra propia inteligencia, el uso de estas operaciones sirve, no solo para fijar en la memoria y poner así a nuestra disposición las pruebas evidentes y las conclusiones que de ellas sacamos, sino también para ordenar los hechos que en cualquier tiempo nos veamos obligados a investigar, de modo que podamos más claramente percibir qué evidencia tienen, y juzgar con menos riesgo de equivocarnos si es o no suficiente18.

Mill afirma que la inducción es el medio de descubrir y probar las verdades generales:

La inducción, por consiguiente, es la operación del espíritu por la cual inferimos que lo que sabemos ser verdadero en uno o varios casos particulares, será verdadero en todos los casos que se parezcan a los primeros bajo ciertas relaciones asignables. En otros términos, la inducción es el procedimiento por el cual concluimos que lo que os verdadero de ciertos individuos de una clase es verdadero de toda la clase, o que lo que es verdadero algunas veces, lo será siempre en circunstancias semejantes.19

La inducción puede ser definida como una generalización de la experiencia. Consiste en inferir de algunos casos particulares en que un fenómeno es observado, qué se encontrará en todos los casos de una determinada clase, es decir, en todos los casos que se parezcan a los primeros en lo que ofrecen de esencial. Hay un principio implicado en el enunciado mismo de lo que es la inducción, un postulado relativo al curso de la Naturaleza y al orden del universo, que es que hay en la Naturaleza casos paralelos, de modo que lo que sucede una vez sucederá también en circunstancias bastante semejantes, y sucederá siempre que las dichas circunstancias se presenten20.

La proposición de que el curso de la Naturaleza es uniforme es el principio fundamental de la inducción21. Ahora bien, el curso de la Naturaleza no es uniforme solamente, es también infinitamente variado22 . La inducción natural conduce a dar el carácter de verdades generales a todas las proposiciones que son verdaderas en todos los casos conocidos, que da lugar al hábito de esperar que lo que se ha encontrado ser verdad una o varias veces y no se ha visto ser falso todavía, será verdad siempre.

Pero aunque todos tengamos una propensión a generalizar según una experiencia constante, no tenemos siempre para ello una garantía suficiente. Para tener derecho a afirmar que una cosa es verdad universalmente, porque no hemos visto jamás ejemplo de lo contrario, sería preciso estar autorizado para creer que si esos ejemplos contrarios existiesen, nosotros los conoceríamos, y esta seguridad, en la mayoría de los casos, no podemos tenerla sino en un grado muy débil o en ningún grado.23

La inducción por simple enumeración puede, en algunos casos notables, equivaler prácticamente a la prueba. No se puede, sin embargo, tener esta seguridad en ninguno de los asuntos ordinarios de la investigación científica. Las nociones populares están habitualmente fundadas en la inducción por simple enumeración, pero en la ciencia esta inducción nos hace adelantar muy poco. Estamos obligados a comenzar con ella, pero para el estudio exacto de la naturaleza, tenemos necesidad de un instrumento más poderoso y más seguro24.

La uniformidad de la naturaleza no es propiamente uniformidad, sino que consiste en uniformidades, y la regularidad general resulta de la coexistencia de las regularidades parciales. El curso de la Naturaleza en general es constante, porque el curso de sus diversos fenómenos lo es. Un hecho tiene lugar invariablemente cuando ciertas circunstancias se presentan, y no tiene lugar cuando no se presentan. Lo mismo sucede con otro hecho, y así con todos25.

La uniformidad de la naturaleza constituye un hecho complejo compuesto de todas las uniformidades separadas de cada fenómeno. Cuando estas diversas uniformidades son comprobadas por una inducción juzgada suficiente, se las llama comúnmente leyes de la naturaleza. Las uniformidades complejas no son sino casos de uniformidades más simples, y están, por consiguiente, virtualmente afirmadas cuando éstas lo son. Las leyes de la naturaleza son son las proposiciones generales menos numerosas de las cuales podrían ser inferidas deductivamente todas las uniformidades de la naturaleza26.

Toda generalización inductiva bien fundada es una ley de la Naturaleza o un resultado de las leyes de la Naturaleza, susceptible, si estas leyes son conocidas, de ser previsto. El problema de la lógica inductiva puede así resumirse en estas dos cuestiones: ¿Cómo comprobar las leyes de la Naturaleza, y cómo, después de haberlas comprobado, seguirlas en sus resultados?27

Mill propone dos métodos para separar del grupo de las circunstancias que preceden o siguen a un fenómeno aquellas otras a las cuales está realmente ligado por una ley inviolable.

El uno consiste en comparar los diferentes casos en los que el fenómeno se presenta; el otro, en comparar los casos en que el fenómeno tiene lugar con casos semejantes bajo otros aspectos, pero en los cuales no se presenta. Se puede llamar a estos dos métodos, el uno método de concordancia; el otro, método de diferencia.28

Del método de concordancia, Mill deduce el primer canon:

Si dos o más fenómenos objeto de la investigación tienen solamente una circunstancia común, la circunstancia en la cual todos los casos concuerdan es la causa (o el efecto) del fenómeno.29

Del método de diferencia extrae el siguiente canon:

Si un caso en el cual el fenómeno se presenta y un caso en que no se presenta tienen todas las circunstancias comunes, fuera de una sola, presentándose ésta solamente en el primer caso, la circunstancia única en la cual difieren los dos casos es el efecto, o la causa, o parte indispensable de la causa, del fenómeno.30

De la aplicación combinada de los dos métodos anteriores surge el método conjunto de concordancia y diferencia, del que se deriva el siguiente canon:

Si dos casos o más en los cuáles se efectúa el fenómeno tienen una sola circunstancia común, mientras que dos casos o más en los cuales no se efectúa no tienen más de común que la ausencia de esta circunstancia, la circunstancia por la cual únicamente difieren los dos grupos de casos es el efecto, o la causa, o una parte necesaria de la causa del fenómeno.31

Mill propone dos métodos complementarios: el método de residuos y el método de las variaciones concomitantes.

En el método de residuos, una vez separado de un fenómeno dado todo lo que en virtud de  indicaciones anteriores puede ser atribuido a causas comunes conocidas, lo que reste será el efecto de los antecedentes que han sido despreciados o cuyo efecto era aún una cantidad desconocida32. El canon resultante es el siguiente:

Separad de un fenómeno la parte que se sabe, por inducciones anteriores, ser el efecto de ciertos antecedentes, y el residuo del fenómeno es el efecto de los antecedentes restantes.33

Para la clase de leyes que no es posible determinar por ninguno de los tres métodos anteriores, que se refieren, dice Mill, a esos agentes naturales indestructibles que es a la vez imposible excluir y  aislar, que no podemos ni impedir que se presenten, ni impedir que se presenten solos, existe el método de observar la relación proporcional entre dos fenómenos que varían a la vez con lo que llama el método de las variaciones concomitantes34. Su canon es el siguiente:

Un fenómeno que varia de cierta manera, siempre que otro fenómeno varía de la misma manera, es, o una causa o un efecto de este fenómeno, o está ligado a él por algún hecho de causación.35

Para Mill el conocimiento científico se apoya en el descubrimiento de leyes causales. No basta con describir fenómenos, hay que identificar los nexos que los producen.

La causa, pues, filosóficamente hablando, es la suma de las condiciones positivas y negativas tomadas juntas, el total de las contingencias de toda naturaleza, que siendo realizadas, hacen que siga el consiguiente de toda necesidad. Las condiciones negativas del fenómeno, cuya enumeración en detalle sería muy larga, pueden resumirse en un solo hecho, a saber: la ausencia de causas preventivas o contrarias36.

Toda inducción es provisional, porque puede ser modificada o corregida por observaciones o experimentos posteriores. Esto llevaba, como recordaremos, a Hume y a los empiristas a un callejón sin salida del que intentó salir Kant, y debilita los fundamentos de la teoría de conocimiento de Mill, que ha hecho que algunos autores consideren que lo que expone Mill no es en sentido estricto una lógica sino una metodología de investigación.

 

___________________________________________________ 

1 John Stuart Mill, Autobiografía. El libro de bolsillo. Filosofía. Alianza Editorial 2008.

2 John Stuart Mill, Sobre la libertad. El utilitarismo. Colección Historia del pensamiento núm. 57. Ediciones Orbis. Barcelona 1984.

3 id.

4 John Stuart Mill, Principios de economía política. Fondo de Cultura Económica. México 1943.

5 John Stuart Mill, Tres ensayos sobre la religión. Editorial Trotta. Madrid 2014.

6 John Stuart Mill, Un sistema de lógica inductiva. Daniel Jorro editor. Madrid 1917.

7 id., pág. 9.

8 id., pág. 10.

9 id., pág. 11.

10 id., págs. 13.

11 id., págs. 14.

12 id., pág. 15.

13 id., pág. 16.

14 id.

15 id., págs. 17.

16 id.

17 id., pág. 19.

18 id.

19 id., pág. 292.

20 id., pág. 306.

21 id., pág. 308.

22 id., pág. 310.

23 id., pág. 311.

24 id.

25 id., pág. 315.

26 id., pág. 316.

27 id., pág. 317.

28 id., pág. 366.

29 id., pág. 369.

30 id., pág. 370.

31 id., pág. 376.

32 id., pág. 377.

33 id., pág. 378.

34 id.

35 id., pág. 379.

36 id., pág. 332.

23/08/2025

Ludwig Feuerbach. El humanismo materialista.

 

Ludwig Feuerbach (1804-1872) es el introductor del materialismo histórico y del antropocentrismo en su época y promueve una filosofía de la inmanencia. Ejerció una gran influencia sobre Marx, que escribió su Tesis sobre Feuerbach1, sobre Engels, que también escribió Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana2, y también sobre Bakunin. Bávaro, fue hijo del criminalista Paul Johann Anselm von Feuerbach, promotor del principio de legalidad penal. 

Cursó estudios de teología, que abandonó pronto, y fue discípulo de Hegel, aunque después fue muy crítico con su doctrina.

Fue profesor de filosofía en Erlangen entre 1829 y 1832, pero su carrera académica se vio interrumpida tras la publicación en 1830 de su obra Pensamientos sobre la muerte y la inmortalidad 3que causó un gran escándalo porque en ella descarta la inmortalidad personal y la sitúa en la especie humana y en la naturaleza.

Su obra principal es La esencia del cristianismo4, donde afirma que la religión es la proyección de la esencia humana, reduce la teología y la religión a la antropología y define el concepto de alienación aplicada a la religión porque con ella, dice Feuerbach, el hombre enajena sus propiedades esenciales y se las atribuye a un ser externo.

La teoría del conocimiento de Feuerbach está expuesta en sus Tesis provisionales para la reforma de la filosofía5 y en su continuación y desarrollo Principios de la filosofía del futuro6, que se centra en el ser humano real y sensible y se aparta de la abstracción idealista de la filosofía hegeliana.

La tesis básica es que el conocimiento no se alcanza a través de la pura razón o la especulación, sino a través de la experiencia sensible y su relación con el mundo material.

Lo real en su realidad o en tanto que realidad es lo real en tanto que objeto de los sentidos, es lo sensible. Verdad, realidad, sensibilidad, son idénticos. Solo un ser sensible es un ser verdadero, un ser real. Solo a través de los sentidos se da un objeto (Gegenstand) en el verdadero sentido -no se da a través del pensar para sí- El objeto dado al pensar u objeto idéntico no es más que pensamiento.7

A partir de esta afirmación, Feuerbach desarrolla lo que él llama una nueva filosofía o filosofía del futuro, que es una filosofía humanista y materialista basada en el ser real y no en las abstracciones y que se propone en sustitución de la filosofía idealista y especulativa.

La nueva filosofía contempla y considera el ser tal como es para nosotros no solo como pensante, sino como ser realmente existente (…). El ser en tanto que objeto (Gegenstand) del ser -y solamente este ser es ser, y solo él merece el nombre de ser- es el ser de los sentidos, de la intuición, del sentimiento, del amor.8

Feuerbach considera que lo individual solo tiene valor absoluto en el sentimiento y en el amor.

El amor es pasión, y solo la pasión es el signo distintivo de la existencia.9

La nueva filosofía reposa en la verdad del amor y del sentimiento.

(…) la nueva filosofía no es sino la esencia del sentimiento elevada a la conciencia: ella solo afirma en y a través de la razón lo que todo hombre -el hombre real- reconoce en el corazón. Ella es el corazón transportado al entendimiento.10

Por eso, el corazón no quiere objetos ni seres abstractos ni metafísicos, quiere objetos y seres reales y sensibles.

Si la vieja filosofía decía: lo que no es pensado, no es: la nueva filosofía, por el contrario, dice: lo que no es amado ni puede ser amado, no es.11

El amor pasa a ser el criterio de la verdad y de la realidad.

Donde no hay amor, no hay tampoco verdad. Y solo es algo lo que algo ama; no ser y no amar son idénticos. Cuanto más uno es, más ama, y a la inversa.12

El punto de partida de la nueva filosofía es la proposición yo soy un ser real, un ser sensible; más aún, incluso el cuerpo en su totalidad es mi Yo, es mi ser mismo, en oposición a la vieja filosofía cuyo punto de partida era yo soy un ser abstracto, un ser únicamente pensante, el cuerpo no pertenece a mi ser.13

Por eso solo es verdadero lo que no necesita de ninguna prueba, lo que es cierto inmediatamente por sí mismo, lo que suscita inmediatamente la afirmación de que es claro como la luz del sol.

Pero solo es claro como la luz del sol lo sensible; únicamente allí donde comienza la sensibilidad se acaba toda duda y todo litigio. El misterio del saber inmediato es la sensibilidad.14

Los sentidos, dice Feuerbach, son el órgano de lo absoluto, de modo que el arte, cuyo objeto es el objeto de la vista, del oído, del sentimiento..., presenta la verdad en lo sensible y de lo sensible15. Pero no solo las cosas exteriores constituyen el objeto de los sentidos, porque el hombre es objeto para sí mismo en tanto que objeto de los sentidos.

No solo sentimos las piedras y la madera, no solo la carne y el hueso: también sentimos sentimientos al estrechar la mano o al rozar los labios de un ser sensitivo; por nuestros oídos no solo percibimos el murmullo del agua y el susurro de las hojas, sino también la voz espiritual del amor y la sabiduría; no solo vemos superficies especulares y espectros de colores, sino que también miramos la mirada del hombre.16

El ser y la apariencia no pertenecen a dos mundos separados, un mundo suprasensible al que pertenece el ser y un mundo sensible al que pertenece la apariencia, porque ambos están en la sensibilidad. No hay que rebasar la sensibilidad para llegar al límite de lo solamente sensible, solo es preciso no separar el entendimiento de los sentidos para hallar lo suprasensible, es decir, el espíritu y la razón, en lo sensible17.

Puesto que lo sensible no es lo inmediato, lo profano, lo que carece de pensamiento, lo que es evidente por sí mismo, dado que la primera intuición del hombre lo es de la representación y de la fantasía, la tarea de la filosofía y de la ciencia es poner a la vista lo que para el ojo común no es visible, sin apartarse de lo sensible y sin transformar los objetos en pensamientos y representaciones18.

La nueva filosofía tiene como principio epistemológico, no el yo, no la razón por sí sola, sino el ser real y total del hombre, porque la realidad, el sujeto de la razón, es solo el hombre. Se funda en la razón, pero en una razón cuya esencia es la esencia humana.

De ahí que donde la vieja filosofía decía: solo lo racional es lo verdadero y real, la nueva filosofía diga, por el contrario: solo lo humano es lo verdadero y lo real; porque solo lo humano es lo racional: el hombre es la medida de la razón.19

El hombre es entonces el fundamento de la unidad del pensar y el ser, y de esta afirmación deriva Feuerbach el siguiente imperativo categórico:

No quieras ser filósofo a diferencia de ser hombre; no seas otra cosa que un hombre pensante; no pienses como pensador, es decir, como una facultad desgarrada de la totalidad de la esencia real del hombre y aislada para sí misma; piensa como ser vivo y real (…) y no pienses en el vacío de la abstracción (…) y entonces podrás asegurarte de que tus pensamientos son unidades de ser y pensar (…).20

La crítica de Marx a Feuerbach21 se centra en atribuir carácter contemplativo al materialismo que describe, diciendo que este

apela a la contemplación sensorial; pero no concibe la sensoriedad como una actividad práctica, como actividad sensorial humana.22

Marx considera que la vida social es esencialmente práctica, de modo que todos los misterios encuentran su solución racional en la práctica humana y en la comprensión de esa práctica23, por lo que afirma, en relación a Feuerbach, que

A lo que más llega el materialismo contemplativo, es decir, el materialismo que no concibe la sensoriedad como actividad práctica, es a contemplar a los distintos individuos dentro de la “sociedad civil”.24

Ello le da pie para enunciar una de sus más famosas tesis de que el pensamiento debe venir acompañado de la acción, que la filosofía no debe quedarse en la mera contemplación teórica sino que ha de comprometerse para cambiar la realidad. Que es una llamada a la praxis revolucionaria.

Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.25

 

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1 Carlos Marx y Federico Engels: Tesis sobre Feuerbach y otros escritos filosóficos, págs. 14-17.

2 id., págs. 19-88.

3 Ludwig Feuerbach: Pensamientos sobre la muerte y la inmortalidad. El Libro de Bolsillo Alianza. Sección Filosofía. Vol.164. Alianza Editorial 1993.

4 Ludwig Feuerbach: La esencia del cristianismo. Biblioteca libre. OMEGALFA 2018.

5 Ludwig Feuerbach: Tesis provisionales para la reforma de la filosofía. Ediciones Orbis SA. Barcelona 1984.

6 Ludwig Feuerbach: Principios de la filosofía del futuro. Ediciones Orbis SA. Barcelona 1984.

7 Principios..., op. cit., págs 100-101.

8 id., pág. 102.

9 id.

10 id., pág. 103.

11 id., pág. 104.

12 id.

13 id.

14 id., pág. 105.

15 id., pág. 107.

16 id., pág. 108.

17 id., págs. 109-110.

18 id., pág. 110.

19 id., pág. 118.

20 id.

21 Que se resume en sus Tesis..., op. cit.

22 Tesis V.

23 Tesis VIII.

24 Tesis IX.

25 Tesis XI.

26/07/2025

Auguste Comte. El espíritu positivo. Los tres estadios de la historia.

 

 

A Auguste Comte (1788-1857) se le considera precursor de la sociología como ciencia, aunque para algunos es su creador, y también fundador del positivismo como corriente filosófica que afirma que el conocimiento válido solo proviene de la experiencia observable y verificable a través del método científico, y rechaza la especulación metafísica y la teología como fuentes de conocimiento. En realidad, el positivismo no busca la verdad sino leyes generales que expliquen lo observado.

Comte nació en Montpellier (Francia) en una familia católica y monárquica, aunque a los catorce años se declaró republicano y librepensador. Tuvo mala salud y un cuerpo desproporcionado que probablemente indujeron su tendencia al aislamiento y también a adquirir una gran fuerza de voluntad. Inició los estudios de ingeniería en la escuela Politécnica de París en 1814, pero fue expulsado de ella en 1816 por indisciplina y republicanismo. Poco después conoció al socialista utópico Saint Simon y entró a su servicio como secretario personal, lo que le permitió publicar numerosos artículos en revistas que aquel editaba, aunque más adelante rompió con él. Su actividad principal pasó a ser la impartición de clases particulares, y comenzó en su casa un curso de filosofía positiva en 72 sesiones que se interrumpió después de la tercera por un ataque de enajenación mental. Recogió sus lecciones en los seis volúmenes de su Curso de filosofía positiva1 que redactó durante doce años (1830-1842) con un gran ritmo de trabajo que hizo peligrar su salud física y mental. Ocupó temporalmente una cátedra de matemáticas en París, donde murió de ictericia.

La obra más relevante de Comte desde el punto de vista filosófico es el Curso de filosofía positiva, que escribió sin intención de publicarla, solo para que le sirviera de guion para sus clases. En ella se plantea el desarrollo científico de las seis ciencias fundamentales, que son:

  1. Matemáticas

  2. Física celeste o astronomía

  3. Física terrestre o física mecánica

  4. Química o física química

  5. Física orgánica o fisiología

  6. Física social o sociología

De lo resultados de la sociología positiva Comte propone la reorganización de la sociedad de una manera científica.

En la lección primera del Curso de filosofía positiva Compte expone la ley de los tres estados, que es la que rige a su juicio la evolución de la humanidad. Según este planteamiento, tanto el individuo como la especie humana han pasado por tres fases o estadios diferentes en función de su manera de explicar la realidad. 

Comte no  propuso la ley de los tres estados como una tesis filosófica propia, sino como el resultado natural al que tiende la historia del espíritu humano, que llega a su madurez después de pasar por dos etapas anteriores. Aunque planteada por primera vez en el Curso de filosofía positiva, Comte vuelve sobre ella en su Discurso sobre el espíritu positivo2, que aparece como introducción a su Tratado filosófico de astronomía popular (1844), que es una síntesis completa del pensamiento filosófico de Comte y en la que enuncia la ley de la evolución intelectual de la humanidad o ley de los tres estados.

Comte observa que, de acuerdo con esta ley, tanto las especulaciones en el individuo como en la especie están sujetas inevitablemente a pasar sucesivamente por tres estados teóricos distintos, que son el estado teológico, el estado metafísico y el estado positivo.

(...) el primer estado debe considerarse siempre, desde ahora, como provisional y preparatorio; el segundo, que no constituye en realidad más que una modificación disolvente de aquél, no supone nunca más que un simple destino transitorio, a fin de conducir gradualmente al tercero; en éste, el único plenamente normal, es en el que consiste, en todos los géneros, el régimen definitivo de la razón humana.3

En el estado teológico o ficticio, los fenómenos naturales se explican por intervenciones sobrenaturales, por causas extrínsecas a la naturaleza que se reconducen a explicaciones antropomórficas. Se caracteriza por la búsqueda de las causas últimas.

En su primer despliegue, necesariamente teológico, todas nuestras especulaciones muestran espontáneamente una predilección característica por las cuestiones más insolubles, por los temas más radicalmente inaccesibles a toda investigación decisiva. Por un contraste que, en nuestros días, debe parecer al pronto inexplicable, pero que, en el fondo, está en plena armonía con la verdadera situación inicial de nuestra inteligencia, en una época en que el espíritu humano está aún por bajo de los problemas científicos más sencillos, busca ávidamente, y de un modo casi exclusivo, el origen de todas las cosas, las causas esenciales, sea primeras, sea finales, de los diversos fenómenos que le extrañan, y su modo fundamental de producción; en una palabra, los conocimientos absolutos.4

Esta etapa tiene tres fases en función de las soluciones que ofrece a los problemas planteados:

1. El fetichismo: en esta fase se atribuye a todos los objetos una vida superior, esencialmente análoga a la nuestra, pero más enérgica casi siempre. La adoración de los astros caracteriza el grado más alto de esta primera fase teológica.5

2. El politeísmo: en esta fase predomina la imaginación sobre el instinto y el sentimiento, y se retira la vida de los objetos materiales para ser misteriosamente transportada a diversos seres ficticios, habitualmente invisibles, cuya activa y continua intervención se convierte desde ahora en la fuente directa de todos los fenómenos exteriores e incluso, más tarde, de los fenómenos humanos.6

3. El monoteísmo: en esta fase se simplifican las respuestas pensando que todos los fenómenos están sujetos a lesyes invariables, con lo que decae la filosofía precedente basada en la imaginación.7

Comte considera que aunque nos pueda parecer ahora la fase teológica una imperfecta manera de filosofar, tuvo que ser durante largo tiempo tan indispensable como inevitable, porque incluso hoy existe la tendencia involuntaria a las explicaciones esencialmente teológicas, en cuanto queremos penetrar directamente el misterio inaccesible del modo fundamental de producción de cualesquiera fenómenos, y sobre todo respecto a aquellos cuyas leyes reales todavía ignoramos8.

En el siguiente estado, el estado metafísico o abstracto, las fuerzas naturales son sustituidas por esencias y fuerzas inmanentes a la naturaleza pero aún ocultas y misteriosas confiadas al pensamiento abstracto. Para Comte se trata de una fase intermedia y transitoria entre la infancia y la virilidad, para preparar el salto cualitativo entre una y otra.

Por sumarias que aquí tuvieran que ser estas explicaciones generales sobre la naturaleza provisional y el destino preparatorio de la única filosofía que realmente conviniera a la infancia de la Humanidad, hacen sentir fácilmente que este régimen inicial difiere demasiado hondamente, en todos aspectos, del que vamos a ver corresponder a la virilidad mental, para que el paso gradual de uno a otro pudiera operarse gradualmente, bien en el individuo o bien en la especie, sin el creciente auxilio de una como filosofía intermedia, esencialmente limitada a este menester transitorio.9

En esta fase se introduce el razonamiento y la especulación.

Las especulaciones en ella dominantes han conservado el mismo esencial carácter de tendencia habitual a los conocimientos absolutos: sólo la solución ha sufrido aquí una transformación notable, propia para facilitar el mejor despliegue de las concepciones positivas. Como la teología, en efecto, la metafísica intenta sobre todo explicar la íntima naturaleza de los seres, el origen y el destino de todas las cosas, el modo esencial de producirse todos los fenómenos; pero en lugar de emplear para ello los agentes sobrenaturales propiamente dichos, los reemplaza, cada vez más, por aquellas entidades o abstracciones personificadas, cuyo uso, en verdad característico, ha permitido a menudo designarla con el nombre de ontología.10

No predomina la imaginación pero tampoco se manifiesta una verdadera observación, pues se tiende a saberes absolutos y la naturaleza de los seres se explica por medio de abstracciones.

Ya no es entonces la pura imaginación la que domina, y todavía no es la verdadera observación: pero el razonamiento adquiere aquí mucha extensión y se prepara confusamente al ejercicio verdaderamente científico. Se debe hacer notar, por otra parte, que su parte especulativa se encuentra primero muy exagerada, a causa de aquella pertinaz tendencia a argumentar en vez de observar que, en todos los géneros, caracteriza habitualmente al espíritu metafísico, incluso en sus órganos más eminentes.11

La utilización como método del razonamiento lleva de las entidades generales a una sola entidad general, al modo del monoteísmo, que fundamenta todas las demás y es la naturaleza.

Un orden de concepciones tan flexible, que no supone en forma alguna la consistencia propia, durante tanto tiempo, del sistema teológico, debe llegar, por otra parte mucho más rápidamente, a la correspondiente unidad, por la subordinación gradual de las diversas entidades particulares a una sola entidad general, la Naturaleza, destinada a determinar el débil equivalente metafísico de la vaga conexión universal que resultaba del monoteísmo.12

La etapa metafísica, nos dice Comte, no es susceptible más que de una mera actividad crítica o disolvente, sin poder organizar nunca nada que le sea propio. Conserva todos los fundamentos principales del sistema teológico, pero quitándoles cada vez más aquel vigor y fijeza indispensables a su autoridad efectiva; y esta es su principal utilidad pasajera, porque la metafísica no es más que una especie de teología gradualmente enervada por simplificaciones disolventes, con una aptitud provisional para mantener un cierto e indispensable ejercicio de generalización, pero que impiden el despliegue especial de las concepciones positivas,

por fin, recibir mejor alimento.

Según su carácter contradictorio, el régimen metafísico u ontológico está siempre situado en la inevitable alternativa de tender a una vana restauración del estado teológico, para satisfacer las condiciones de orden, o bien llegar a una situación puramente negativa, a fin de escapar al opresivo imperio de la teología. Esta oscilación necesaria, que ahora no se observa más que frente a las más difíciles teorías, ha existido igualmente en otro tiempo, a propósito de las más sencillas, mientras ha durado su edad metafísica, en virtud de la impotencia orgánica que pertenece siempre a tal manera de filosofar.13

La etapa positiva o real sustituye las hipótesis metafísicas por una investigación de los fenómenos limitada a la enunciación de sus relaciones. En ella se renuncia a todo lo trascendente y se centra en la averiguación y comprobación de las leyes que da la experiencia. Se abandonan las causas y se investigan y establecen leyes.

El estado positivo o real presenta cuatro características:

1. El carácter principal es la ley, o subordinación constante de la imaginación a la observación. Nos dice Comte que las explicaciones vagas y arbitrarias propias de la filosofía inicial, en sus fases teológica y metafísica, han provocado la renuncia del espíritu humano a las investigaciones absolutas, que no convenían más que a su infancia, y se esfuerza en la verdadera observación, única base posible de los conocimientos accesibles en verdad.

(La lógica especulativa) Desde ahora reconoce, como regla fundamental, que toda proposición que no puede reducirse estrictamente al mero enunciado de un hecho, particular o general, no puede ofrecer ningún sentido real e inteligible. Los principios mismos que emplea no son ya más que verdaderos hechos, sólo que más generales y más abstractos que aquellos cuyo vínculo deben formar.14

Desaparece aquí la supremacía mental de la imaginación, que queda subordinada a la observación.

la revolución fundamental que caracteriza a la virilidad de nuestra inteligencia consiste esencialmente en sustituir en todo, a la inaccesible determinación de las causas propiamente dichas, la mera investigación de las leyes, es decir, de las relaciones constantes que existen entre los fenómenos observados.15

2. Naturaleza relativa del espíritu positivo. El conocimiento y la filosofía en la etapa positiva es siempre relativa a una situación y organización.

si nuestras concepciones, cualesquiera que sean, deben considerarse ellas mismas como otros tantos fenómenos humanos, tales fenómenos no son simplemente individuales, sino también, y sobre todo, sociales, puesto que resultan, en efecto, de una evolución colectiva y continua, todos cuyos elementos y todas cuyas fases están en una esencial conexión. Así, pues, si en el primer aspecto se reconoce que nuestras especulaciones deben depender siempre de las diversas condiciones esenciales de nuestra existencia individual, es menester admitir igualmente, en el segundo, que no están menos subordinadas al conjunto del progreso social, de modo que no pueden tener nunca la fijeza absoluta que los metafísicos han supuesto.16

Es decir, nuestros conocimiento son relativos, porque son válidos en un determinado momento y en una determinada situación. La ciencia avanza.

3. Destino de las leyes positivas: previsión racional. Hay que dar una finalidad a nuestros conocimientos, que es la previsión racional, es decir, ver para prever.

Una previsión tal, consecuencia necesaria de las relaciones constantes descubiertas entre los fenómenos, no permitirá nunca confundir la ciencia real con esa vana erudición que acumula hechos maquinalmente sin aspirar a deducirlos unos de otros. (...) pues la exploración directa de los fenómenos realizados no podría bastar para permitirnos modificar su cumplimiento, si no nos condujera a preverlos convenientemente. Así, el verdadero espíritu positivo consiste, ante todo, en ver para prever, en estudiar lo que es, a fin de concluir de ello lo que será, según el dogma general de la invariabilidad de las leyes naturales.17

4. Extensión universal del dogma fundamental de la invariabilidad de las leyes generales. La actitud que se ha expuesto no seria posible si no se concibieran las leyes naturales como invariables.

El principio de la invariabilidad de las leyes naturales no empieza realmente a adquirir alguna consistencia filosófica sino cuando los primeros trabajos verdaderamente científicos han podido manifestar su esencial exactitud frente a un orden entero de grandes fenómenos (..). Según esta introducción sistemática, este dogma fundamental ha tendido, sin duda, a extenderse, por analogía, a fenómenos más complicados, incluso antes de que sus leyes propias pudieran conocerse en modo alguno.18

Comte explica a continuación qué entiende por positivo. Considera que es una manera especial de filosofar, que consiste en considerar que las teorías tienen por objetivo la coordinación de os hechos observados, y añade que el término positivo tiene cinco sentidos:

1. Positivo designa lo real, que la filosofía positiva solo debe dedicarse a lo verdaderamente asequible y abandonar la búsqueda de significados ocultos.

2. Positivo es útil porque la nueva filosofía contribuye a la mejora del individuo y de la sociedad, no es una mera especulación intelectual.

3. Positivo es certeza, porque el método empleado evita la indefinición que era el resultado de la especulación como única forma de comprobación de los conocimientos.

4. Positivo es preciso, porque la verdadera filosofía ha de alcanzar una precisión que supere las

Considerada en primer lugar en su acepción más antigua y más común, la palabra positivo designa lo real, por oposición a lo quimérico: en este aspecto, conviene plenamente al nuevo espíritu filosófico, caracterizado así por consagrarse constantemente a las investigaciones verdaderamente asequibles a nuestra inteligencia, con exclusión permanente de los impenetrables misterios con que se ocupaba sobre todo su infancia. En un segundo sentido, muy próximo al precedente, pero distinto, sin embargo, este término fundamental indica el contraste de lo útil y lo inútil: entonces recuerda, en filosofía, el destino necesario de todas nuestras sanas especulaciones para el mejoramiento continuo de nuestra verdadera condición, individual y colectiva, en lugar de la vana satisfacción de una estéril curiosidad. Según una tercera significación usual, se emplea con frecuencia esta feliz expresión para calificar la oposición entre la certeza y la indecisión: indica así la aptitud característica de tal filosofía para constituir espontáneamente la armonía lógica en el individuo y la comunión espiritual en la especie entera, en lugar de aquellas dudas indefinidas y de aquellas discusiones in-terminables que había de suscitar el antiguo régimen mental. Una cuarta acepción ordinaria, confundida con demasiada frecuencia con la precedente, consiste en oponer lo preciso a lo vago: este sentido recuerda la tendencia constante del verdadero espíritu filosófico aobtener en todo el grado de precisión compatible con la naturaleza de los fenómenos y conforme con la exigencia de nuestras verdaderas necesidades; mientras que la antigua manera de filosofar conducía necesariamente a opiniones vagas, ya que no llevaba consigo una indispensable disciplina más que por una constricción permanente, apoyada en una autoridad sobrenatural.19

5. Positivo es organización, o capacidad de organizar. Se trata de analizar el pasado no para criticarlo sino para construir.

En este aspecto, indica una de las más eminentes propiedades de la verdadera filosofía moderna, mostrándola destinada sobre todo, por su naturaleza, no a destruir, sino a organizar. (...) La sana filosofía rechaza radicalmente, es cierto, todas las cuestiones necesariamente insolubles: pero, al justificar por qué las desecha, evita el negar nada respecto a ellas, lo que sería contradictorio con aquel desuso sistemático, por el cual solamente deben extinguirse todas las opiniones verdaderamente indiscutibles.20

Concluimos destacando que este espíritu filosófico es una tendencia a sustituir lo absoluto por lo relativo, con un método que permite apreciar el valor de las teorías opuestas.

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1 Auguste Comte: Curso de filosofia positiva. Lecciones 1 y 2. Ediciones Orbis, SA. 1984.

2 Auguste Comte: Discurso sobre el espíritu positivo. Fundación Carlos Slim. Ciudad de México. México.

3 id., pág. 4.

4 id., pág. 5.

5 id.

6 id., págs. 5-6.

7 id., pág. 6.

8 id.

9 id., pág. 9.

10 id.

11 id., págs. 9-10.

12 id., pág. 10.

13 id.

14 id., pág. 12.

15 id.

16 id., págs. 13-14.

17 id., pág. 15.

18 id., págs. 15-16.

19 id., págs. 31-32.

20 id., pág. 3

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